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¿Qué puede ir mal?: Amenazas internas y externas a la revolución armenia

Nota-Zolyan

 

Los recientes acontecimientos en Echmiadzín y su continuidad, a saber, el arresto del diputado Manvel Grigoryan el 16 de junio pasado y el apoyo que recibió de la bancada del Partido Republicano de Armenia (RPA) en el Parlamento, son un recordatorio de que, si bien la primera fase de la revolución puede haber terminado el 8 de mayo, aún quedan muchos desafíos por delante.

Los historiadores saben que uno de los períodos más comprometidos en una revolución es cuando el antiguo gobierno colapsó, pero el nuevo aún no se ha arraigado.

Los gobiernos “revolucionarios” enfrentan a menudo amenazas tanto de la “contrarrevolución”, es decir, los restos del antiguo régimen, como de los fundamentalistas dentro del propio campo revolucionario.

Un país que ha sufrido una revolución también se enfrenta frecuentemente a amenazas externas de gobiernos vecinos que pueden temer el “contagio revolucionario” o pueden intentar emplear la inestabilidad que acompaña a una sublevación para liquidar cuentas antiguas.

Hay abundantes ejemplos de tales amenazas en la historia, desde el levantamiento realista en la región de Vendee en Francia y la guerra de los monarcas de Europa contra la Francia revolucionaria, hasta casos más recientes, como la guerra entre Irán e Iraq, que comenzó a raíz de la revolución iraní de 1979 o el golpe de Estado de 2013 en Egipto.

Estas son consideraciones teóricas y ejemplos históricos que, afortunadamente, no tienen conexión inmediata con la situación en Armenia. El hecho concreto de que la revolución armenia fue completamente pacífica y la transferencia de poder se llevó a cabo de conformidad con las normas constitucionales, también disminuye la probabilidad de incidentes violentos dentro del país, así como la de una intervención externa.

Obviamente, la amenaza de escalada en Artsaj está latente, pero este factor, por desgracia, ha estado presente durante. Entonces, no hay razón para entrar en pánico. Sin embargo, creo que la sociedad armenia debe estar alerta a los posibles peligros de la situación posrevolucionaria.

Un peligro obvio es la continua resistencia de los restos de la anterior administración. Se podría argumentar que la supervivencia del antiguo partido gobernante, actuando en calidad de oposición, no es necesariamente algo malo para Armenia después de la revolución, ya que podría ayudar a equilibrar el sistema político y evitar una posible caída en el autoritarismo, que es algo que a menudo les sucede a los gobiernos revolucionarios.

Sin embargo, creo que este argumento difícilmente se pueda aplicar al Partido Republicano de Armenia, al menos en su estado actual o, más precisamente, al equipo político de Serge Sarkissian.

El problema con el equipo republicano y Sarkissian es que han estado tan estrechamente entrelazados con las redes informales de corrupción y gobierno en las sombras, que su supervivencia política es virtualmente imposible sin la persistencia de estas redes oligárquicas criminales.

El desmantelamiento del sistema de corrupción y oligarquía es percibido como un peligro mortal por muchos representantes del régimen desplazado, por lo que se puede esperar también sean resistidos ferozmente los esfuerzos anticorrupción del nuevo régimen y otras reformas que se llevan adelante.

El apoyo que alguien como Manvel Grigoryan, -que tiene la reputación de ser un señor “feudal” local extremadamente corrupto, y que prácticamente poseyó Echmiadzín durante años-, recibió de facción del Partido Republicano, es un ejemplo que puede probar este punto. Además, no se debe subestimar el grado de sentimiento de revancha entre los partidarios de Serge Sarkissian.

Hay una cita famosa sobre la dinastía borbónica atribuida al diplomático francés Talleyrand, que volvió al poder en Francia luego de la abdicación de Napoleón: “No olvidaron nada y no aprendieron nada”. En una publicación en Facebook, un experimentado diplomático armenio utilizó esta cita para describir a los republicanos de Armenia, después de la “ruidosa” votación del 1° de mayo en el Parlamento. Podría decirse que esta fórmula puede describir la mentalidad de muchos de los partidarios del caído gobierno en la actualidad.

Por lo tanto, dado que la “nueva Armenia” necesita una fuerte oposición para contrarrestar el gobierno de Pashinian, es en interés del país que se forme una nueva oposición, que debería estar emancipada de las conexiones oligárquico-criminales de los antiguos gobiernos.

El mejor escenario para el país sería si esta nueva oposición proviniera de las filas de los participantes de la “Revolución de Terciopelo” ya que ello significaría que no importa cuál sea el destino de la revolución actual, no hay retorno posible al sistema autoritario corrupto del pasado.

Tal oposición no solo disfrutaría del respaldo de al menos una parte de la sociedad, sino que percibiría al gobierno de Pashinian como competidor y no como un “enemigo mortal”.

Sin embargo, mientras el Partido Republicano continúe resistiendo los esfuerzos del nuevo gobierno, varias fuerzas políticas y grupos que tomaron parte en la “Revolución de Terciopelo” permanecerán en el campo de Nigol Pashinian, incluso si están en desacuerdo con éste en algunas cuestiones, ya que adoptar una postura opositora puede verse como una “traición” a los valores de la revolución y no le caerá bien al ánimo de los electores.

En teoría, también es posible imaginar una situación en la que el Partido Republicano pase por una transformación a fondo, se deshaga de los elementos oligarcas y criminales, reconozca y condene los crímenes y errores del pasado, y se convierta en un respetable partido de centro-derecha, tal como algunos de sus miembros más jóvenes afirman que es.

Empero, el hecho de que Serge Sarkissian y sus colaboradores cercanos sigan dirigiendo el Partido Republicano hace que un escenario tan optimista sea virtualmente imposible, al menos en un futuro próximo. Los miembros del equipo del expresidente y exprimer ministro Sarkissian controlan varios puestos importantes en todo el país, incluidos, por ejemplo, el municipio de Ereván.

Aunque ya dejó de ser mayoría, la facción republicana en el parlamento todavía conserva posiciones fuertes en el parlamento. Además, viejos aliados de Sarkissian todavía conservan mucho poder en muchas ciudades del interior armenio y también en la República de Artsaj. Podría agregarse que funcionarios leales al expresidente todavía se pueden encontrar en varios estamentos del aparato del gobierno. Y, si bien la perspectiva del regreso del equipo de Sarkissian al poder parece inverosímil, aún así, sus integrantes pueden sabotear las decisiones del nuevo gobierno y así obstaculizar el proceso de reforma.

La dinámica del proceso político sugiere que el peligro de resistencia de los restos del antiguo régimen está disminuyendo. Pero, este no es el único factor que puede obstaculizar el éxito de Armenia después de la revolución.

Obviamente, antes de la revolución, la corrupción y la oligarquía no se limitaban al Partido Republicano. Mientras que los republicanos optaron por resistir hasta el final, varios elementos del antiguo establishment pueden aún mantenerse en su sitio por un camino diferente: el de alinearse con el nuevo gobierno y el apoyo nominal de su agenda, mientras que en realidad continúan con sus prácticas corruptas.

En cierta medida, esto es lo que sucedió en Ucrania bajo el gobierno de Poroshenko, siendo una de las razones por las que el nuevo gobierno logró o no quiso derrotar la corrupción. Otro peligro, aunque puramente teórico en este punto, es que un lento ritmo de cambios puede ocasionar el surgimiento de líneas radicales dentro del campo “revolucionario”.

Pero estos son temas para diferentes artículos. (Continuará)

Mikayel Zolyan

EVNreport

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