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San Carlos de Bariloche: Erudito homenaje al pueblo armenio

Reconocimiento, reparación y restitución

NeuquenEn la Municipalidad de Bariloche, disertó Julieta Ojunian, joven licenciada en Relaciones Internacionales que tuvo la chance de viajar a la tierra de sus mayores. También hizo su aporte el ahora fiscal de Cámara Martín Lozada, mientras que el autor de esta crónica sumó paralelismos desde la historia mapuche, el viernes 12 de junio. El estado de la situación a 130 años de su perpetración, aportes para entender el concepto desde las ciencias jurídicas y sociales, además de una mirada sobre el pasado de esta región, que también supo de genocidios…

Fueron algunos de los contenidos que pudieron escucharse en la charla que reunió en un mismo auditorio a Julieta Ojunian, Martín Lozada y este periodista de “El Cordillerano”, bajo el título de “Reflexiones acerca de los cien años de impunidad y negación del genocidio”. En relación al que tuvo lugar a partir de 1915, claro.

La organización corrió por cuenta de Christian Jivelekian, descendiente de armenios que reside hace tiempo en esta ciudad. Gracias a su iniciativa, pudo arribar la expositora a Bariloche, quien es licenciada en Relaciones Internacionales y coordinadora de la Cátedra Libre de Estudios Armenios, propuesta que funciona en la Universidad Nacional del Comahue (Neuquén), en particular en la Facultad de Humanidades.

Ojunian tituló su intervención como “(Re) encuentro con la Armenia real en búsqueda de reparación y justicia por las víctimas del Genocidio”. Ocurre que, según confió, tuvo la chance de viajar al territorio que actualmente está bajo jurisdicción armenia, donde pudo permanecer durante seis meses. En ese lapso, tuvo que confrontar la visión idealizada y romántica de la Armenia histórica, con la que existe realmente a comienzos del siglo XXI.

En primera instancia, la disertante confió sus impresiones al constatar que la Armenia de la actualidad tiene los mismos problemas que cualquier otro país, aunque hay que sumar el estado de tensión permanente que mantiene con Turquía y los problemas fronterizos que además sostiene con la vecina Azerbaidjan. Los memoriosos recordarán que años después de la caída de la Unión Soviética, la disputa con los azeríes pasó a mayores por el enclave de Nagorno Karabagh, conflicto que según Ojunian, tiene sus raíces en la política de Stalin de dividir para reinar, cuando la URSS trataba de explotar al máximo “la cuestión de las nacionalidades”.

Penurias económicas

La faceta económica de la realidad armenia se complica porque la rispidez con los vecinos se traduce en bloqueos. Éstos afectan severamente las posibilidades de un país cuya superficie equivale a la de Tucumán, según comparó la especialista. Si bien Ojunian avisó que no intentaba compartir una conferencia académica sino más bien vivencias personales que recogió en la tierra de sus mayores, aportó cuantiosos datos históricos para la comprensión de la problemática.

Explicó que el contexto confuso que supuso la Primera Guerra Mundial brindó al Imperio Otomano de entonces la oportunidad histórica de poner en práctica mecanismos genocidas, aunque en rigor, las persecuciones contra los armenios por parte de Turquía habían comenzado a fines del siglo XIX.

Pero desde ya el afán de exterminio pasó a mayores entre 1915 y 1923, cuando la población armenia disminuyó de 2 millones y medio de personas a sólo 300 mil. Las grandes potencias de entonces, callaron de manera vergonzosa ante las noticias que llegaban del este.

Por otro lado, Ojunian también compartió que pudo hacerse presente en Anatolia, región que si bien permanece bajo jurisdicción turca, forma parte de Armenia por historia y por la representación que los propios armenios hacen de su territorio.

De hecho, compartió constataciones sobre la arquitectura de las iglesias armenias, que aún sobrevive a pesar de la depredación para erradicar las antiguas construcciones de la civilización originaria.

Además trajo a colación que la cultura armenia es de las más antiguas en aquellas regiones tan convulsionadas y que fue la primera en abrazar el cristianismo.
En relación a la actualidad, recordó que referirse al genocidio que sufrió el pueblo armenio está prohibido al interior de Turquía, no sólo para los armenios sino para todos los habitantes de ese país.

Citó el caso del Premio Nobel de Literatura Orhan Pamuk, quien tuvo primero que pasar por los estrados judiciales y luego abandonar su país, por mencionar no sólo al genocidio que practicó Turquía contra el pueblo armenio, sino también por criticar la política de Ankara hacia los kurdos.

lozada1En la tarde del viernes, en realidad abrió las disertaciones el ahora fiscal de Cámara Martín Lozada (foto), dueño de una enorme erudición y portador de gran claridad a la hora de exponer, suponemos que por la práctica que otorga la docencia universitaria.

El ex juez puso de relieve la importancia de los sucesos que tuvieron lugar en 1948, cuando se precisó una definición jurídica de genocidio y se consagró en la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio.

No obstante, Lozada aclaró que existen fuertes controversias en relación a esa definición y que además, existen otros aportes desde las ciencias sociales, que no necesariamente coinciden con la mirada del derecho.

En definitiva, se interpreta como genocidio a los actos que tiendan a “destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal”.

Planteó el especialista que más allá de las dificultades de la definición, ésta se tornó operativa a partir de los 90, para interpretar los sucesos que tuvieron lugar primero en la ex Yugoslavia, luego en Ruanda y más tarde en el sur de Sudán, en cuyos casos tomó intervención la Corte Penal Internacional y al menos en parte, pudo penar precisamente, el crimen del genocidio. Justicia que el pueblo armenio persigue todavía.

A. M.

Realidad no extraña

En cuanto a una mirada desde aquí, el autor de estas líneas trajo a colación párrafos que escribió Francisco Moreno 30 años después de los sucesos que llamamos Campaña al Desierto, en los cuales admitía la tremenda e injustificada mortandad que provocó el Ejército argentino en sus ataques a las tolderías.

Además, compartió instrucciones expresas del general Villegas en las que ordenaba en más de una oportunidad “exterminar” a los “salvajes”, en particular durante la segunda expedición al Nahuel Huapí. Y puso de relieve la utilización del vocablo “desaparecidos” de la que se valía el mismo oficial, para explicar la diferencia que existía en las listas oficiales de bajas mapuches o tehuelches, entre otras consideraciones.

Fuente: “El Cordillerano”,
16 de junio de 2015.

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