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Valeria Cherekian: “Me sigue emocionando cada canción como cuando era chica”

Cherekian canta. Lleva la voz de la música con ella. La cantante comparte con Diario ARMENIA sus experiencias y pensamientos de su devenir armenio. Y hay que escucharla a Valeria, siempre hay que escucharla.

Fue Pitágoras el que elaboró una concepción musical que le hizo entender la escala musical como en elemento estructural al mundo. Y es esa responsabilidad la de Valeria, Vale, unir las partes para hacerla una. No hay un arte superior, quién se atrevería a denominarlo, sí que el sentido indefinido de las formas musicales y su inmenso poder de atracción, la eleva a una posición privilegiada. Y Valeria Cherekian es su mejor abanderada.

“Soy armenia de ambas partes”, comienza diciendo la artista. “Del lado Cherekian, mi abuela salió de Sivrihisar. Su padre había estado desaparecido pero lo que sucedió fue que se lo llevaron los turcos: recibieron una carta tiempo después donde decía que estaba bien y se lo presuponía trabajando de cocinero ya que no solo cocinaba muy bien sino que las hojas estaban manchadas de aceite. Nunca más lo vieron. Al hermano de mi abuela con 16 años se lo llevaron los turcos una noche despertándolo a las patadas y acusandolo de ‘infiel’. Lo habían colgado en un pozo boca abajo. Logró escapar y volvió a su casa descalzo y con su ropa destrozada. Desde ese momento quedó con trastornos psiquiátricos, con episodios de euforia cuando era joven y cuando fue mayor episodios de angustia y repentinos llantos prolongados. Se fueron a Grecia y luego a Argentina. Mi abuelo, que era del mismo pueblo y estaba enamorado de mi abuela, la siguió dejando a su familia. Acá nacieron mi padre, mi tía y mi tío, familia de zapateros”.

—Como casi toda historia de armenios.

El hermano de mi abuela paterna sacaba fotos en plaza San Martín, al tiempo que mi familia crecía en el oficio de zapateros. Mi abuelo juró acá su alianza con el tashnagtsutiún, fue enguer al igual que mi papá, ahora de 87 años que también fue parte de la comisión de Homenetmen y Hamazkaín. Junto a su gran amigo Yervant Abadjian y otros enguer trabajaron incansablemente en varios proyectos, uno de ellos fue la creación de la orquesta de jazz de Hamazkaín. Toda mi familia era musical, mi tío cantaba tangos en grupos de amigos junto a Marino, Rufino y otros grandes de la canción ciudadana, a la par que se presentaba en Centro Armenio con clásicos populares armenias como Ay Vart. Crecí entre tangos y canciones armenias, en cada sobremesa familiar; y mi tío era el encargado de grabar en cassette cada uno de esos momentos que hoy revivo con cada cinta. Mi abuela me enseñó las primeras canciones, mi abuelo cantaba canciones azkaín e himnos revolucionarios, le encantaba Menk Angeghst Zinvor Enk y se subía a las sillas para hacerlo. Yo teatralizaba todo: cantaba, corría telones imaginarios, me aplaudían. Mi abuela materna nació en Argentina, era la más chica de siete hermanos. Mi abuelo materno nació en Konya y su madre, Nurí, era la modista de la esposa del gobernador; él fue quien le avisó que debían huir porque no podía salvarlos. Ella le agradeció pero también le pidió que liberaran a unos «familiares» y amigos que estaban detenidos. El gobernador le dijo que era un ejército y ella le respondió que de diez en diez debía liberar a todos. El gobernador lo hizo, como se lo prometió. Se escapó cosiendo las monedas de oro en los dobladillos, como todos. Le dejó la casa a una mujer turca que se había traído a vivir con ella, esa mujer vivía en la calle y la acusaban de loca. Cuando el abuelo de mi mamá vuelve a su casa y no encuentra a su familia, esa mujer pudo reconocerlo e indicarle que la familia se había ido rumbo a Grecia. Así fue como mi abuelo materno se reencontró con su padre, él tenia para ese entonces 7 años y no lo reconoció, tuvo que preguntarle a su madre de todo el grupo de hombres que venía hacia él, cuál era su padre.

—Tu formación.

—Fui a San Gregorio y estudié Derecho en la UBA recibiéndome en 2003. Estudié canto siempre. En mis primeros pasos participé en el Coro Gomidás y luego en el Conjunto Sardarabad. El camino del canto fue creciendo y siento que mi bisagra fue en 2007 cuando audicioné para Hairspray junto a Enrique Pinti y quedé seleccionada para su elenco, al tiempo que Eduardo Kozanlian había pensado en mí para llevar adelante la dirección vocal de la obra «Un hombre Torcido» de Richard Kalinosky. Entrenar en el canto y más específicamente en el canto armenio a la actriz Alejandra Rubio tuvo resultados muy gratificantes para mí, trabajar junto al director Manuel Iedvabni y los actores, una experiencia hermosa en la sala de la librería Losada. Al tiempo, comenzaban los ensayos de Hairspray junto a un equipo de trabajo maravilloso, compañeros talentosos y directores eximios bajo la dirección general de Ricky Pashkus. Sin duda fue la bisagra de mi carrera profesional, un entrenamiento y aprendizaje enorme. Las funciones en el Teatro Astral durante todo 2008 y 2009 fueron inolvidables, sobre todo cuando hacía el rol protagónico de «Garganta Feroz». En 2010 fui a Armenia y estudié repertorio en el Conservatorio Komitas con Olga Zacaryan. Grabé en la Unión de Compositores de Ereván un 28 de mayo, a pocos días de volver a Argentina. Volví a Armenia en 2012 llevando el tango junto a la Fundación DerKrikorian. Canté en Cafesjian Center For The Arts, The Club, con dos funciones por localidades agotadas y en Narekatsi Art Institute junto a Cadence Ensemble. Llevar el tango a Armenia fue muy emocionante. Recuerdo la prueba de sonido del Cafesjian Center en el atardecer de Ereván con el Ararat de testigo, ese momento fue mágico. Volví a Buenos Aires y el tango siguió creciendo. Tuve el enorme honor de cantar junto a la Orquesta del Tango de Buenos Aires en dos oportunidades, en 2013 me dirigió el Mestro Juan Carlos Cuacci y en 2014 el Maestro Raúl Garello. Fueron experiencias maravillosas y sin dudas el espíritu de mi tío estuvo junto a mí. En 2019 Cadence Ensamble llegó a Argentina y canté junto a ellos en el Festival de Tango de Buenos Aires en la Usina del Arte, a los días presentamos juntos «Tango a Mares» en Sala Siranush. Actualmente sigo cantando con distintas formaciones, dando conciertos y shows para todo tipo de eventos.

—Siempre estuviste muy involucrada en la comunidad, ¿cómo la ves?

—No me concibo fuera de la comunidad. Me gané un lugarcito, lo digo muy feliz y orgullosa porque me siento querida, me gusta pertenecer a nuestra comunidad. Noto lamentablemente que se pierden cosas pero será inexorable que ocurra: pasan las generaciones, se debilitan la lengua y el interés por cuestiones culturales, las canciones se pierden y los chicos no conocen… Son cada vez menos los que tienen el compromiso con la causa armenia. La gente se involucra menos, lo noto, hay un desgaste pero depende de cada uno. Las instituciones hacen lo que pueden. Como artista me siento muy a gusto en todos lados, con gente querida. Más allá de cuestiones políticas, es nuestra historia, no podría estar afuera de la comunidad. Me sigue emocionando cada canción como cuando era chica. Mi compromiso con la causa armenia vive en mi canto.

Un objeto. Tengo un anillo muy querido que me hizo un orfebre de Armenia y cuando lo compre en 2010 cante en el Vernisage. Ese anillo va conmigo a todos lados, ya sea que estuviera sobre el escenario o en el mar, no me lo saco nunca, tiene magia. Cuando volví después de dos años a visitar al orfebre en el Vernisage la mujer del puesto de al lado me reconoció inmediatamente y comenzo a gritar ´Me aghchige egav´. Fue una fiesta, con Cognac armenio incluido; por supuesto. Es un anillo de plata con incrustaciones de lernakar (piedra de la montaña), en color rojo, parece una granada.

Lala Toutonian
Periodista
latoutonian@gmail.com

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