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Reseña literaria: La tierra empezaba a arder - Último regreso a Siria, de Cynthia Edul (Lumen)

«Último regreso»: último como despedida, regreso como vuelta. Y la tierra siempre arde en el desierto. Este diario, esta crónica de viaje a Siria por parte de la autora junto a su madre apenas unos meses antes del estallido de la guerra, relata un conflicto familiar en el marco de una realidad política represiva del régimen sirio. Pero esto es apenas el marco que con tan precisa y cuidada atención, Edul se embarca en contar una historia que carga con el peso de miles de años.

“Un hombre me empujó con un carrito, pensé que no me había visto. Me corrí, lo dejé pasar. Pasó él, su mujer cargando un bebé, dos chicos que corrían más atrás. Ella tenía el pelo y el cuerpo cubiertos, la tela era gris. Su rostro sin rastros de cansancio, los chicos me empujaron, me corrí un poco más. Es la otra fila la nuestra, dije al único interlocutor que me podía comprender. Mi madre me miró. La otra, no esta. Ella no se movió. Un hombre me empujó con el codo, me dijo algo que no entendí, la miré a mi madre a ver si ella había logrado entender algo y ahí me di cuenta de que el pase por migraciones y el ingreso al país nos iba a llevar mucho más tiempo del que nos habíamos imaginado. En esa milésima de segundo que duró nuestro intercambio dubitativo, el hombre me dio un segundo codazo y me sacó de su camino. Tan simple como eso. Agarré a mi madre del brazo y nos cambiamos a la otra fila, que parecía ser la de no residentes. Avanzaba lento. Las mujeres cargaban a sus hijos, otros corrían mientras sus padres esperaban para hacer los trámites de ingreso. La luz era baja y afuera todavía era de noche. Tapate un poco los brazos, dijo mi madre. Obedecí sin pensar demasiado en la orden, que parecía venir madurando desde que habíamos salido de Roma. Tapate un poco. Me puse un saquito de lana fina. Así, yo también entraba a la paleta cromática que nos rodeaba, todo un poco gris y un poco negro. La fila avanzaba lento, solo unos pasos quietos. Eran las cuatro y media de la mañana, la iluminación era tenue y hacía calor. Pocos pasos más. Los chicos corrían o lloraban, los padres soportaban, la sumisión era absoluta. Era un aeropuerto antiguo, sería de la década del treinta y no parecía haber sufrido ninguna refacción en todos esos años. El tiempo pasaba y los gendarmes iban y venían. Está así la cosa, dijo mi madre. ¿Cómo? ¡Está fuerte la cosa! En una de las paredes, un cuadro, una foto gigante con marco dorado del presidente actual, Bashar al-Assad, el hijo del último presidente, Hafez al-Assad, que había gobernado Siria durante veintinueve años. El presidente era un hombre joven, vestía de traje. Lo señalé. Mi madre me hizo una seña, como diciendo, no señales nada o ni se te ocurra abrir la boca”.

Así comienza esta novela que con cadencia y en tiempo real cuenta el viaje a Siria en 2010 unos meses antes del estallido de la guerra -espantosa como todas-, para reencontrarse con su familia. ¿Cuáles son los valores narrativos de este texto? Todos y cada uno de los relatos que lo conforman. Edul relata en un idioma personal, claro, íntimo, las desavenencias culturales, Oriente versus Occidente, el espacio de la mujer. ¡Qué importante el espacio de la mujer en este libro! No así en la tierra ancestral de la autora. Los personajes más destacados son mujeres, como bien dijo Claudia Piñeyro en la presentación de La tierra… en la librería Eterna Cadencia.

El desierto al que hace alusión en el título y que tan precisamente se describe en el libro es el desierto que tan bien conocemos los armenios: por igual fue el que salvó a tantos que lograron llegar a Aleppo o fue testigo del último suspiro de muchos. Piñeyro también hizo alusión a los armenios que besaron esa bendita tierra siria.

“La Siria que vos conociste ya no existe más”, repite como mantra la tía, con pesar, sin esperanza de volver a ser la Siria que todos queremos. La mirada de este familiar, una mujer argentina, da cuenta de la incomodidad de los personajes: una sucesión mal avenida justamente para no beneficiar a las mujeres.

¿Por qué es importante este libro para nuestra cultura? Porque sigue relatando una historia común con los hermanos sirios, por la hermandad de la que fuimos receptores cuando nos echaron al desierto. Cynthia Edul trata con maestría dos o tres tópicos que nos han sido conferidos: las diferencias culturales con los nuestros propios, el genocidio, esa masacre feroz que sufre el pueblo sirio, y la condición de la mujer. Un libro que es un viaje para todo aquel que lo tome entre sus manos, sobre todo para los que sabemos, conocemos ese devenir.

Edul es dramaturga y directora de teatro, licenciada en Letras y en Dramaturgia, además de profesora de Teoría Literaria y dirige el Taller de Proyectos Culturales en la Universidad Nacional de Hurlingham. En 2009 creó junto con al director del Cervantes Alejandro Tantanian, la plataforma de dramaturgia contemporánea Panorama Sur. Es representante por Latinoamérica de la red Shared Spaces, que reúne a artistas de África, Asia, Medio Oriente, Europa y Latinoamérica para el desarrollo de las Artes del Sur. Es autora de obras de teatro y dos novelas.

Lala Toutonian
Periodista
latoutonian@gmail.com

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