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Telenovelas turcas en nuestro país: Cuando la mentira es la verdad

Hay una delgada línea entre la propagación con intenciones de transmitir un culto y la mera propaganda política. A esto último se dedica Turquía con sus telenovelas.
Canal 10 de la Universidad Nacional de Córdoba. Polémica por la primera novela turca en Argentina

Canal 10 de la Universidad Nacional de Córdoba. Polémica por la primera novela turca en Argentina

Desde la llegada al país de las telenovelas turcas, nuestra comunidad se encuentra enfrentada a un doble dilema: la indignación por un lado, el reflejo cultural por otro. Porque éste último es tal: desde la ocupación otomana en territorios de la Armenia histórica, unos trescientos años previos a la iniciación de matanzas y pogromos primero, finalmente el genocidio, turcos y armenios convivieron logrando una multiculturalidad muy particular. El mundo cristiano por parte de los armenios se mezclaba con los universos musulmanes de los turcos, cuestiones cotidianas del día a día se entreveraban en rituales como la preparación del café con la borra en los djezvbé de cobre, distintas expresiones se confundían entre los dos idiomas.

«Sé que no debería ver las telenovelas turcas, dice con gravedad Catalina Mahramatzian de Fatone (Takuhí para su familia), yo soy armenia y tengo muy presente nuestra historia y nuestro sufrimiento. Cuando veo novelado con un gran despliegue de escena en esos paisajes, que son nuestros paisajes, las costumbres que nos transmitieron mi madre y mi padre.  El concepto de familia y el respeto por los mayores, las costumbres, el café, el té, las comidas, Hasta los refranes, esa sabiduría de mi padre en particular, las veo reproducirse en las novelas y me emociona».

Podemos coincidir con la entrevistada, de ese espejo cultural nos referíamos al comienzo. Continúa: «Estoy alejada de la comunidad, casi no escucho hablar el idioma, me acerco a la comida armenia cuando vamos a comer a algún restaurante, y ver cómo las mujeres preparan el sarmá, me conmueve… Ese gran matriarcado con todas las mujeres de la familia cargo de todos los quehaceres y decisiones importantes, el patriarcado con nuestros viejos y su fuerza… Y eso me lleva a pensar que el pueblo es uno y el poder es otro. El pueblo se unía, convivía en paz. Mi papá, barón Vartevar, hablaba turco con fluidez, además de otros idiomas, y siempre recordaba al vecino turco que lo acogió en su casa. Tras el asesinato de su primera esposa y de su bebé del que fue testigo, este hombre lo hizo pasar por su jardinero y así logró sobrevivir para luego huir a Grecia. A veces lo pienso por los alemanes, el pueblo no era Hitler. Veo las novelas y veo Adana, el origen de mi mamá y mi papá, que para Turquía es territorio turco, para mí es Armenia. Nunca me voy a olvidar de lo que pasó. Y veo arte, cultura, eso lo separo y por eso las miro».

El debate entonces se dispara: ¿es una circunstancia política? ¿Ética, de principios morales? ¿Nacionalismos, (justificados) rencores? Probablemente sea una cuestión filosófica: habrá que apelar a interpretaciones ya visitadas por el pensamiento, reformularlas y volverlas a pregonar: ¿podemos estar de acuerdo con la emisión de un formato televisivo, que como tal, pues masivo, con la propagación y visibilización de una cultura que nos mató?

Eduardo Kozanlian un luchador incansable por las cuestiones armenias dijo consultado por esta cronista que «la maliciosa tergiversación de los hechos a través de las telenovelas turcas sorprende a los televidentes que creen en la buena fe de lo que se dice, ya que aclaran que está basada en hechos reales. No hablan de la matanza turca de cientos de miles de civiles griegos entre el siglo XIX y XX donde cerca de 500.000 griegos fueron deportados y de ellos muy pocos sobrevivieron. Recordemos también, sigue Kozanlian, la limpieza étnica de griegos y armenios de la ciudad de Esmirna en septiembre de 1922 por parte de los «patriotas» de Mustafá Kemal».

No es éste un informe sobre las telenovelas turcas, entre estas líneas no encontrarán títulos ni horarios de emisión, pero sí argumentaciones que interpelan inquietudes y dan muestra de una profunda disconformidad comunitaria.

Culebrones

¿Hay un lobby turco? ¿Podemos considerar la propagación de este formato una nueva manera de implementar chauvinismos?

Liliana Karagumechian, de la Asociación Cultural Armenia, había iniciado en forma particular un pedido en Change.org apelando a la cancelación de una de las primeras telenovelas turcas que se dieron en el país. No solo corría 2015 y nos enfrentábamos al aniversario número cien del Genocidio armenio, sino que la fecha de emisión elegida fue, justamente, el 24 de abril. Una provocación sin lugar a dudas. Entonces, la retórica propuesta se responde con un sí rotundo: sí hay un lobby turco en Argentina y en Uruguay y sí hay una intención de desplegar nacionalismos. No es casual que sean estos países los elegidos tampoco, todos saben de la importancia de nuestra comunidad desde hace poco más de cien años cuando la diáspora tuvo que asentar bases ya que los hijos de la patria estaban desparramados y perdidos por el mundo.

¿Cómo no sentirlo cual ofensa? ¿Cuántas veces más nos van a matar? Porque cada -nunca es pequeño- gesto, la falta de reconocimiento del Genocidio, la destrucción de nuestras iglesias hoy en su territorio, el negacionismo sin sustento, son maneras de volver a aniquilarnos.

Apelemos a otra problemática cuestionadora: ¿qué es una telenovela? Sabemos que una novela es un género literario que desarrolla una narrativa de ficción para provocar en el lector un deleite estético; repasar las hojas de un libro donde devorar la historia recreada para el disfrute del interpelado. El cine ha llevado, y lo sigue haciendo, a la pantalla muchos de los clásicos de la literatura universal y hasta nuevos best sellers que desbordan la lectura y queremos ver interpretados en la pantalla grande.

Ahora bien, esta configuración de ficciones llevados a la televisión (no en vano renombrada como una caja boba), historias melodramáticas siempre plagadas de barroquismos se centran en una historia de amor que recorre un sinfín de situaciones poco creíbles para, por lo general, acabar en un final feliz. Típicamente aunque no de modo exclusivo latinoamericana, la telenovela tiene primero un gran impacto económico: se invierten producciones millonarias ya que la exportación de la misma es un seguro vendido. El otro impacto y el que en definitiva nos importa: el cultural. Las temáticas rosas por las que naufragan estas telenovelas también son el núcleo de las turcas, aunque no se limita a eso.

Ni una menos

Contextualicemos complejidades e intereses: en tiempos como éste donde globalmente las sociedades están convulsionadas frente a las violencias y abusos sufridos por las mujeres. Las telenovelas turcas contrastan todo esto. Podríamos decir más «a nuestro favor»: mostrar ese machismo que desprende una sociedad -si bien con una apertura, no nos olvidemos que hasta no hace mucho tiempo apedreaban a las mujeres en su afán de acercarse más a una sociedad occidental- como la turca contemporánea, nunca los hará quedar bien a los ojos del mundo. Se debate la esfera turca entre despojarse de islamismos que arrastran desde los tiempos del Imperio Otomano y la presentación de, por ejemplo, una protagonista con título académico, intencionalmente independiente aunque con un marido que la doblega emocionalmente y la reduce a un ser frágil sin decisión propia. La violencia hacia las mujeres en Turquía tiene raíces antropológicas: siempre se ocupó el hombre de desestabilizarla emocional y psicológicamente. A partir de una serie de medidas frente a la violencia sufrida por las turcas, la Convención de Estambul y el Convenio del Consejo Europeo -tratados que Turquía firmó como miembro de del Consejo de Europa- estableció 130 hogares de acogida para mujeres golpeadas. Solamente 130, agregamos, porque las estadísticas de violencia doméstica son abrumadoras y se estima que son muy pocas realmente las que se atreven a denunciar. Esta Turquía tradicionalista eleva el culto al patriarcado a través de los denominados «crímenes de honor», que según Human Rights Watch son «Actos de violencia, usualmente mortales, cometidos por miembros masculinos de la familia contra miembros femeninos que se cree que han traído deshonra a la familia». Traducido, esto significa que la vida de la mujer está condicionada a obedecer las normas patriarcales sin más (existe una telenovela turca que lo representa sin miramientos ni segundas lecturas).

No comeremos perdices

Los discursos nacionalistas y las constantes apelaciones al «padre de la patria turca» no hacen más que reafirmar sus ancestrales posturas. Buscamos entre estas letras apelar a interpretaciones con fundamentos sociales, culturales e históricos, un refugio moral donde acordar o disentir, problematizar y discutir para así lograr un recorrido ético que ponga las piezas del tablero en su lugar, el de un juego justo donde ambas partes tengan la opción de avanzar. Los armenios no tenemos ese espacio, aún.

 

Lala Toutonian
Periodista
latoutonian@gmail.com

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Arménia y Diáspora