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Movimientos civiles: una nueva ola de activismo en Armenia

Arminé Ishkanian / opendemocracy.net

Ereván.- Desde 2010 las protestas provocadas por iniciativas de ciudadanos se han vuelto muy comunes en Ereván y, en menor medida en ciudades como Gyumrí y Vanadzor.

Las mismas abarcan diversas cuestiones, entre ellas el medio ambiente, la preservación cultural, los derechos del consumidor, cuestiones laborales y de derechos humanos.

Sin embargo desde el inicio son distintas a las organizadas por las ONG formales y ‘profesionalizadas’, desde las diferencias en las problemáticas tratadas, hasta los repertorios de acción, las estructuras organizativas y la falta de vínculo y compromisos con donantes extranjeros.

Similar a los movimientos discutidos por Kerstin Jacobsen, Ionel Sava y otros, las iniciativas cívicas representan una nueva ola de activismo en el período postsoviético. Ahora bien, ¿qué dice su surgimiento sobre el desarrollo de la sociedad civil y sus cambios producidos desde 1991? Bastante. Aunque abordan cuestiones específicas, su surgimiento se basa en preocupaciones mucho más amplias, de los propios ciudadanos, en torno a la corrupción, la ausencia del estado de derecho, la falta de democracia, el aumento del capitalismo oligárquico y el fracaso de las elites políticas.

Aunque a veces hay ciertos vínculos que se dan ‘detrás de escena’ con ONG clásicas, los activistas involucrados adoptan una comprensión más política de la sociedad civil que la introducida por los donantes occidentales en la década del ’90, y que a su vez se suele distanciar bastante de las propias organizaciones no gubernamentales.

protestas-contaminaciónLa defensa tradicional de estas organizaciones privadas en Armenia es estructurada, no conflictiva y basada en expertos. Las propuestas llevadas a cabo por los ciudadanos utilizan otras formas de acción, basadas en demostraciones callejeras, tomas y otras formas creativas como conciertos, representaciones teatrales y exposiciones de arte o fotografía. Además, la toma de decisiones dentro de este tipo de movimientos se da mediante el consenso y la horizontalidad.

De esta forma, no solo se rechaza la ‘ONG-izacion’ de la sociedad civil, sino que introducen nuevas formas de entenderla. Los involucrados en estas prácticas describen su activismo como una forma de ciudadanía autodeterminada, estableciendo su énfasis en la independencia, la solidaridad y la autoorganización.

A su vez, conceptualizan la ciudadanía a partir de los derechos individuales y las responsabilidades hacia sus comunidades y su país. Por eso alientan a las personas a convertirse en ‘dueños’ de su nación, en sujetos activos, en lugar de ser espectadores pasivos y silenciosos de la sociedad que no toman ninguna acción para cambiar las cosas.

¿Por qué están surgiendo iniciativas cívicas ahora?

Muchos de los entrevistados explicaron el surgimiento y crecimiento de las iniciativas cívicas como un nuevo despertar de la propia conciencia social. Uno de los motivos, según argumentaron, es la mayoría de edad de una nueva generación que no experimentó directamente la vida bajo el régimen soviético, sumado a la disponibilidad de nuevas tecnologías de información y comunicación. De hecho, la gran mayoría de los activistas se encuentran entre los 20 y 30 años, lo que respalda este marcado aspecto generacional.

Sin embargo, si bien las redes sociales han permitido a los activistas acceder y difundir la información más fácilmente, así como organizarse y movilizarse de manera más efectiva, no hay que desconfiar del impacto de este medio, el que ha dado muestras de ser también un arma para vigilancia del gobierno y de incluso provocaciones.

Además, la disponibilidad de las redes sociales puede explicar cómo se están organizando los activistas; pero no explica por qué están tomando las calles. Además, deberíamos analizar el aumento del activismo en Armenia dentro del contexto más amplio de los recientes movimientos globales de protesta. 

nairit-protestas-1Otro punto a tener en cuenta es el contexto actual de manifestaciones y activismo a nivel global. Si bien Armenia en ciertas cuestiones está políticamente aislada y existen pocos vínculos entre la sociedad civil nacional y los movimientos mundiales más amplios, sí existe un acceso a esta información, como se refleja en el uso de consignas, prácticas y discursos.

Pese a esto, los activistas destacan que la situación en Armenia es muy diferente a la de otros países. Por ejemplo, uno de ellos expresó: “El neoliberalismo en Armenia se manifiesta de una manera ligeramente diferente a la tradicional. El interés privado es también el interés oligarca, lo que se traduce en poder político y estatal”.

Entonces, si bien se reconoce que las políticas neoliberales tienen un alcance global, no se puede olvidar que la resistencia a las mismas está determinada por las historias locales y por las realidades sociales y políticas existentes. En Armenia, como en otras exrepúblicas socialistas, el legado de este sistema todavía sigue influyendo en las formas de organización actuales de la gente.

Entonces este activismo se inspira en la reciente ola de protestas globales, pero está impulsado aún más por la ira hacia la falta de acción de los partidos políticos locales y las ONG. Por supuesto, la responsabilidad individual es una característica clave de la racionalidad neoliberal que enfatiza la autorresponsabilidad de los sujetos individuales. Pero, en el contexto de las iniciativas cívicas en Armenia, la responsabilidad individual no tiene que ver con hacer que las personas maximicen sus propios intereses económicos, sino más bien con individuos que ejerzan su responsabilidad actuando en solidaridad con otros por el bien común.

Protestas 17Uno de los problemas es que por fuera de los propios círculos de activismo, tales entendimientos sobre la ciudadanía y sus responsabilidades no se comparten ampliamente. En relación a esto, una joven activista de Ereván que ha estado involucrada en una serie de iniciativas cívicas ambientales explicó: “La gente me llama todo el tiempo y me dice que están talando árboles o destruyendo cosas. Yo respondo que gracias, pero no me llamen a mí, pueden abordar el problema ustedes mismo. Es tu patio, tu parque y tu comunidad”.

Una razón de la falta de participación y activismo es el “clima de miedo” imperante, en el que las personas temen perder sus empleos y sus medios de subsistencia. Otra razón es la falta de confianza y creencia en la sociedad civil como una fuerza para el cambio. Las ONG tienen niveles muy bajos de confianza pública en Armenia y en la región exsoviética en general. Por lo tanto, muchos movimientos se distancian de estas organizaciones. Como expresó un activista: “Cuando la gente de la calle se nos acercó y nos preguntó: ‘¿De qué ONG eres?’, respondimos: ‘De ninguna, somos ciudadanos de la República de Armenia’”.

Un panfleto impreso por activistas de la iniciativa cívica We Are Owners of the City, que participó en la ocupación del Parque Mashtots, contenía el siguiente mensaje: “Somos ciudadanos individuales. Nuestra iniciativa cívica no es una ONG y no recibe ninguna ayuda ni asistencia financiera”. Este distanciamiento tiene sentido dada la percepción ampliamente compartida, pero impulsada activamente por el gobierno, de que las ONG son espacios que abusan de las subvenciones y que promueven singularmente agendas extranjeras (es decir, occidentales).

¿Pueden influir en procesos políticos más amplios?

En los últimos años, las movilizaciones de los ciudadanos han logrado victorias pequeñas pero simbólicamente significativas, incluida la preservación de una cascada, detener la demolición de un parque público, prevenir las alzas en los precios del transporte y detener temporalmente los planes del gobierno de privatizar el sistema jubilatorio. Más recientemente, hubo además demostraciones muy grandes contra los aumentos de las tarifas de electricidad.

protestas erevanAunque estas victorias totales o parciales han inspirado a los participantes y les han brindado una mayor atención pública, las iniciativas cívicas hasta ahora no han podido ampliar significativamente su peso más allá de la capital del país. Tampoco han provocado cambios estructurales, ni tuvieron impacto en cuestiones políticamente delicadas como la violencia en el ejército armenio o la contaminación de la minería.

Los activistas reconocen que para lograr cambios más radicaless y de nivel político, deberán ampliar la participación, luchar contra el miedo y la apatía actual, y fomentar un mayor sentido de pertenencia entre sus conciudadanos. Pero queda por verse cómo se desarrollarán estos movimientos y qué forma tomarán en el futuro. ¿Pueden los activistas de Ereván construir vínculos con comunidades e individuos fuera de la capital para ampliar la participación? ¿Continuarán siendo grupos autónomos, informalmente organizados o comenzarán a “expandir” sus esfuerzos, institucionalizándose y convirtiéndose en ONGs de un tipo diferente y más radical? ¿Crearán alianzas políticas?

Hay ventajas y desventajas para cada una de estas opciones, pero queda por verse cómo se desarrollarán estas iniciativas cívicas en el futuro y si podrán cambiar finalmente la política en Armenia.

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