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Un cambio necesario

Declaración

7_escudo-FRAHablamos constantemente de los cambios que viene experimentando el mundo en que vivimos. Nos sentimos en crisis y percibimos que nuestro mundo se transforma. Crisis y cambio se convierten en conceptos ineludiblemente unidos.

El mes pasado Armenia vivió una de las más graves crisis en los últimos años, cuando un grupo armado autodenominado Sasna Dzrer, que es una expresión típica armenia que se traduce en algo así como los “locos” de Sasún (derivado de una homónima epopeya de la Edad Media), tomaron una comisaría en Ereván y exigieron la liberación de su líder, Yirair Zefilian, ex combatiente de Karabagh, transformado en opositor al gobierno, a quien las autoridades habían arrestado por posesión de armas, y por pedir la renuncia del presidente Serge Sarkissian acusándolo de querer entregar los territorios liberados a Azerbaiyán.

Un sector minoritario de la población se movilizó en apoyo a las demandas del grupo armado, mientras distintas fuerzas políticas, incluyendo personalidades influyentes de Nagorno Karabagh, intermediaron para evitar mayores daños.

Mientras es claramente repudiable el método que usó el grupo armado para expresar sus demandas, la movilización social generada durante la toma de la comisaría merece una reflexión por reflejar un malestar que probablemente va más allá de las demandas y los objetivos declarados de la operación.

La desconfianza y la decepción de un sector de la población con el funcionamiento real de la democracia se registra de diversas formas y no es difícil imaginar, que en economías más deterioradas y que no generan empleos e ingresos, las consecuencias que se irán germinando son socialmente peligrosas para la viabilidad de un país.

La legitimación de los gobernantes siempre va disminuyendo a medida que la sociedad es más desigual y debido a su ineficiencia para generar respuesta a los problemas sociales existentes.

A todas las incertidumbres locales, tenemos que sumar la internacional, donde muchos poderosos están más dispuestos a dividir y destruir, que a encontrar caminos cooperativos y trascendentes que mejoren las perspectivas de bienestar para nuestro pueblo.

Lo vemos claramente en el conflicto de Artsaj, que además tiene sus consecuencias en Armenia, las dos Repúblicas sufren un estado de amenaza permanente en el aspecto bélico, transformándolas en más vulnerables con la consecuente repercusión directa y negativa en la vida de la gente.

Para la FRA, la seguridad y el resguardo de la integridad de los territorios de Artsaj y de Armenia son una parte irrenunciable de nuestras prioridades y objetivos como Nación.

Respetar la protesta no es fácil y merece atención, especialmente si dentro del grupo de quienes manifiestan hay ex combatientes que han demostrado cabalmente su patriotismo por la Nación y que esperamos tengan un trato adecuado por los hechos que cometieron. Implica ponerse en el lugar del otro, sin denigrar a los ciudadanos que, como suele ocurrir, se suman a la protesta pensando que están haciendo algo bueno por su patria. 

Sin embargo, creemos que no es conducente la forma que utilizaron para llevar adelante su protesta: violando las leyes del estado, tomando las armas como método para “solucionar” la crisis, pidiendo la renuncia del presidente cuando todavía ni siquiera está implementada la reforma constitucional, provocando muertos y heridos hasta poner en riesgo la paz social. pensamos firmemente que no es la fórmula para resolver las cuestiones en Armenia.

A veces, en una sociedad, cuando la dificultad está concentrada en la complejidad de las situaciones o en lo riesgoso de las mismas, lejos de generar descontento, puede funcionar como un efecto que la transforme en una fuerza positiva. El último ejemplo de la guerra de los cuatro días de Artsaj es una muestra clara de esto.

Estos hechos pueden generar una comunión que posibilita gestas impensadas e inigualables. Lo sabemos y lo hemos vivido.

Ahora, cuando está tan expuesto el doble discurso del sacrificio sólo para algunos sectores, el postergar cuestiones sociales constantemente porque existen otras con mayor importancia que las ponen en espera, mientras que por otro lado la corrupción económica y política es la que parece ganar la pulseada dentro de la conducciones, el efecto no sólo sería de frustración en la sociedad de Armenia, sino que puede llegar a producir el mismo resultado en aquel pacto tácito que ha depositado la confianza en la Diáspora y que ha sabido construir por décadas, con más éxitos que fracasos, puentes entre su realidad y la de la Madre Patria.

Cuando pedimos responsabilidad a los ciudadanos en cuidar las formas democráticas de sus reclamos, y que sean los canales institucionales los que se utilicen para no vulnerar la construcción de una joven República, también debemos pedirle mucha más responsabilidad a quienes conducen  los destinos de la gente, porque el pedido unilateral de esfuerzo, ética moral, compromiso, trabajo y lealtad a la patria, en un tiempo más próximo o lejano, se termina erosionando.

Para algunos fue una expresión de su desilusión frente a la actualidad socio-económica del país, y probablemente por estar decepcionados con el gobierno de Serge Sarkissian, del cual formamos parte desde el mes de abril, con tres ministerios, el de Economía, el de Educación y el de Desarrollo.

Si bien podemos comprender y compartir en parte esos sentimientos, no podemos guiarnos con las emociones, y no debemos ver en este hecho un rechazo al gobierno como órgano de administración de los recursos y el poder estatal. Debemos ser muy claros y cuidadosos  con estos conceptos.

Las respuestas a las crisis son opciones políticas, y desde la FRA las impulsamos a través de muchas medidas, entre las que se destaca en los últimos tiempos la reforma constitucional, en donde el poder se traslada desde la figura del presidente hacia la gente a través de mayor injerencia en el Parlamento y con una mejor supervisión en las elecciones, y también impulsamos definiciones políticas a través de la realización de cambios para lograr un Poder Judicial independiente.

Las decisiones políticas que no priorizan la justicia social generan más desigualdad, generan el éxodo de compatriotas y más pobreza, y debemos exigir que las cosas ya no se deben hacer del modo en que hacían.

Pensar que el “remedio” al desorden y desconfianza actual provoque como consecuencia más concentración de los poderes, más exclusión, mas verticalidad y represión, para, de ese modo, intentar mantener el antiguo sistema de relaciones sociales, es exactamente lo que no se debe hacer.

Como sudamericanos sabemos muy bien lo que significa la fragmentación social y la desigualdad provocada por la concentración de la economía y la oligarquía existente, y también sabemos que cuando la economía no genera desarrollo social, es una de las peores formas de provocar la inestabilidad e inseguridad de una Nación.

Creemos que es necesario que la ciudadanía que está realmente preocupada se comprometa a trabajar por un nuevo paradigma, mucho más rico en lo social y, sobre todo, más justo y equitativo. Este es nuestro gran desafío como FRA-Tashnagtsutiún, y tratamos, con nuestro trabajo comprometido, de hacer un aporte para lograr estos objetivos.

Es posible actuar colectiva y políticamente, provocando un cambio cultural para erradicar la corrupción definitivamente.

La justicia, la inclusión social y la representación política deben ser temas recuperados por todos los actores políticos y, especialmente, por el gobierno en el corto plazo, dando señales concretas de aprendizaje y cambio en favor del pueblo.

 

Farm. Yanik Ketchian

Representante de la FRA-Tashnagtsutiún en Sudamérica

 

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Argentina
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