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Resucitando a Gyumrí, una historia paso a paso

Segunda ciudad de Armenia, afectada por el trágico sismo de 1988

Ereván (chai-khana.org).- Arsén Vardanyan, de 27 años, nació y creció en Gyumrí, la segunda ciudad más grande de Armenia. Estudió para abogado, pero solo actuó en ese campo durante dos años, de 2013 a 2015. Luego renunció para dedicar su vida a mejorar su localidad natal, como uno de los fundadores de la iniciativa «Gyumrí es nuestro hogar».

“A fines de 2013, mis amigos y yo participamos en la reunión del Consejo de Ancianos de Gyumrí y anunciamos que queríamos construir una pista de patinaje en la ciudad. Había una en Ereván, pero queríamos tener la nuestra. Tuvimos éxito», recuerda.

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Iniciativas como la suya son una parte importante de la larga lucha de este lugar para volver a levantarse de las ruinas. Hace treinta años, este rincón noroccidental de Armenia fue golpeado por un terremoto de 6.5 de magnitud. Gyumrí y la provincia de Shirag fueron devastadas; 25.000 personas murieron -muchas de ellas enterradas bajo los escombros- mientras que otras 130.000 resultaron heridas o afectadas de algún modo. Si bien la tragedia convocó la ayuda humanitaria de todo el mundo, los años siguientes trajeron nuevas dificultades con el colapso de la Unión Soviética y el surgimiento de conflictos en el sur caucásico.

“Hoy en día, Shirag sigue siendo una de las regiones más pobres de Armenia. Gyumrí, la capital regional, tiene pocas oportunidades para los jóvenes. Muchos deciden abandonar el lugar apenas pueden, al igual que yo. Estos años turbulentos en los ’80 y ‘90 me privaron a mí y a otros de una infancia apropiada, mientras que las sombrías perspectivas económicas me hacían creer que no sería capaz de construir una vida adecuada aquí”, explica.

“Nadie debería tener que escribir estas cosas del lugar donde crecieron, y espero que tales pensamientos nunca tengan que cruzar por las mentes de las generaciones venideras. Afortunadamente, algunos jóvenes en Gyumrí trabajan arduamente para asegurarse de que eso suceda”.

gyumri-2La pista de Vardanyan (foto) fue un pequeño paso para devolverle la vida a la ciudad. Desde 2014 en adelante, las noches eran para patinar, sin importar la edad y el género.

«Le dijimos al alcalde que no necesitábamos nada de él, salvo un área para la pista y agua. Todo lo demás lo encontraríamos y lo haríamos nosotros mismos. Cada uno invirtió algo. Uno trajo patines, otro materiales de construcción, alguien nos ayudó con dinero y tuvimos éxito», recuerda el emprendedor, quien confiesa que a veces les alquilaban la pista a patinadores profesionales por 500 drams y luego donaban ese dinero a organizaciones benéficas.

Hoy Arsén es muy conocido en Gyumrí, con un historial impresionante en la creación de algo a partir de la nada. En 2015, las paredes de varios edificios de la ciudad se decoraron con coloridas tapas de botellas coloridas, formando llamativos diseños.

“Vi que el Libro de los Récords Guinness publicó el mayor mosaico de este tipo en 2013 en Eslovenia, con 500.000 tapas. En ese momento decidí que deberíamos tener uno así. Luego cambié de opinión y decidí que era mejor tener varios como este sin intentar superar esta marca”.

Para crear su primera alfombra, Arsén y sus amigos comenzaron a recolectar las tapas en la calle, pero más gyumri-3tarde muchos vecinos los ayudaron reuniendo una gran colección.

«Me motivaba más cuando un niño con una gorra en la mano venía y nos decía que quería ayudarnos. Durante ese período me encontré una vez con el alcalde, que ya conocía la iniciativa. Él bromeó con que ‘Gyumrí finalmente obtendría toda la basura inútil de Armenia’”, dice Vardanyan.

Pero la ciudad consiguió algo más, ahora tiene una hermosa alfombra de tapas de botellas. A su vez, los lugareños probaron lo que podían lograr cuando trabajaban juntos.

La siguiente idea que Arsén y sus amigos trajeron fue un muro de anécdotas. Comenzaron publicando notas cómicas en diferentes partes de la ciudad.

“Las anécdotas fueron una buena oportunidad para desarrollar el turismo interno. Hace varios años, la gente visitaba nuestra ciudad solo por lo gastronómico, porque tenemos una cocina local sabrosa y única. Pero en realidad hay mucho que ver en Gyumrí. Cuando los turistas simplemente caminan por las calles, pueden aprender mucho, a partir de las anécdotas publicadas en las paredes de los edificios», dice Vardanyan.

Desde entonces, esa idea se ha convertido en todo un muro en el mismo centro de la localidad, creado con el apoyo de varias organizaciones internacionales. Las anécdotas están ahora en inglés y ruso, así como en armenio. Sin embargo, a Arsén no le gustan estas versiones, alegando que el color original se ha perdido con la traducción.

El abogado ha traído más de ese color a la ciudad con su último proyecto: desde hace más de un año, ha estado haciendo trompos. “En nuestra infancia, cuando llegaba la primavera, solíamos jugar con ellos. El año pasado, cuando la nieve se derritió, le pedí a mi amigo Gaguik que fuera al bazar y comprara un trompo para que pudiéramos jugar con uno nuevo. Resulta que el juguete de nuestra infancia está a punto de desaparecer”, comienza Vardanyan.

gyumri-1«Esto nos dio una idea para producirlos. Encontramos artesanos que podían hacerlo y comenzamos. Es un trabajo en equipo. Un artesano pela la madera, el otro crea la punta de hierro, un tercero lo pinta y yo preparo la cuerda trenzada».

Estos juguetes están decorados con imágenes de Gyumrí, y ahora los vende internacionalmente por correo. El precio de cinco dólares es simbólico, cubriendo solo los materiales utilizados para producirlos. Él espera que la pequeña empresa pueda crear más trabajo en la ciudad, dado su alto nivel de desempleo. También sueña con que esto pueda unir a los niños de la ciudad, alentándolos a dejar sus computadoras por el patio, donde puedan disfrutar de los trompos y su infancia.

Vardanyan agrega que no podría haber hecho nada sin sus colegas, y que existe una gran brecha entre él y muchos de sus compañeros. «Algunos son muy jóvenes, otros son bastante viejos, pero el amor por la ciudad nos une a todos», concluye.

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