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Un tema doloroso y polémico: Subrogación y paternidad en Armenia

Kushane Chobanyan - EVNReport

“El momento en que conocimos a nuestro bebé fue algo extremadamente emocionante”, confiesa Ani, cuyo hijo nació con la ayuda de una madre sustituta. Cuando ella lo vio por primera vez, su viaje de nueve años para tenerlo transcurrió como una película delante de sus ojos. Junto a su esposo, ahora esperan a su segundo hijo, que también llegará con la ayuda del alquiler de vientres. Juntos, sueñan con tener cinco hijos y contarle a cada uno la historia de su nacimiento.

Alquiler de vientres 1

Tomar la decisión y encontrar a una mujer que acepte ser madre gestante no fue un trayecto fácil. “Creemos firmemente que ser una madre sustituta es una misión única. Cuando tomamos la decisión de encontrar a una, nos dimos cuenta de lo difícil que es el proceso en nuestro país”, comenta Ani, quien explica que hay agentes especiales que ayudan a las parejas que no pueden tener hijos para encontrar mujeres que se presenten como voluntarias. Sin embargo, ellos no lo hicieron por este medio: “Uno de nuestros familiares nos habló de una mujer que lo había hecho una vez y dio a luz a un niño sano. Nos dijeron que era muy responsable, por lo que nos reunimos con ella y la elegimos”.

Ani y su esposo mantienen buenas relaciones con la mujer que dio a luz a su hijo. Ella se ha convertido en parte de sus vidas. “Nunca temí que se negara a darnos nuestro hijo porque eso está estipulado en la ley”, confiesa. “Pero para mí, las normas no eran importantes, porque la conocí muy bien. Estuve con ella durante los nueve meses enteros”. Le alquilaron un apartamento, le dieron ropa y zapatos de invierno e incluso fueron de compras para el bebé. “Tenemos una buena relación con ella y espero continuar así porque siempre estaremos agradecidos con lo que hizo por nosotros”.

La subrogación de vientres es una tecnología de salud reproductiva en la cual el embrión se concibe a través de la fertilización in vitro (FIV) y luego se trasplanta a una mujer que lo portará. El embrión se concibe utilizando el óvulo y el esperma de los padres que encaran el proceso. Según la ley armenia, las mujeres de 18 a 35 años de edad, que pasan con éxito todos los exámenes médico-genéticos necesarios, pueden alquilar sus vientres.

Hasta 2002, la Ley de Salud y Derechos Reproductivos estipulaba que las mujeres portadoras también podían ser donantes de óvulos. Sin embargo, en 2012, la normativa fue modificada y ahora se impide. Esto significa que bajo ninguna circunstancia esta última puede exigir al niño que dé a luz porque pertenece genéticamente a sus padres biológicos. Los párrafos 9 y 10 del artículo 15 de la Ley establecen claramente que quien presta su vientre para el embarazo no tiene derechos sobre el niño, ni tampoco responsabilidad para con este.

El artículo 18 de esta misma normativa contempla que cualquier información relacionada con las tecnologías de apoyo a la reproducción es confidencial. La información solo puede proporcionarse con una orden judicial. Cabe señalar que este punto también prohíbe la determinación del sexo del niño. Indica claramente que durante el uso de tecnologías de apoyo a la reproducción, la determinación del sexo está prohibida, excepto en los casos en que los problemas genéticos específicos de un género pueden afectar la salud del niño.

Narine (decidió dar otro nombre) se ha convertido dos veces en madre sustituta. Está casada y tiene hijos propios. Su esposo tuvo que darle un permiso por escrito para que ella pudiera hacerlo (de acuerdo con la ley armenia, una mujer casada debe tener el consentimiento de su marido en estos casos). Ella ha dado a luz a bebés saludables y ha recibido el dinero acordado con las parejas.

“Lo que hice por esas parejas no es una inmoralidad de la que avergonzarse”, confiesa. “Dios sabe que he hecho nada malo, solo los ayudé a tener bebés, les di la felicidad que han luchado por encontrar durante muchos años”. Según afirma, renunció al niño fácilmente porque sabía que no era biológicamente suyo. “Mi familia me ha apoyado mucho y esto es lo más importante para mí”, señala.

Anna Khachatryan, ginecóloga y especialista en salud reproductiva en el Centro Médico Shengavit en Ereván, cree que la ley es bastante superficial y le faltan muchos párrafos importantes que regulen las relaciones entre la pareja y quien alquila el vientre, así también como los derechos de ambas partes. “No hay nada que estipule que sucede si el bebé nace con problemas de salud y los padres biológicos se niegan a llevarlo”, explica la especialista. “Mi experiencia ha demostrado que las mujeres en Armenia eligen ser sustitutas principalmente debido a su situación económica”. Según la médica, la subrogación en el país es relativamente barata, ya que ronda entre los 20 y 30 mil dólares, mientras que en otros estados, los servicios pueden llegar a 100.000 dólares. Pese a estos montos más bajos, las mujeres en Armenia eligen ser sustitutas para ayudar a aliviar la presión financiera en sus propias familias.

Cuando el dinero pasa directamente entre manos, se lo conoce como subrogación comercial, es decir, cuando se paga a una sustituta para tener al niño. También hay una subrogación altruista, en la cual la mujer que presta su vientre no recibe una compensación monetaria, y los padres previstos solo cubren los gastos reales de su bolsillo. En los acuerdos de este último tipo, la madre gestante suele ser una persona cercana de la pareja. Algunos países, como Francia, Alemania, Italia y España, prohíben todas las formas de subrogación, mientras que otros como Australia, el Reino Unido y Dinamarca solo permiten la altruista.

En Armenia, donde ambas prácticas están reguladas por la ley, una mujer puede recibir dinero para dar a luz a un niño de una persona o una pareja siempre que haya un acuerdo firmado entre las partes (Artículo 18, Párrafo 11). El o los padres biológicos cubren todos los costos relacionados con el embarazo, el parto y las complicaciones establecidas por los documentos médicos. La parte que brinda su vientre determina el monto de la compensación que recibirá luego de la entrega del niño.

Khachatryan asegura que cuando nace el niño, este es dado de inmediato a los progenitores. “Sin embargo, a veces, la pareja quiere que el niño sea amamantado por la propia madre sustituta”, observa, pero agrega que estos casos son raros.

De acuerdo con la doctora, la mujer no obtiene un pago por adelantado, sino que recibe la cantidad completa solo después de dar a luz a un bebé sano y luego de que el análisis de ADN confirme que es el hijo biológico de los padres previstos. “La mayoría de las madres sustitutas que he conocido tienen preocupaciones por tener un embarazo saludable y dar a luz a un niño sin problemas de salud, para recibir su dinero. Hacen todo esto por motivos económicos”. Estas preocupaciones se justifican porque si algo sucede y si por alguna razón los padres se niegan a llevar al niño, entonces la mujer en cuestión se queda sin nada.

Ante la pregunta de qué sucedía si, por alguna razón, una mujer da a luz a un niño sano pero ella muere, la especialista confiesa que no tiene una respuesta: “Es por eso que hay muchas partes de la ley que deben ser revisadas. Si la madre sustituta está casada, supongo que el dinero va a su esposo o a algún miembro de la familia, pero si no, no lo sé, no hay nada relacionado con esto en la normativa”. El médico sabe que si el niño muere, quien presta el vientre no recibe ninguna compensación porque, según el acuerdo, se debe entregar un hijo sano a los padres.

La ley armenia permite que individuos, parejas casadas e incluso ciudadanos de países extranjeros soliciten este procedimiento. El médico tratante debe ser informado de que el bebé que lleva la mujer gestante no es suyo y tiene padres biológicos. “Hay casos en que estos pretenden conocer toda la información sobre quien da su vientre, pero aun así eligen no reunirse con ella”, explica Khachatryan y agrega que, si bien entiende que es una elección, esto presenta algunas dificultades, ya que toda comunicación se realiza a través de una tercera persona. “Es extremadamente importante acompañar a la madre sustituta al médico, a cualquier análisis durante el embarazo, seguir su dieta, etc. Igualmente sigue siendo su decisión”, dice.

Los acuerdos entre las partes varían según el médico. A veces, los padres pretendidos otorgan un pago mensual, de 150 o 200 mil drams a la subrogante, mientras que a veces la invitan a vivir con ellos durante el embarazo o le proporcionan alimento, ropa, etc. El proceso es muy individual.

Si bien las tasas de infertilidad parecen estar disminuyendo en el país (en el 2000 se estimaba en casi el 32%), sigue habiendo muchas personas que luchan contra este padecimiento (cifras no oficiales sugieren que alcanza al 15% de la población, sin embargo, desde 2014, no existen guarismos verificados).

Según la Organización Mundial de la Salud, la infertilidad es “una enfermedad del sistema reproductivo definida por el hecho de no lograr un embarazo clínico después de 12 meses o más de relaciones sexuales no protegidas”. La Dra. Anna Khachikyan, dice que cuando las parejas no pueden concebir un hijo después de un año, deben buscar atención médica. Ella aconseja que tanto el hombre como la mujer sean examinados. “Hay un malentendido en la sociedad armenia de que solo las mujeres son responsables de la infertilidad”, explica. “La infertilidad puede tener dos razones: masculinas y femeninas, y las masculinas se han vuelto bastante comunes recientemente”.

En este punto resalta que la mayoría de los hombres en Armenia se niegan a aceptar que podrían ser infértiles. “Es solo después de obtener información y entendiendo que quieren hacer felices a sus esposas que van al médico”, comenta la médica, quien agrega que una vez que se determina que todo está bien por el lado del hombre se pasa a buscar el motivo de la infertilidad en la mujer.

En Armenia, hay una actitud generalmente negativa hacia las mujeres que deciden convertirse en madres sustitutas. A nivel mundial, existe controversia sobre la subrogación que involucra el intercambio de dinero, algunos la describen como venta de bebés y un vehículo para la explotación de las mujeres pobres. Debido a las continuas dificultades económicas en Armenia, los legisladores y los profesionales de la salud deben abordar los problemas de la legislación actual, que pueden dejar a las subrogantes en una situación de vulnerabilidad.

Sin embargo, una cosa es irrefutable: muchas parejas que enfrentan el dolor de la infertilidad experimentan la alegría de la paternidad gracias a las mujeres gestantes.

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