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Valorizar la conciencia del derecho y del reclamo ciudadano

Activistas-armenios-4La globalización puede practicarse a veces como un objetivo que sirve al bien común, y otras veces como un instrumento para profundizar la desigualdad de oportunidades y perjudicar de diversas formas cada vez más el hábitat de la Tierra. La reciente encíclica del Papa Francisco denuncia al neoliberalismo sin límites y reclama por la salud del planeta.

Los sobrevivientes de guerras, cataclismos, y genocidios tenemos en este Centenario del Genocidio Armenio la posibilidad de extender a toda la humanidad la conciencia de los derechos que nos asisten y del reclamo por el respeto de los mismos.

Uno de los expositores del Seminario Memoria Activa de los Pueblos contra los Genocidios, que se realizó el lunes 22 de junio en la Biblioteca Nacional en el marco del 16º Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos, hizo una revisión crítica del Genocidio. Dijo, entre otros conceptos, que la cantidad de muertos en todos los genocidios del Siglo XX casi triplica a la cantidad de víctimas de todas las guerras declaradas del mismo período.

El mismo día llegaron desde Ereván imágenes con la noticia de una gran manifestación popular frente al Parlamento reclamando contra el aumento de las tarifas de electricidad. Eso sería un hecho esperable en cualquier otro país, pero para la tradición cívica de la nueva etapa independiente de Armenia, es un verdadero triunfo de la voluntad popular el comenzar a confiar en las armas genuinas de la democracia, antes de abandonar la tierra natal sin intentar la opción del reclamo.

En un cuarto de siglo el país del Ararat pasó de la implosión de la URSS a la desesperanza del neoliberalismo, que no reconoce el derecho a la justicia social. Esta novedosa manifestación popular, un hecho habitual en otros países, puede significar que tanto como ciudadanos y como contribuyentes los armenios pueden aprender y practicar formas irreprochables para defender la economía familiar.

Los líderes espirituales deberían acompañar estas y otras demandas, en solidaridad con las necesidades populares. La misma actitud para construir ciudadanía se expresa en distintas sociedades, ante diversos problemas, con variados recursos: con reclamos en todos los niveles del estado, y las organizaciones políticas asistiendo a las movilizaciones de las organizaciones sociales de todo tipo.

La acción y la enseñanza del Papa Francisco, en particular para los armenios en este Centenario del Genocidio, es una fuente de esperanza y fe para todos los habitantes del mundo.

Cualquiera sea la nacionalidad, la ciudadanía, la fe religiosa o las ideas políticas, nos corresponde señalar y agradecer al líder de la cristiandad por su consecuente compromiso con los oprimidos y necesitados. Ya es hora de globalizar, en el mejor sentido, como dijimos al comienzo, tanto el aliento espiritual de los religiosos, como la responsabilidad de los ciudadanos en defensa de los derechos humanos y la justicia social.

Carlos Luis Hassassian

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