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Violencia familiar: Debate dentro del propio gobierno

Opinión

violencia-familiar-2Siete años atrás el asesinato de una mujer provocó gran conmoción en Armenia. Zaruhí Petrosyan era una joven ama de casa que luego de sufrir el maltrato de su esposo, murió como consecuencia de las golpizas a que éste la sometió. Su fallecimiento desató enormes protestas en una sociedad que acostumbrada a cerrar sus ojos ante los casos donde las mujeres eran afectadas por el ultraje a que eran sometidas por sus parejas, desatendía los derechos de las víctimas. Afortunadamente, en este caso la justicia armenia se expidió rápidamente y condenó al uxoricida a diez años de prisión. Sin embargo, el tribunal encargado del caso no imputó a la madre del asesino que de acuerdo a numerosos testimonios también era responsable de las palizas que recibió la infortunada Zaruhí.

Diversas organizaciones de derechos humanos bregaron por largos años en reclamo de una norma legal que prevenga y sancione la violencia familiar. La sociedad armenia siempre se caracterizó por su tendencia a sostener un matriarcado conservador lleno de contradicciones, que por un lado pregona la defensa de los valores de la familia y por otro calla cuando ocurren violaciones a los derechos de las mujeres o los niños, tal vez para no exponer públicamente sus miserias.

La familia es una institución sagrada en Armenia y hay muchos que piensan que difundir temas tales como la violencia doméstica, la agresión sexual, la violación y el incesto la ponen en serio peligro. Consecuentemente, jamás hubo debates al respecto, lo que hace que hoy sea muy difícil abordar la temática y combatir al mismo tiempo la desinformación resultante del ocultamiento.

Años atrás HOM había invitado a exponer el tema en Buenos Aires a María Titizian, una experta en la problemática que convocó a decenas de oyentes en la Biblioteca Nacional. Allí, luego de exponer claramente la situación imperante en Armenia, acompañándola con certeros datos estadísticos, Titizian tuvo que hacer frente al cuestionamiento que le formularon un sacerdote armenio y una reconocida docente comunitaria, que intentaron desmentir las denuncias de Titizian, en una clara y coincidente postura negacionista, tan común en nuestra Madre Patria.

El tabú que paralizaba la difusión de los casos de violencia familiar comenzó a desmoronarse cuando se hicieron públicas las estadísticas que exponen el preocupante nivel de agresión que soportan mujeres y niños en Armenia. La alarmante realidad llevó al gobierno a tomar algunas medidas para encauzar la situación. Se firmaron varios acuerdos y compromisos con organismos europeos que comprometieron al estado armenio a dictar leyes que permitan superar algunos malos hábitos de su sociedad y logren elevarla al sitio donde el respeto al ser humano prevalece por sobre todas las cosas.

Recientemente el Ministro de Justicia envío a la Asamblea Nacional un proyecto (ver página cuatro) que aborda el problema intentando promulgar una legislación contra la violencia familiar. Se podría especular que la propuesta oficial recorrería sin mayores dificultades las instancias parlamentarias previas a su aprobación. No fue así, sectores conservadores de la propia administración Sarkissian reclamaron diversos cambios que ponen en peligro la propia esencia de una ley que ya se transformó en controvertida antes de ser puesta en vigencia.

Largos años de oscuridad hicieron que nuestra sociedad jamás emprendiera una seria discusión acerca de la violencia que diezma hogares mediante el abuso y la agresión. Hay mucho por hacer al respecto y es hora que enterremos arcaicos y erróneos preceptos y nos pongamos en acción.

Jorge Rubén Kazandjian

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