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Los Mekhitaristas, en su apostolado por la difusión de la educación y la cultura

Tres siglos armenios en San Lázaro

En 1953, el primado apostólico armenio de Sudamérica, Karekín de Trapizonda, afirmó que “La historia de la civilización de cualquier pueblo no puede estar completa sin un estudio cabal de todos los valores culturales de dicha nación” agregando que “Es un hecho histórico, autenticado por las evidencias, que la nación armenia, al igual que otras naciones, ha creado una civilización propia, sui generis”.

Mekhitar 1La nación armenia, a pesar de carecer durante muchos siglos de un estado soberano y de otras circunstancias adversas, fue también promotora y testigo de un movimiento general, de evolución gradual, orientado hacia su despertar. Surgió entre los Siglos XVII y XVII en Asia, y se proyectó también hacia Europa. Entre imperios opresores, el escenario general de esa innovación esperanzadora, apareció la Congregación Religiosa-Educativa fundada por el Abad Mekhitar de Sepastia (foto), que logró su establecimiento definitivo en el ámbito propicio del Ducado de Venecia, una pequeña gran potencia mediterránea europea que podía defenderse de las incesantes agresiones del Imperio Otomano, como otros lo habían logrado antes, por ejemplo, en la triunfante batalla naval de Lepanto.

El firme apostolado del Abad Mekhitar

Nacido el 16 de febrero de 1676 en Sepastia (notable centro cultural de Armenia Occidental), el padre Mekhitar logró fundar y desarrollar una orden religiosa y educativa armenia, reconocida por el Vaticano, destinada a cumplir un gran rol transformador por la afirmación y desarrollo de la fe cristiana y la cultura genuina en varios continentes.

Mekhitar 3La Congregación Mekhitarista había sido reconocida por el Papa en 1712, pero la guerra entre Turquía y Venecia en 1715,  la obligaron a radicarla definitivamente en 1717, hace ya trescientos años, en la pequeña isla San Lázaro, del litoral veneciano (foto izq.).

El abad Mekhitar pudo finalmente afincarse allí con sus seguidores para trabajar en paz, basado en sus principios, para poder actuar en libertad y armonía con todas las culturas.

Los propósitos iniciales de los Mekhitaristas

Los diversos biógrafos de la historia de la Congregación afirman que se reconocen en Mekhitar tres propósitos claves para organizar su Congregación: religioso, educativo y literario. Otro autor amplía explicando que Mekhitar proponía “poner a la Nación Armenia en contacto con Europa, pero sin extinguir el espíritu nacional, amar a su nación, y precisamente por ese motivo, tomar de las ciencias y la ilustración europea, aquello que no resultara opuesto e injurioso al espíritu de la nación…

Para obtener este propósito y promover la educación entre los armenios, prestó atención a dos cosas: el apostolado y la erudición. No quiso separar la mente del alma, porque lo guiaba el pensamiento constante de que era necesario tener dos alas para volar y ascender a grandes alturas”.

 

La disciplina de Mekhitar

Llaman la atención varios de los principios que aplicó el fundador,  hayan subsistido hayan subsistido; varios también se transformaron, y otras ideas evolucionaron.

“El Padre Mateo y el Arzobispo Akontz -segundo sucesor de los Mekhitaristas-, relatan lo que los estudiantes de filosofía habían construido, con su permiso, inteligencia y belleza. Estaba el ecuador, el meridiano, los doce signos del zodíaco, los círculos Ártico y Antártico, las constelaciones, los solsticios y otros accesorios, y en el centro, la Tierra: todo eso se ponía en movimiento alrededor del Sol, mediante un ingenio mecánico. El Abad Mekhitar se mostró muy agradado con ello, y alabó el progreso y las habilidades que habían hecho, pero después llamó a su celda al encargado de los novicios, que al expresarle su satisfacción por aquel mecanismo, agregó que le agradaría más aún si, mortificando su placer, consignaran toda la construcción al fuego. Cuán grande fue su alegría al oír, pocos minutos después, que apenas los jóvenes estudiantes habían escuchado el deseo de su abate, lo habían obedecido alegremente. Entonces, el Siervo de Dios volvió a ellos, y les dijo del gozo de su corazón ante tanta abnegación, practicada tan espontáneamente. Alabó la obediencia de ellos, los bendijo, y se volvió feliz a su celda”.

Contribución literaria de Mekhitar y los mekhitaristas

Otras fuentes relatan que a fin de alcanzar su gran propósito educativo, el abad Mekhitar primero se dedicó a la tarea de escribir una gramática del armenio clásico, que fue publicada en 1730. Sus discípulos y las generaciones sucesivas de mekhitaristas consagraron sus mejores energías a la purificación del armenio clásico. Escribió también un diccionario armenio, herramienta necesaria para los estudios lingüísticos. También escribió un libro conteniendo elementos de aritmética, geometría, astronomía, contabilidad, música y metafísica, aunque no fue publicado. Estaba destinado a servir de libro de texto. También escribió un libro de filosofía, en su mayor parte traducción de una obra de Aristóteles. No fue publicado, pero fue utilizado como libro de texto. Asimismo, preparó una retórica, que tampoco se publicó.

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Ingresando al Siglo XIX

El período más productivo de la actividad mekhitarista ha sido descripto con exactitud por Maghakia Ormanian, él mismo, un erudito profundo y ex profesor del monasterio armenio de Armash y Patriarca Apostólico de Constantinopla.

Hablando de esa época (1800) del abad general Akontz, que sirvió como tal durante veinte años, se dice que: “Los mekhitaristas pueden sentirse orgullosos de actividad productora, y la nación armenia recuerda su nombre con alabanzas por sus trabajos, por su influencia, por su dirección  de los asuntos por su orientación y por su estímulo de la literatura armenia. Durante el período en que fue el director educativo y abad, tuvo los siguientes discípulos: Hovhannés Zohrabian, Lucas Indjidjian, Mgrdich Aucherian, Ignacio Papazian, Manuel Chakhchakhian… y también Mesrob Aghachiraghian, Harutiún Aucherian, Minás Phudjishgian, Arsén Pagratuní, Eprem Setian, Kevork Hurmuzian, Pedro Bedrossian, Minassian, archimandritas que forman un grupo joven y todos los cuales son famosos en el mundo literario.”

Los pasos de Lord Byron, en San Lázaro

Luis Pancorbo, escritor europeo, reconoció públicamente que el gran corso Napoleón, y aparente heredero de la revolución francesa,  no era especialmente reverente con iglesias y conventos. Pero, al apoderarse de la ciudad de Venecia respetó la cultura local y evitó la destrucción de la Isla de San Lázaro.

Mekhitar 5 ByronPor eso el poeta Lord Byron (foto) pudo encontrar en Venecia un convento armenio de Congregación Mekhitarista, junto a una biblioteca muy especial, y un amigo en el monje Harutiún Avgerian.

En el siglo XVI se había instado allí un leprosario, o lazareto. Más tarde fue fábrica de armas y manicomio hasta que en 1717 el Abad Mekhitar obtuvo la concesión de la isla a perpetuidad.

A la memoria de Lord Byron, como “amigo devoto de Armenia”, le fue dedicada una placa (foto derecha) con sus amores intelectuales. También tuvo otros y carnales en los palacios del Gran Canal. Le atraía la paz que insOLYMPUS DIGITAL CAMERApiraba la isla de San Lázaro. Algunas mañanas de 1816 y 1817 falló Byron en su viaje al curso Mekhitarista donde estudiaba armenio.

Los monjes no querían que pernoctase en la isla, pero Byron progresó tanto que llegó a hacer traducciones del armenio al inglés de dos epístolas de San Pablo a los Corintios. Y redactó también una gramática inglesa-armenia, siempre con la ayuda de su profesor, el paciente monje Avgerian.

El mismo Lord Byron asistió allí durante los años 1816 y 1817 para estudiar armenio, y ayudó en la preparación del programa de gramática armenio-inglesa. Byron dijo con sus propias palabras: “La riqueza del lenguaje armenio recompensa ampliamente el esfuerzo que implica su aprendizaje”.

Ampliaciones en la Posguerra

En 1947 se realizó la última ampliación de San Lázaro por el procedimiento de rellenar el mar con tierra. Hoy viven en la isla cerca de quince monjes y tres seminaristas armenios y su mayor trabajo radica en cuidar la fabulosa biblioteca del convento. Tienen 8.000 libros en librerías acristaladas, con un total de 170.000 volúmenes. El 65 por ciento de la parte edificada de esta isla se encuentra dedicada a los libros. Cuentan con unos 5.000 manuscritos. La vida de Alejandro Magno, del siglo XIII, consta de 315 miniaturas, un verdadero gozo del tiempo sin cine.

En la Sala del Tesoro, o Sala Byron, se enseñorea el célebre retrato del escritor de perfil aguileño. Entre otras piezas sorprendentes, hay un sarcófago egipcio del siglo XV antes de Cristo y una momia de cara ennegrecida, con un fabuloso sudario de cuentas de vidrio que forman dibujos de Anubis y otros dioses.

Esto y mucho más requieren conocer el horario de los escasos servicios diarios del exclusivo vaporetto que lleva y trae hasta la excepcional Plaza de San Marcos.

La sede de los Mekhitaristas, en Buenos Aires

Mekhitar-El Abad había enviaba a principios de los años de 1950 a sus sacerdotes, que debían tener atributos bien definidos para lograr el objetivo decidido para la comunidad armenia en Buenos Aires.

Sintetizando; una personalidad carismática, capaz de conquistar el corazón de una comunidad; voluntad de hierro, capaz de allanar cualquier obstáculo, y una laboriosidad muy superior a la media.

Su misión era insertarse en una comunidad con cultura y costumbres muy diferentes a las propias, generar los recursos para la compra de un inmueble destinado a un instituto educacional e iniciar su funcionamiento.

Con este mismo espíritu, el reverendo padre Esteban Ferahian triunfalmente, con el apoyo de generosos benefactores logró fundar en 1956 el Colegio Mekhitarista de Buenos Aires, en el corazón del barrio de Belgrano. El resto de la historia en Argentina es parte de la vida contemporánea de la comunidad argentino-armenia.

Recopiló Carlos Luis Hassassian

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