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“No me olvides”

Crónicas del Centenario

nomeolvidesLa vista se me pierde en la iglesia de Nuestra Señora de Dolores, ubicada enfrente del Parque Centenario, ante mí como todas las mañanas mis galletas de arroz, mi mermelada light y queso crema, en el microondas aún el café con leche. Tener algo para leer es parte de mi rito matinal, trato de elegir no noticias diarias, para eso está el viaje diario hacia mi trabajo en la Ciudad de Pilar a 60 km de Buenos Aires, en esta oportunidad el Anuario de la revista económica británica por excelencia y referente económico a nivel mundial “The Economist”.

Esta publicación me acompaña de mis épocas de estudiante universitario y te pone en contexto cual es la agenda del Mundo a quienes vivimos geográficamente, y a veces mentalmente, tan lejos de los centros de decisión internacional. Recorriendo cuales serían los sucesos más importantes del año a nivel mundial encontré desde un eclipse de sol en Europa en marzo, la elección de Gran Bretaña y la Bienal de Venecia en mayo, la reunión del G7 en Alemania y los primeros Juegos Europeos en Azerbaidján en junio, la reunión de Lima del FMI en octubre, la reunión del G20 en Turquía en noviembre, etcétera. En el mes de abril el 150° Aniversario de la finalización de la Guerra Civil estadounidense, la Cumbre de las Américas en Panamá, el 200° aniversario del nacimiento de Otto von Bismarck y… el Día Mundial del Circo. La lectura me lleva a ese mes de abril en particular y encontrar alguna referencia al Centenario del comienzo del Primer Genocidio del Siglo XX: el Genocidio Armenio.

La imagen es de 1990 y el Ford Falcón de papá recorría la Avenida Alberdi en dirección hacia Mataderos y al llegar a San Pedrito, en el barrio porteño de Flores, se hacía mano y contramano lo cual obligaba a aminorar la marcha, en los clásicos carteles publicitarios sobre fondo negro con unas letras blancas muy grandes decía: Turquía, Estado Genocida, 75 Años del Genocidio Armenio. Amante de la Historia, nunca había leído nada al respecto… hasta ese momento, y le pregunté a mi madre de que se trataba y quiénes eran los armenios de los que solo conocía que su apellido terminaban con “ian” que significaba “hijo de” con en otros idiomas el “Mac” “Von” “son” siendo el más famosos de ellos para mí en ese momento el gran Titán Martín Karadagian, ella me contestó algo así como “un pueblo oriental como los turcos pero cristianos y los turcos musulmanes los mataron por ser cristianos, 1.500.000 como dicen los carteles” agregando que en su juventud trabajo en una curtiembre que el dueño era armenio “muy buena gente, muy trabajadora”. Sembró la semilla conocer más al respecto y le pregunte a Bouvier, mi adorable profesor de Historia de San Pío X, que le encantaba que un alumno le pregunte algo para explayarse sobre su pasión de explicar la Historia moderna, eso sí, a mi solo porque esto no estaba en el programa y tampoco era de mucho interés para el resto. Me explicó que se trataba de una limpieza étnica que los turcos llevaron a cabo a partir de 1915 contra los que consideraban enemigos internos, armenios y griegos, en el contexto de la Primer Guerra Mundial y que fue de alguna manera el antecedente del Genocidio Judío que comenzaría Adolf Hitler en paralelo a la Segunda Guerra Mundial.

Pasaron los años, cosas del destino, y en 1998 la vida me lleva a encontrarme con la Familia Kalciyan y un sin fin de personas adorables de la colectividad armenia en Argentina que si enumero cometeré el pecado de omitir a alguno, son un montón y muy queribles (otras “casualidades” la madrina de mi hijo Felipe es Maria Laura Kalfaian, una amiga entrañable de mi esposa y ahora mía también, y el padrino, mi mejor amigo Marcelo Cavalleri, su abuela es de origen armenio). Aprendí a querer a los armenios al compartir sus valores, sus creencias, su apego al trabajo y a las cosas correctas, al respeto por sus raíces, y también por su rica gastronomía que una vez por mes compartimos con amigos en el Subsuelo de la UGAB.

Este año en el país y en el mundo se conmemora el 100° Aniversario del Genocidio Armenio y se simboliza con la famosa flor masónica: “No me olvides”. Un acto atroz, planeado y ejecutado sistemáticamente por el entonces Imperio Otomano hasta llegar a cifras de 1.500.000 de armenios muertos que hoy aún esperan Justicia a su memoria y el reconocimiento de la República de Turquía de tales atrocidades. Esperemos que en su edición de Abril el prestigioso The Economist y toda la prensa internacional se hagan eco del reclamo de uno de los pueblos más importantes y antiguos de la Historia, en definitiva se hagan eco del símbolo de la flor y toda la Humanidad al mirarse al espejo pueda ver el 24 de Abril de 2015 a un armenio que le dice “No me olvides”.

Dr. Leonardo Gabriel Forgia

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