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Testimonio del pastor Ara Mkhitaryan

Iglesia Evangélica Congregacional Armenia

Testimonio-AráNací el 1 º de febrero de 1976 en Ereván, la capital de Armenia. Estoy casado con Mariam Sukiasyan y tenemos dos hijos, el mayor es Gor que tiene 15 años y nació en Armenia y mi hija Aní que tiene 10 años y nació acá en Argentina. Después de finalizar el servicio militar, trabajé por varios años en Armenia Airlines y como encargado de seguridad en una empresa turística.

Mis abuelos paternos y maternos eran de las ciudades de Mush y Sasún que están actualmente en Turquía y me trasmitieron, no solamente el sueño de poder un día caminar libremente por esas tierras, sino también atesorar los valores culturales y espirituales.

El pensamiento y la vida de la juventud en Armenia tiene sus lados buenos y malos, y yo tenía encarnados en mi vida ambos aspectos. Aquí en Argentina tuve la oportunidad de conocer a muchos armenios (tanto los nacidos aquí como los recién llegados de de nuestra patria).

Reconozco que por mis errores y el de algunos de ellos, me fui decepcionado de tal manera, que decidí mudarme a otra ciudad y vivir lejos para no tener más contactos con la comunidad.

Algunos decimos por suerte, pero yo ahora digo que por la voluntad de Dios, pude conocer a un grupo de armenios creyentes, que se congregaban en la Iglesia Evangélica Armenia “Santísima Trinidad” en el barrio de Flores.

En un primer momento tuvimos nuestras grandes dudas porque eran evangélicos (eran diferentes). Pero con el correr del tiempo, fuimos conociendo un poco más sobre sus prácticas y sus vidas. Relacionándonos un poco con ellos, entendimos porque eran diferentes, lo que predicaban y enseñaban lo vivían personalmente.

Quiero rescatar el amor, la paciencia y la perseverancia de ellos hacia nosotros. Por eso creo que todos los que queremos ayudar a los armenios recién llegados, debemos tener el espíritu y el carácter del Padre del Hijo Pródigo.

Conociendo más sobre Dios y de los valores cristianos, entendí que eran los mismos valores y la misma fe de mis antepasados. Pedí perdón a Dios por alejarme de Él y de mi pueblo que amaba tanto y Dios me regalo un amor diferente e inexplicable por mi pueblo y por todos los seres humanos.

Después de un tiempo, sentí que Dios tenía un propósito para mi vida, y fue muy fuerte su llamado a prepararme para llevar nuestros valores y el Evangelio precioso de Jesucristo al pueblo armenio y a todas las personas de este mundo.

Después de rendir las equivalencias del nivel secundario y revalidar mi título terciario de Armenia, me inscribí en un Instituto Teológico Internacional para poder capacitarme y prepararme para servir a Dios y a mi pueblo de la mejor manera. Después de cinco años de estudios recibí mi título oficial de Orientador Superior en Teología, con orientación Pastoral / Misionero.

Actualmente junto con otro pastor estoy pastoreando la Iglesia Evangélica Congregacional Armenia “Santísima Trinidad”. También, junto con miembros de la Iglesia, tanto armenios como argentinos, están participando cuarenta armenios llegados recientemente al país y tengo fe que esas personas y muchas más, van a conocer los valores, y que va a ser recuperada su identidad, para vivir como cristianos armenios integrados en la comunidad.

Mi esposa trabaja actualmente como docente enseñando el idioma armenio en las escuelas de San Gregorio El Iluminador y Marie Manoogian.

Hoy los armenios que vivimos libres y lejos de nuestra tierra ¿luchamos para poder seguir guardando la cultura y el idioma que heredamos de nuestros antepasados?
Padres y madres armenios, tenemos una enorme responsabilidad de crear un ambiente representativo de nuestra identidad para que nuestros hijos puedan valorar y aprender el idioma, la historia, la música y el arte armenio, los cuales ocupan un lugar muy importante para combatir la desaparición de la identidad y cultura armenia.

El testimonio de nuestros antepasados nos muestra que solamente teniendo fe y viviendo conforme a la voluntad de Dios pueden cumplirse estos deseos.

Hijo mío, escucha la instrucción de tu padre y no abandones la enseñanza de tu madre, pues serán para ti un bello adorno: como un collar o una corona.
Proverbios 1:8, 9

Lic. Ara Mkhitaryan
Pastor

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