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Makruhí Eulmesekian: “A través del coro, la vida para mí ha sido entrega”

Directora del Coro Gomidas

Makruhi-IIIDe un grupo de aficionados hizo un coro de nivel, capaz de presentar la Opera Anush ante un Teatro Astral lleno. La directora del Coro Gomidás desde hace más de cuarenta años habla sobre una vida entregada a su vocación, y no se arrepiente.

Hija de un periodista y militante del Partido Social Demócrata (Henchakian) armenio, quiso estudiar derecho para poder ejercer en la arena política. Ella quería trabajar para quienes menos tenían, pero se dio cuenta que no era por el lado de la teoría y luego de dos años abandonó la carrera. Amaba la música, sobre todo el piano que lo estudió desde pequeña en forma particular y, luego, en el Conservatorio Nacional donde se recibió de pianista y Profesora Nacional de Cultura Musical. A partir de ahí el contacto con los otros fue a través de la música, una herramienta poderosa, también, para ayudar, tal como ella deseaba. Así, Makruhí Eulmesekian se volcó a la dirección coral en una escuela primaria pública hasta que llegó a su vida el Coro Gomidás, el cual dirige desde hace más de cuarenta años.

El Coro Gomidás, fundado, y dirigido durante treinta años, por Levón Vartabedian, en 1959 sufrió una escisión, producto de lo cual pasaron varios directores hasta llegar Manug Alberian. “Mantener un grupo para cantar en armenio no es fácil. Cuando me propusieron dirigir el coro, por entera lealtad lo hablé primero con Manug quien me dio vía libre para tomar su puesto. Entonces, terminé la escuela y a partir de ahí, hice del coro mi vida. Toda mi vocación de ayuda, la política, la música, lo volqué en el coro”, cuenta Makruhí.

En el recordado monólogo, autoría de Aída Bortnik, en la película argentina Caballos Salvajes, el personaje de Héctor Alterio dice: “Se puede vivir una larga vida sin aprender nada, se puede durar sobre la tierra sin agregar ni cambiar una pincelada de paisaje; se puede simplemente no estar muerto sin estar tampoco vivo. Basta con no amar, nunca, a nada, a nadie. Es la única receta infalible para no sufrir. Yo aposté mi vida a todo lo contrario”. La directora coral asegura que se identifica con este texto y que, a pesar de las grandes dificultades que le ha planteado el destino, para ella, como para el personaje, vale la pena estar viva.

“A través del coro, la vida para mí ha sido entrega. Entregué música y más que eso, el alma, mi corazón, mi ética, mi lealtad, mi coherencia, mi conducta, mi amor, canto y poesía, hacia cada uno de los integrantes y hacia el público”, expresa con pasión. En ese camino, asegura, hubo logros, satisfacciones, momentos muy buenos y no tanto. De los primeros destaca la ópera Anush en concierto, en el Teatro Astral, por el 75° aniversario del coro: “Haber podido llegar a esa emoción, a la sensibilidad de la gente con la ópera más importante de la música armenia fue increíble. Hay que entender que son un grupo de aficionados y las cosas que hemos logrado juntos es sorprendente. Siento que he llegado a la cumbre, pero nunca me la creí”, confiesa siempre sonriente, quien el año pasado recibió una distinción para el coro por parte de la Legislatura Porteña.

Hoy, después de casi noventa años, el Coro Gomidás se sostiene a pulmón, con la voluntad de sus integrantes y la férrea presencia de esta apasionada directora coral: “Hoy, seguimos con satisfacciones y dolores, pero seguimos. Me dediqué una vida a esto y no me arrepiento así como no lo hago por no haberme casado. Siento la plenitud de haber vivido lo que viví”, y, sin dudas, el Coro Gomidás, el primero de la comunidad, aquel que participó de todos los actos ecuménicos y se ganó el prestigio dentro y fuera de la colectividad, ocupa un lugar central.

 

Entrevistó Luciana Aghazarian

 

 

 

 

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