Nicolás Frega: “Se trajeron la parra de su tierra y aquí sigue floreciendo”

17 de marzo de 2020

Nicolas Frega es pintor y médico. En octubre de 2019 se presentó con su muestra de arte “Subyacencias” en el Espacio de Arte de la Asociación Cultural Armenia, una exposición dedicada a su madre Aghavní, quien llegó a la Argentina en el Buque Formosa como gran parte de los inmigrantes.

Su contacto con la comunidad armenia de la Argentina no fue muy estrecha tras la muerte de su madre. Lo que siempre se mantuvo en su casa fue una parra traída directamente por sus abuelos en el largo viaje hasta su casa de Pompeya. Ya tiene 100 años y fue pasando de generación en generación. A comienzos del 2019 empezó a perder fuerzas hasta que el artista presentó sus obras en el Espacio de Arte. La parra volvió a florecer.

—¿Cómo es la historia de tu familia?

—Mi mamá, Aghavní, nació en Armenia y vino a la Argentina con sus papás cuando tenía un año. Mi abuela fue Elizabeth Nacharian y mi abuelo Arshak Haidajian. Según la cédula de identidad de mi mamá, nació en Damasco pero no se sabe bien. Nació en 1921. Tenían pensado ir a Río de Janeiro y de ahí a Estados Unidos, era una ruta que hacían bastantes armenios pero llegaron al puerto de Buenos Aires y se quedaron. Vinieron en el Buque Formosa en 1922. Pude corroborar esa información en el libro de inmigrantes, eso me dio una gran emoción. Cuando llegaron se instalaron en Pompeya y tuvieron cinco hijos más. Mi abuelo trabajó en la fábrica Cunnington, fueron siempre muy trabajadores. Uno de mis tíos tuvo una imprenta y otro era bombero.

—¿Tuvieron contacto con la comunidad en Argentina cuando llegaron?

—En Pompeya había una fuerte colectividad de armenios y se reunían periódicamente. Generalmente eran más mujeres y recuerdo que las veía siempre vestidas de negro. Mi abuelo había traído un gajo de parra y lo plantaron en su casa. La usaban para hacer sarmá. Cuando mi mamá se mudó se llevó un gajo a su casa y cuando me fui yo también. Es una parra que está en mi familia desde 1920, ya tiene 100 años. En febrero de año pasado se secó, se le cayeron las hojas. La daba por muerta pero la seguía regando. En octubre, cuando fue la muestra en la Asociación Cultural Armenia la parra revivió. No se si será casualidad o destino pero fue así. Cuando llegaron al puerto de Buenos Aires a mi mamá le pusieron Juana. Era muy codiciada pero los armenios eran muy cerrados. Hay un tango que se llama Barrio de Tango, de Homero Manzi, que en una parte dice “Juana, la rubia que tanto amé, sabrá que sufro pensando en ella desde el momento que la dejé”. Es una parte que escribió pensando en ella. Ese tango es una pintura de la Pompeya de los 40. Otro cantante de tango de Parque Patricios, Ángel Vargas, estaba enamorado de mi mamá. Ella nunca se enteró. A mí me lo contó mi tío pero era muy fabulador. Lo comprobamos cuando hablamos con tres vecinas del barrio. Tenían contacto con una iglesia armenia y el cura que era muy amigo de la familia. No eran muy creyentes pero sí eran amigos. Otra anécdota de color: cuando llegaron mis abuelos, antes de vivir en la calle Matanza estuvieron en un conventillo hasta el año 32. Allí vivían también dos jugadores de San Lorenzo de primera división: los hermanos Tarrío. ¡Fueron portada del Gráfico y vivían en un conventillo! Otros tiempos. Mi mamá tendría unos diez años y era la mimada de ellos. Le pedían permiso a mis abuelos para sacarla a pasear en un auto que les había dado el club. De ahí es que todos se hicieron hinchas de San Lorenzo.

—¿Su formación?

—Desde chico me gustó dibujar y pintar. Mi tío tenía una imprenta y había estudiado en el colegio Otto Krause. Ahí había aprendido a dibujar, lo hacía muy bien. A los doce años me compró un kit de pinturas al óleo. Al principio hacía desastres pero fui aprendiendo. En la secundaria la profesora de dibujo me recomendó a la artista española Araceli Vázquez Málaga que tenía un taller cerca de la facultad de Arquitectura. Con ella estudié dos años mientras también hacía la carrera de medicina. A los veintiuno me recibí de médico y me mandaron a hacer la conscripción como oficial de marina en Puerto Madryn. Cuando volví seguí estudiando con distintos profesores hasta que me largué solo.

Un objeto. La parra está en la familia desde 1920. Los sarmá hechos con hojas de esa parra fueron motivo de reunión.

—¿Qué artistas lo inspiran?

—Rembrandt es uno de los artistas que más me impactó. Arshile Gorky es de los artistas armenios que mejor conozco y el que más repercusión tuvo. Me gusta mucho su obra. La etapa informalista que tuvo es poco difundida pero me gusta mucho. Hay un parecido con lo que hago yo.

—¿Qué relación tuvo con la comunidad en Argentina?

—Con mi mamá veníamos mucho al Centro Armenio cuando la calle se llamaba Acevedo. A mis tíos les gustaba mucho la comida armenia y cocinaban. También íbamos a restaurantes. Teníamos reuniones en la casa de mi abuela donde se hablaba exclusivamente en armenio, mezclado con un poco de turco después de tantos años de estar en contacto con ellos. Mi mamá hablaba muy bien pero no sabía escribir. Mis tíos no hablaban armenio. Conocimos mucha gente de la colectividad. Con mi mamá siempre hablábamos de viajar a conocer Armenia pero no pudimos concretar el viaje.

—¿Actualmente está en contacto con la comunidad?

—No estoy muy conectado. Cuando fallecieron mi mamá y mis tíos perdí el contacto. Tengo una amiga que es hija de una amiga de mi mamá que está más en contacto y me cuenta cosas de la colectividad. También sigo las actualidades a través del Diario ARMENIA.

—¿Qué proyectos tiene a futuro?

—Hay un proyecto que está encabezando mi representante que también es cineasta. Ella va a llevar mi obra a España, la idea es hacerla en Málaga entre abril y mayo. También va a haber una galería virtual. Se va a relacionar el arte argentino con el español en un ida y vuelta de trabajo. Voy a correrme un poco de los retratos y hacer trabajos sobre figuras humanas pero más ambientadas, ubicadas en tiempo y espacio.

Sofía Zanikian
Periodista
sofi.zanikian@outlook.com


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