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Virginia Mendoza Benavente: “A veces hay que irse a miles de kilómetros para entender las cosas“

Entrevista a la autora de Heridas del viento - Crónicas armenias

Virginia-Mendoza-1“Armenia es su silencio. La misma nostalgia revelándose en millones de ojos. Esa que necesita dos lugares para nacer y solo uno para morir. Armenia sería un monte si ser armenio hoy no consistiese en añorar el Ararat, en contemplarlo al otro lado de una frontera o no haberlo visto nunca. Lo propio y lo ajeno queda aquí reflejado en dos cumbres, Masis y Sis, que se clavan en el cielo.

El Ararat es tímido por la mañana. Se despereza con la paciencia de sus hijos en una tierra que siempre quiso arrugar el mapa y acercarse a Occidente. Aunque nunca se dejó contagiar por su prisa.

Desayunar ante el monte en el que, según la Biblia, habría quedado varada el Arca de Noé, no es algo trivial. A menudo, el monte se muestra etéreo y no deja alternativa a la espera tenaz. Así es como las cosas empiezan a merecer la pena. Lo supe la primera vez que intentamos darnos los buenos días en pleno amanecer en el monasterio de Jor Virab, junto a la frontera turca: el Ararat hay que ganárselo“, escribe Virginia Mendoza Benavente en Heridas del viento – Crónicas armenias, un libro que relata su propia experiencia en tierras armenias.

Virginia-Mendoza-Benavente

Virginia Mendoza Benavente

Benavente nació en Valdepeñas, Castilla – La Mancha, en 1987 Valdepeñas. Periodista y antropóloga, también es autora de Quién te cerrará los ojos. Historias de arraigo y soledad en la España rural (Libros del K.O, 2017). En 2013 viajó a Armenia para trabajar en un proyecto sobre minorías étnicas como parte del Servicio de Voluntario Europeo. Quedó tan fascinada con lo descubierto que continuó viviendo en Ereván. Visitó las zonas rurales, fue a Georgia y Nagorno Karabagh y creó su blog «Cuaderno armenio» a modo de diario. Fruto de esta pasión confesa fue su libro, Heridas del viento. Crónicas armenias, autoeditado en 2015, y recuperado ahora para llegar a un mayor público lector. El mosaico de textos que lo componen ha sido revisado y actualizado para esta nueva edición de la editorial La línea del Horizonte.

Virginia-Mendoza-3La primera inquietud se desprende fácilmente: cómo llega una española a interesarse por Armenia: “La curiosidad vino de un inexplicable amor a primera vista al googlear. Un amigo me dijo que Armenia, aunque era un lugar que no conocía, tenía pinta de ser un lugar que me encantaría. Lo busqué y me dije al instante que me iría allí a vivir. En aquel tiempo soñaba todas las noches con mi abuelo, que había muerto hacía unos meses. Envié mi currículum a un centro de investigación intercultural de Ereván que buscaba un voluntario y esa noche, cómo no, soñé con mi abuelo. Fue gracioso. Él decía que había nacido en la Calle de los Armenios y yo me burlaba de él porque esa calle en mi pueblo (uno pequeñito de Ciudad Real, en España), no existía. Él insistía y me mostraba una tarjeta que confirmaba que había nacido en la Calle de los Armenios, ¡en mi pueblo! Me levanté con la certeza de que me habían seleccionado, abrí el correo y, así fue. Pensé que le debía algo, así que me puse a buscar a los últimos supervivientes del genocidio armenio, pero también otras historias, más bien rayos de luz que mostraran que el armenio es, por encima de todo, un superviviente. Hospitalario, peculiar, divertido y triste a la vez, pero, por encima de todo, un ser que se aferra a la vida como esa planta que rompe las piedras. Aunque vivía en Ereván, me pasé un año y medio recorriendo la Armenia rural; yendo a sitios a veces y disfrutando del camino otras tantas. Fue todo muy familiar: alguien te invitaba a tomar un café y a veces te acababa adoptando en su casa. Me sentí una más desde que bajé del avión y me he declarado muy armenia desde entonces. Junté las crónicas, se las dediqué a mi abuelo en forma de libro y no he vuelto a soñar con él“. Sin dudas, la introducción emotiva de su relato, invita a recorrer las páginas de un libro que, a pesar de no estar editado en Argentina, despertará el interés de quienes encontramos en las letras el dibujo de la sangre.

La perspectiva de una mujer occidental alejada de la cultura oriental resulta una mirada distinta y comentaVirginia-Mendoza-2 divertida al respecto: “Tuve que escuchar constantemente que si estaba casada, que si tenía hijos y tenía que dar explicaciones por no estarlo, por no tenerlos, por no querer. No se entendía que a mi edad -tenía 25 años- no me maquillara y no pensara en buscar marido. Me miraban con pena e intentaban convencerme de lo contrario, sobre todo, las mujeres mayores, que temían que ´me quedara en casa´ como dicen ellos, o ´para vestir santos´, como decimos en España. Me buscaron marido por todas partes“, termina riendo.

Cuando le preguntamos sobre ella y su devenir nos cuenta que nació en Valdepeñas “aunque mi pueblo se llama Terrinches, que es el lugar al que he vuelto ahora. Me gusta viajar y necesito estar en movimiento, no me siento atada a ningún lugar, aunque diría que Armenia es el lugar que ha estado más cerca de ser mi casa; así lo sentí. Y por alguna extraña razón, siempre acabo buscando historias que están a punto de desaparecer y, sobre todo, historias de gente inspiradora que me devuelve la esperanza en el ser humano y que son mi motor para seguir en estos tiempos de precariedad y desilusión. A veces, cuando todo me parece torcido, pienso en Movsés e Iskuhí, dos de los protagonistas de Heridas del viento. Sobrevivieron al genocidio armenio, hambre, guerras, la pérdida de un hijo y de un nieto. Iskuhí llevaba un siglo echando de menos sus árboles y su mar; le habían quitado el escenario de su infancia. Los acogieron en Líbano y sus padres los obligaron a casarse. Pero, con todo esto, lo único que hicieron fue crear belleza, sin frases de autoayuda, simplemente aferrándose a la vida: se cuidaban, se hacían reír el uno al otro. Tanto la amiga armenia que venía conmigo como yo llegábamos a su casa agotadas y aquellas personas que llevaban un siglo sobreviviendo a todo, no hacían más que reír. Salíamos de su casa renovadas“.

¿Cómo fue la experiencia, entonces?

Virginia-Mendoza-4En Armenia reconecté con el pueblo que había tenido que dejar a los 13 años. A veces hay que irse a miles de kilómetros para entender las cosas. Así que a la vuelta y estando tan desarraigada, necesitaba entender por qué otros se quedaban a cuidar de por vida el lugar en el que habían nacido. Esto venía de un recuerdo de mi abuelo -otra vez él-: cuando era pequeña le vi cavando su propia tumba. Lo hacía para asegurarse de que lo iban a enterrar donde nació. Así que, como él ya no me lo podía contar, salí a buscar a personas que se habían quedado en sus pueblos cuando todos se habían ido y se negaban a marchar aunque ya no tuvieran vecinos. De ahí salió otro libro: “Quién te cerrará los ojos” (Libros del KO). Aunque son muy distintos, a veces creo que forman parte de lo mismo. Son el duelo por mi abuelo y puede que un viaje en busca de mí misma que él fue guiando de alguna manera. Ese libro me hizo volver a mi pueblo. Así que ahora que el viaje ha terminado, espero dejar de ser tan pesada con mi abuelo. (Risas)

¿Continuará tu interés por Armenia?

Mi interés por Armenia es constante, tanto en trabajos como en la vida. Tengo otros proyectos relacionados con Armenia, sí, tanto de ficción como de no ficción. Pero tendrán que esperar porque antes tengo que terminar algún otro relacionado con la España rural. Mientras tanto, intento volver cada año a Armenia y practicar armenio porque no soportaría olvidar lo que aprendí, que es poco pero me sirve para hablar con las abuelas con las que tomo café en los pueblos y con los taxistas de la ciudad. También tengo en mente desde hace años ir a Argentina y a Uruguay para presentar estas historias. Ahora que la casa editora La línea del Horizonte ha rescatado el libro, esa idea vuelve con fuerza y, quién sabe, no descarto que nos veamos en unos meses.

Virginia Mendoza habla de Armenia como, asegura con sus propias palabras, el país en el que todo es posible, el país que, como eterna Arca de Noé, pone a resguardo de tempestades humanas cultura milenaria, el lugar que ejerce de bisagra entre oriente y occidente, mantiene más del doble de su población en la diáspora.

Sabe la autora, como destaca, que ser armenio significa ser superviviente: guerras, invasiones, terremotos, masacres y un pavoroso genocidio.

Un libro con mucho amor y hasta humor. Porque cuando el relato lo expresan otros ojos, esos que pueden ver despojados de subjetivismos y con la mirada clara, empática, resultan doblemente gratificantes.

Por Lala Toutonian

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