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Revisando nuestras motivaciones…

Iglesia Evangélica Congregacional Armenia "Santísima Trinidad"

Motivaciones-cristianasLas motivaciones son las que nos animan a ejecutar ciertas acciones. Pueden ser saludables o enfermas, lógicas o ridículas, pero ellas son las que están detrás de lo que hacemos.

Desde tiempos ancestrales, nos moviliza una motivación muy frecuente y muy dañina: la culpa, y su asociada: la deuda. Pero ¿cuánto debemos? Y ¿a quién le debemos? Vivir pagando deudas incalculables a acreedores “no identificados”, es un desgaste inmenso. Sumemos lo que “le debemos” a acreedores identificados, como nuestros padres, por ejemplo: creemos que les debemos, o creemos que ellos creen que les debemos o expresamente nos han hecho saber que les debemos. Es agobiante.

La carga de la culpa se traslada también a la religión: con mucha razón, el psicoanálisis asociaba las expresiones religiosas a la culpa neurótica: tanto debes, tanto pagas.

Hay otra motivación que puede impulsarnos, pero de un modo totalmente distinto: es la convicción asociada al sentido de la vida.

Puede parecer similar a la anterior pero es opuesta en su esencia: la convicción nos lleva al compromiso, al cumplimiento de una misión y a la entrega; su fundamento no es la culpa o la deuda, sino la pasión interior.

Es la motivación de los que entregan la vida por una causa: el apóstol Pablo, San Francisco de Asís, la madre Teresa de Calcuta, Martin Luther King, Corrie Ten Boom. El propio Jesús es el ejemplo más claro de la entrega por convicción.

Implica sufrimiento y sacrificio, pero desde la convicción del sentido de la vida, del amor al prójimo, de la misericordia frente al que sufre.

Viktor Frankl, médico psiquiatra que fue condenado a un campo de concentración durante el nazismo y logró sobrevivir; nos muestra algo del camino de estas motivaciones sólidas. Las llama “la voluntad de sentido”.

La voluntad de sentido es la motivación sana de la convicción puesta a prueba en circunstancias extremas.

Dice Frankl acerca de las condiciones en el campo de concentración: “lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida. Tenemos que aprender por nosotros mismos y después, enseñar a los desesperados que en realidad no importa que no esperamos nada de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros.

Tenemos que dejar de hacernos preguntas sobre el significado de la vida y, en vez de ello, pensar en nosotros como en seres a quienes la vida les inquiriera continua e incesantemente. Nuestra contestación tiene que estar hecha no de palabras ni tampoco de meditación, sino de una conducta y una actuación rectas. En última instancia, vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que  la vida asigna continuamente a cada individuo.”

En otros momentos las circunstancias son más benévolas. Es allí donde podemos poner en marcha otra motivación saludable posible: la libertad interior. La libertad interior no implica hacer cualquier cosa: es la capacidad de elegir y al mismo tiempo, hacerme cargo de lo que elijo. Libertad y responsabilidad caminan juntas: elegir y vivir nuestra elección.

Pero en lugar de la deuda, nos motorizan los sueños. Asocio los sueños a animarnos a vivir, a elegir, a amar, a responder a los desafíos de Dios con alegría, a acercarnos a otros con humildad y comprensión.

Jesucristo nos permite tener la libertad interior porque es la fe de la gracia. La gracia de Dios significa “regalo”. No le debemos nada a nadie, es gratuita para nosotros, pero no sin costo: Jesús murió para darnos ese acceso a Dios, El pagó la deuda.

Cada día veo personas que se hunden en su dolor, producto de una historia cargada de sufrimientos que no han logrado superar.

Otras personas flotan en la superficie de la vida. No se hunde, pero apenas les alcanza para ir y venir en función de la corriente que las arrastra, sin movimiento propio, sin rumbo. Pero he visto a otras, aunque no son las más numerosas, que vuelan, que tienen rumbo propio, que se animan. Y no lograr esto porque la vida les haya sido necesariamente fácil; pero han ido más allá de su historia y de sus limitaciones, han mirado más allá de lo “correcto” y han elegido otra cosa.

                                                                                                                                                                               Lic. Gustavo Valiño

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