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Rosas de Ouro y su “Viva Hayastán” en el Carnaval de San Pablo

Una rica experiencia difícil de superar

carnaval-1 El carnaval de San Pablo, Brasil, uno de los más populares del mundo, presentó por primera vez el sabor y el espíritu de Armenia. La Escuela de Samba Rosas de Ouro tuvo la iniciativa de ofrecer un impresionante recorrido por la historia y la cultura de Armenia, sin olvidar el Genocidio sufrido por el pueblo armenio. Para ello, dos de sus responsables, André Machado y Angelina Basilio, viajaron tiempo atrás a Armenia donde incorporaron aún más conocimientos sobre el espectáculo que iban a ofrecer con el título “Viva Hayastán”.

La comunidad armenia de Brasil ofreció también toda su colaboración no solo en lo económico, sino también en lo participativo porque varios centenares de sus componentes se acoplaron a la escola y al ritmo propuesto por el director musical de Rosas de Ouro desfilaron varias veces por el sambódromo de San Pablo.

ARMENIA tuvo la oportunidad de entrevistar a Solange Denise Lomlomdjian, una joven argentina que desde hace algunos años reside en San Pablo y que fue una de las más entusiastas integrantes de la escola.

 

“Soy Solange Denise Lomlomdjian, estoy viviendo en Brasil, San Pablo junto con mi pareja hace ya cinco años. Soy escritora, terapeuta holística y trabajo dando cursos para mujeres y niños, también junto a mi compañero creamos diferentes proyectos y libros sobre educación, espiritualidad, arte y sanación. Acabo de editar un libro en portugués y en español sobre los niños de la nueva era. Con respecto a la parte artística y cultural siempre estuve muy conectada con la comunidad armenia y hace un tiempo comenzamos a contactarnos y acercarnos al Club Sama de San Paulo. De esa forma conocí la propuesta de la Escuela de Samba Rosas de Ouro de homenajear a Armenia. Coincidentemente, este evento hizo que fuéramos conociendo de a poco a la comunidad armenia, el club de Osasco y las actividades de la Iglesia Armenia de San Pablo.

La conexión con la “Rosas de Ouro” fue amor a primera vista. Fuimos a la escola para conocer el espacio y presenciar un ensayo. Cuando llegué me emocioné profundamente con el maravilloso trabajo emprendido y el respeto y amor que sentí en cada rincón. La vida nos hizo justamente, sin saber, comenzar a hablar con uno de los directores de la escuela de samba, que cuando supo que yo era armenia y nos vio tan emocionados con todo lo que estábamos viendo, nos invitó de inmediato a participar del desfile. Nos incorporaron con mucha alegría y amor. Vi claramente como la cultura armenia y la brasilera tienen tantas cosas en común aunque pueda parecer lo contrario. Los brasileros, como los armenios son unidos, son amor, arte, amistad, acogimiento, abrazos, integración, son familia.

El día que escuché el samba que sería parte del desfile e hicimos un ensayo en la calle del barrio donde está “Rosas de Ouro”, mi alma vibró, mis lagrimas caían, sentí a mis abuelos, mis abuelas, mis raíces, mi sangre estremecer de felicidad, de emoción por que realmente supieron captar la esencia de nuestro pueblo y de la diáspora. “Tenemos que respetar nuestra identidad, rosedales son felicidad, la esperanza de un nuevo mañana, Viva Hayastán” (traducción literal). Todos los armenios fuimos muy bien recibidos, respetados, cuidados y valorizados. Sentí ese homenaje con mucho amor y vi como realmente la Rosas y la comunidad armenia se transformaron en una enorme y unida familia. La comunidad ayudó mucho a Rosas de Ouro y la escola ofreció toda su pasión a los armenios.

Comenzaron a sonar los tambores y mi corazón empezó a latir muy fuerte. Se me vinieron tantas imágenes a la cabeza, miré al cielo y grité con emoción ” Por todos ustedes, por mis abuelos, por mi familia, por mis raíces” y sentí que más allá de un desfile de carnaval, esta experiencia significaba un reconocimiento para Armenia y su trágica historia, con alegría, con vida, mostrando su renacer, poniendo de manifiesto su fuerza y demostrando que seguimos luchando mas allá de todo.

Comenzamos a sambar y vi tanta gente con la bandera armenia, tanta gente cantando la canción y realmente me sentí honrada por estar viviendo todo eso. Siempre estuve muy conectada con el arte y la danza y realmente creo que esas expresiones curan y que la creatividad nos permite transmitir lo que somos con alegría y amor. Eso fue lo que viví en esa parada, alegría y amor. Cada detalle de los disfraces, los carros, la gente cantando Viva Hayastán con tanto respeto y genuina pasión era imposible no emocionarse.

Con respecto a lo económico, no tengo detalles exactos, porque esa información es interna de la escuela, pero sí sabemos que “Viva Hayastán” fue patrocinada por empresas armenias y otras no armenias. También ayudó mucho la comunidad de Rosas que trabajó día y noche en cada detalle. La colectividad armenia aportó historiadores que transmitieron toda la información necesaria para el enredo, también fueron enviadas desde Armenia telas y otros materiales para los disfraces. El director de Rosas  y otros directivos fueron invitados por una empresa armenia a viajar a nuestra patria para conocerla y conectarse con la esencia de nuestro pueblo. Fue realmente un trabajo en equipo.

La repercusión fue maravillosa tanto en el público como en los medios de comunicación. La letra es hermosa y muy fácil de cantar, entonces mucha gente ya la conocía de antemano. Además los sambistas colocaron como nombre del samba “Viva Hayastán” especialmente como estrategia para que los espectadores tuvieran curiosidad y desearon saber que significa Hayastán y de esa forma conocieran más sobre nuestra cultura e historia nacionales. La televisión de San Pablo se ocupo mucho de Viva Hayastán, fue algo magnífico.

Muchos armenios de Brasil participaron del proyecto. Unos cuatrocientos tomaron parte del desfile, más los que fueron a presenciar el espectáculo al sambódromo. Sé que viajaron algunas compatriotas de otros países para desfilar pero no tuve contacto, porque en ese momento cada uno estaba en grupos diferentes y no nos encontramos. El carnaval de Brasil es un evento muy conocido internacionalmente. Había algunas personas de España y Colombia también en el grupo. Conocí armenios que viajaron de otros estados (aquí los estados son como provincias en Argentina) para participar.

Fue una de las experiencias más inolvidables de mi vida. Mi novio Oswaldo me incentivó a participar. Al comienzo estaba un poco reacia porque creía que podía ser algo muy comercial o diferente a la esencia armenia. Pero realmente agradezco a mi compañero y a la gente de Rosas de Ouro que insistieron para que tome parte porque realmente fue un algo impecable.

Nosotros representamos a los guerreros de la Dinastía Urartu. Habían alas de Nairí, de las Madres Armenias (homenaje a las mujeres), de arte y música, de las comidas, los Fedaí, guerreros y otros, también carros representando el Arca de Noé, Adán y Eva, la Iglesia Armenia, los Santos y Santas, Mesrob Mashdotz. También representaron al Genocidio Armenio con un grupo de artistas que danzaban por el renacimiento de la nación (fueron preparados por un profesor de danza de Armenia). También un carro del Ave Fénix con niños armenios y brasileros representando el renacimiento de las cenizas. Hubo un carruaje especial para Charles Aznavour y muchas cosas más.

El show reveló la lucha de los armenios y cumplió su objetivo, ser vistos, homenajeados y abrazados como una Nación llena de Arte, Cultura, Alegría, Amor, Familia y Lucha.

Sentí que estamos vivos, sentí en cada “batucada” esa vibración que viene de la tierra, de mis raíces. Yo soy una armenia, que nació en la Argentina y que Brasil la abrazó para vivir. Como dice la canción: “Gané el mundo, el destino eligió así, un sentimiento más profundo, está guardado en mí. Tú eres el Sol que hace brillar mi sonrisa, reflejando el esplendor del paraíso, símbolo de fuerza y coraje. Dios llevó todo pecado en sus aguas. Estrofas de guerreros fascinantes, donde la vida tuvo otra chance”.

Somos semillas que la guerra dejó, hoy viviendo fuera de nuestra nación y mostrando al mundo que renacemos más allá del dolor. Hoy sonrío, bailo en nombre de ellos, hoy mostramos nuestra cultura con alegría y vida. Honro mis antepasados con profundo amor, recibo de ellos su coraje, fuerza, sabiduría, amor, luz, júbilo, resiliencia y fe.

Por mis abuelas Ana y Victoria y mis abuelos Miguel y Agop.

Por mis padres Maria Cristina y Oscar que me transmitieron amor por mi cultura.

Gratitud a la Escuela de Samba “Rosas de Ouro” por hacer este sueño realidad.

¡Viva Hayastán hoy y siempre! ¡Viva Brasil por abrir su corazón a nuestra bella comunidad!”

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