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Reportaje a Nayat Karaköse, miembro de la Fundación Hrant Dink

Dink-1En la figura de Hrant Dink simbolizamos la lucha y la sangre del pueblo armenio. Su muerte, tan significativa como su vida, perpetrada diez años atrás por un joven nacionalista turco, resultó ser el grito más escuchado. La socióloga Nayat Karaköse es la coordinadora de actividades de la Fundación y está cargo de la creación de un espacio de memoria donde valorar la obra de Dink. Para ese proyecto visitó Buenos Aires.

El pasado miércoles 10 de diciembre acompañamos a Nayat Karaköse junto a Pablo Kendikian en su visita a la exESMA. El día anterior había recorrido los centros clandestinos de detención El Olimpo y Orletti junto a la historiadora Nélida Boulgourdjian. Venía de ver lo propio en Ucrania, Sudáfrica, Estados Unidos y al día siguiente viajaría a Chile con la misma intención.

Preservar la memoria es fundamental desde el momento en que todo genocidio es político. Un pueblo diezmado no solo se enfrentará a un cruento choque de nacionalismos sino que generará comunalismos.

En “El idioma de la identidad” de Vincent Descombes se lee que el comunalismo se parece mucho al nacionalismo pero no se confunde con él dado que entiende fundar la unidad política del grupo en la “religión del grupo” más que en la adhesión libre de los ciudadanos a sus instituciones políticas. Es decir, el comunalista acordará una lealtad a la comunidad religiosa y no a la de nación (de momento que no hay tal nación si nos ajustamos a su definición jurista: una nación es un grupo de personas unidas por voluntad compartiendo atributos como el territorio).

Entonces, la memoria es parte creativa de una nueva identidad donde los valores individualistas se expresarán de manera política.

Cuál es la presencia armenia en Turquía, será la eterna retórica del armenio diaspórico: “Tenemos diecisiete escuelas armenias y treinta y cuatro iglesias activas solamente en Estambul”, empieza contando Karaköse, “Aunque la Fundación no forma parte de las instituciones armenias. Somos libres”, remata.

Experta en DDHH, la socióloga armenia trabaja en la Fundación Hrant Dink a partir de su admiración por la labor del periodista: “Dink era antes de un militante de los DDHH y un gran periodista, padre, abuelo, un hombre inmenso que nunca se quejaba. Para él, la postura de Turquía no era negacionismo sino falta de conciencia y creía que había que crear una plataforma para poder trabajar juntos. Estaba convencido que había que cambiar los pensamientos y nunca apelar a los nacionalismos”.

De los temas más sensibles, resulta el de los turcos que se descubren con pasado armenio: “Se acercó un hombre de origen turco que había descubierto que su familia original había sido armenia cuando el Genocidio. Investigó su propio caso, se bautizó y se convirtió al cristianismo. Feliz con su nueva identidad, tuvo que enfrentarse a su propia familia que lo rechazó. Cuando llegó a la Fundación estaba devastado: ni sus amigos lo aceptaban. Como él, están empezando a surgir muchos casos y tenemos que trabajar para ver cómo lidiar con estas situaciones”, cuenta Nayat Karaköse.

Dink-3Las actividades de la Fundación son múltiples, entre las que destacan los premios Hrant Dink (entregados durante el mes de septiembre en el aniversario del nacimiento del periodista) otorgados a diferentes personalidades internacionales por su labor humanitaria en áreas de violación de derechos de minorías étnicas, religiosas y LGBT, integrados por un jurado de intelectuales de diferentes corrientes de pensamiento. Pluralidad ante todo: entre las personas que colaboran con la Fundación hay gente de origen turco, armenio, kurdo y griego.

El cambio: “Mi propio entorno personal antes de la muerte de Hrant Dink no me preguntaba sobre mi origen armenio o lo que refiriera a nuestra historia: eso ya cambió aunque perdura un viejo miedo de las antiguas generaciones. Desde la Fundación hacemos más accesible ese cambio: no se puede culpar a quien no sabe”, remata decidida Nayat.

Después de esta entrevista otorgada en el Restaurante Armenia y tras las fotos de rigor, Karaköse se reunió en el Arzobispado de la Iglesia Armenia con los representantes de las distintas instituciones de la comunidad donde destacó las funciones de la Fundación y la importancia de la militancia de una vida como la de Hrant Dink. Con su mejor semblante también respondió a las diferentes inquietudes de los allí apostados.

“Podremos enfrentarnos cuando tengamos los instrumentos creando más estudiosos y académicos. Nosotros armamos laboratorios de democracia para los medios, arte, diseño, etc. También funciona como escuela, dictamos clases de idioma armenio, por ejemplo; contamos con programas culturales de herencia griega, asiria, turca, etc. Contamos con una biblioteca con 6.000 ejemplares en muchos idiomas pero queremos llegar a los 25.000 libros y la digitalización de esta misma biblioteca. Además, funcionamos como editorial ya que contamos con veinticinco libros publicados en turco, armenio e inglés”, relata la socióloga.

Hrant Dink tenía cincuenta y tres años cuando fue asesinado en la puerta de la redacción de Agós, el semanario de donde era jefe de redacción. A través de su labor periodística, su intención era acercar las dos partes que lo formaban: su vida como ciudadano turco y su origen armenio. Muestra de eso fue, como destaca Karaköse “La solidaridad turca: para su funeral tomaron las calles por un tramo de siete kilómetros reclamando justicia”.

Defensor acérrimo de la paz como resulta un pueblo abatido por la violencia, el diálogo es el único medio. Definamos términos: quizá el concepto de libertad de unos no coincida con el de los otros, lo mismo el de justicia. Entonces, una vez establecidos los valores, se llega a la comprensión. 

Apelar a los monoculturalismos nunca dio resultado, la apertura de Hrant Dink, su obra, su vida y su muerte dan prueba de eso.

Lala Toutonian*

*Periodista de Cultura, correctora, editora, traductora de inglés y gestora cultural. Publicó artículos en Perfil, La Nación, Clarín, Playboy, La Agenda de Buenos Aires, Infojus, Diario Armenia, DMag, ULI, Panamá, UltraBrit y otros medios. 

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