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Una dosis de endorfinas por partida doble

Casa de Descanso de HOM

Casa-de-Descanso-de-HOMPoco tiempo atrás leí en el diario “Clarín” un artículo sobre los efectos positivos de la solidaridad. Esta acción- la empatía con el otro- que brinda felicidad al que la práctica se ha convertido en objeto de estudio científico que comprueba que el dar –no sólo dinero- activa en nuestro cerebro las áreas asociadas a los mecanismos de recompensa.

En las universidades de Berkeley y Michigan encontraron que los ancianos que eran solidarios vivían más que los que no lo eran. Informa el Dr. Facundo Manes que al hacer donaciones se liberan neurotransmisores como la dopamina y las endorfinas a nivel cerebral que hacen que sintamos una gran alegría.

Pero mucho antes que la ciencia nuestro Señor Jesucristo nos legó dos mandamientos en los que no tenía cabida el odio: el primero “Amarás al Señor tu Dios  con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente; y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a tí mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.” (San Mateo 22: 37-40)

Ahora bien, si nos detenemos un minuto para analizar cómo fue posible que de una nación diezmada por el atroz genocidio perpetrado por los turcos y desperdigada sin recursos materiales, por los cuatro vientos, surgió y progresa sin cesar la diáspora armenia, comprenderemos que fue básicamente su esencia cristiana la que posibilitó este milagro.

Las nuevas generaciones descendientes de esos mártires somos privilegiadas por pertenecer a una colectividad, por tener raíces a las que aferrarnos, por tener tradiciones, cultura ancestral de la que enorgullecernos, grupo social con quien departir y compartir.

Y como sucede en cada edición de un mismo libro, nos corresponde a nosotros corregir y ampliar dicho trabajo. Esta labor que es colectiva, se compone de la acción individual mancomunada.

Si lo sentimos en nuestra esencia y estamos predispuestos para la empresa, las ocasiones surgen solas. No importa el nivel económico que uno tenga.

Esto es lo que nos sucedió a mi esposo Juan y a mí en ocasión de una visita a la Casa de Descanso de HOM. Hay allí varias personas que me conocen y me pidieron que tocara el piano. Menuda sorpresa me lleve al levantar su tapa: es un Bechstein! Una de las mejores marcas mundiales que compite con el afamado Steinway.  Pero estaba completamente arruinado y con sus paños mojados; no era posible arrancarle dos compases armoniosos.

Él como médico y yo como docente y pianista sabíamos muy bien cuál es el efecto consolador de la música en el ánimo de las personas, más aún en la de los ancianos internados. No se podía seguir desperdiciando esa joya allí arrumbada.

Decidimos entonces encarar la reparación del mismo. Como estábamos próximos a festejar los noventa años del natalicio de Juan, notificamos nuestro objetivo a los invitados y solicitamos que en vez de regalos, dejaran su óbolo anónimo en una cajita dispuesta a tal fin. Fue tán generosa su contribución que no solamente pudimos acondicionar y afinar el piano sino compramos una licuadora industrial que necesitaban en la cocina.

Casi inmediatamente tuvimos nuestra primera satisfacción: una de las huéspedes, apenas puesto el piano a punto, se sentó a platicar con él.

A todos los donantes, muchísimas gracias!

Ahora deseamos que todos los que colaboraron puedan también apreciar su sonido cristalino. Para ello estamos organizando un recital de música y canto armenios y algo más que se realizará el sábado 9 de abril próximo  a las 17 horas y que será abierto a toda la Comunidad.

Juan nos inspirará desde las alturas porque este evento también tiene un propósito solidario: si a Ud. le agrada lo que va a ver y escuchar, deje su contribución en la cajita , por mínima que sea, para poder comprar, en esta ocasión, la procesadora eléctrica que la cocina del hogar tanto necesita. ¡Ud. será más feliz, sentirá una gran satisfacción y todos estaremos agradecidos!

Lo esperamos.

Mary Estela Djordjalian de Minoian

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