Testimonio de un alumno: La Asociación Educativa y Cultural Armenia Hamazkain filial Levon Shant y las clases de cultura e idioma armenio

11 de diciembre de 2019

Meses atrás me llegó la propuesta de un amigo, la idea de aprender el idioma armenio se hacía realidad. Espontáneamente, fue un rotundo “sí” en mi interior, es así que decidí, a mis cuarenta y cuatro años, siendo descendiente de armenios pero sin tener ninguna instancia cercana al idioma, “comenzar”. Intuyo que la espontaneidad y el entusiasmo tiene que ver con el hecho de saldar una cuenta pendiente, aprendiendo el idioma de mis abuelos.

Así fue que me acerqué al Club Vramian y Ana María se convirtió en mi maestra. Desde el comienzo, me sorprendí gratamente. Lo habitual es que el grupo de alumnos sea homogéneo. En general, sucede que la franja etaria y el género se mantiene dentro de ciertos rangos de acuerdo a la tarea. Aquí, inesperadamente, eso no sucedía. Entre los alumnos había hombres y mujeres, entre ellos una niña de 8 años llamada Manuela que acompañaba a su abuela y que más adelante se convertiría en una alumna más. Asistían, dato no menor, alumnos que no siendo de origen armenio, decidieron aprender el idioma y, en definitiva, conocer parte de nuestra cultura. Así fue que comencé las clases de armenio, con un grupo de gente variado, nada estructurado y con una calidez humana increíble.

Es indudable que mi nivel, en cuanto al conocimiento del idioma, es incipiente, pero eso no fue una barrera para mí. Si me plantean que evalúe mi progreso real, es cierto que no puedo mantener una conversación en armenio, pero puedo entender palabras así como algunas expresiones básicas. Ello no es limitante para mí, al contrario, estoy esperando al año próximo para continuar mi aprendizaje. La evaluación de todos modos es sumamente positiva. Aprendí mucho en estos tres meses no sólo sobre el idioma sino también de la cultura y tradiciones, pero también la realizo en base al grupo que me recibió y lo mucho que disfruté al asistir.

La maestra es algo a destacar. Le suelo decir así, más que por su profesionalismo y vocación, por su manera de enseñarnos el idioma; la forma de relatar sus experiencias en visita a nuestra patria, Armenia; la visión que compartió sobre diferentes temas y por encima de todo, maestra por la calidad humana que expresa a cada momento. Es así que el concepto que tengo de Ana María va mas allá que el de una persona que se limita a enseñar un idioma.

Si me preguntan cómo sigue esta historia, creo que en un futuro no muy lejano se vislumbra un viaje a la tierra de mis abuelos, recorrer los mismos lugares por los que ellos estuvieron, beber el agua de sus ríos (la misma que ellos bebieron) y conocer en definitiva el país que debieron dejar atrás para sobrevivir.

Aquí en el Uruguay, nosotros, los descendientes de armenios, supimos reconstruirnos y generar vínculos con todas las colectividades. Los invito a embarcarse en esta linda aventura de aprender el idioma de nuestros ancestros, sin restricciones de ningún tipo, porque valoro y celebro a todo aquel que se aproxime a nuestra comunidad, porque de ellos nos nutrimos todos.

Martín S. Manukian Kerdjelian

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