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Walter Safarian: “Mi colegio era mi mundo”

Walter Safarian en su programa de Fox Sports.

Walter Safarian en su programa de Fox Sports.

Con casi medio millón de seguidores en Twitter y remarcando en su biografía de presentación que es “orgullosamente armenio”, el periodista especializado en deportes, es sinónimo de profesionalismo. Una de las caras visibles del canal Fox Sports desde hace muchos años, Walter Safarian se sentó con el Diario ARMENIA para celebrar nuestra nueva etapa.

“Soy muy defensor de la causa”, comenzó diciendo. “Tengo el lugar donde hacerlo. Pongo siempre como ejemplo cuando Estambul fue ciudad candidata para ser sede para los Juegos Olímpicos y dije por televisión: ‘que gane cualquiera menos Estambul’. A mí no me molesta: yo digo las cosas que siento”.

Walter es un tipo inteligente, sensible, con un amor incondicional por la familia, lo hace extensivo a su profesión y a la comunidad. Su conversación mantiene una cadencia rítmica que invita a escucharlo atentamente, como buen periodista, recorta quirúrgicamente las palabras y en su jerga, diremos, que sabe llevar el juego preliminar, acelerar y clavarlas en el ángulo.

“Yo tengo un rol en la comunidad… tengo amigos. Me gusta venir al Viejo Agump, algún viernes voy a comer al colegio. Muchas veces, cuando se da, voy a Jrimian, que hacen comida una vez al mes. Lo que pasa es que dependo de mis horarios porque a la noche por lo general estoy en el canal”.

Conductor radial, además, en Radio a la Calle, Radio el Mundo y FM Late, el experto en deportes mantiene la charla con tiempos pausados, medidos, precisos.

Cuando el centenario del Genocidio, se lo leyó y se lo vio actuar particularmente comprometido con la causa, a lo que dirá entusiasta: “El Centenario sirvió para unir más a la colectividad. Lo que noto es que la comunidad está muy disgregada: cada uno hace la suya y el Centenario sirvió para que se creara una identidad que aglutine a todos”.

Walter continúa en diciendo en relación a la comunidad que “la colaboración es muy buena sin figurar. Cuando me llaman para colaborar, estoy para todo. No me gusta figurar porque, en definitiva, yo soy uno más dentro de la colectividad”.

De joven formó parte de Unión Juventud Armenia (UJA). “Fue una buena etapa, aprendí mucho. Me sirvió. Fue una época de toma de decisiones para mí”, y hoy es un hombre adulto que recuerda esos tiempos: “Antes caminabas por esta vereda (en referencia a Armenia al 1300) y a la de enfrente no cruzabas… El edificio del agump (por la Asociación Cultural Armenia) se inauguró con mi camada, con mi promoción, que fue la primera que hizo el acto de fin de año en el 86. Fue todo un acontecimiento”.

— ¿Hay una mayor exposición?
— Creo que hay una generación que entendió que hay que contarle al mundo las cosas que pasan y también en eso tiene mucho que ver la globalización. Cuando éramos chicos nos llevaban a las famosas caminatas por el 24 de abril con los carteles y el tema quedaba ahí. Hoy el reclamo es uno, en Argentina, en los Estados Unidos, en Francia y en el mundo entero. Con las redes sociales o con un teléfono podes ver las noticias o mismo la televisión y la radio armenia. Todo se ha facilitado mucho. Igualmente acá, en nuestro país, siempre sentí lo armenio muy presente, y cuando estuve en Europa me llamó la atención que no lo fuera tanto.

— Contanos sobre tu familia y tu formación.
— Mi familia paterna es tradicional. Cuando mi abuelo y los suyos vinieron de Kessab, Siria, y se instalaron en Córdoba. Mi padre nació ahí. Mi abuela murió cuando papá tenía once años y ahí decidieron venirse a Buenos Aires, a Valentín Alsina. Vinimos todos a San Gregorio, nos formamos ahí. Soy un agradecido de la educación que me dieron. El gran profesor de historia Rubén Isaac, es el responsable que yo sea periodista. En el año 84 nos pidió un trabajo sobre la Primera Guerra Mundial, teníamos que hacer un diario. Nos decía “tienen libertad de presentarlo de la manera que quieran”. Ahí nos dividimos las tareas: Biblioteca Nacional, del Congreso, Hemeroteca del Congreso, Biblioteca del Diario La Prensa, del Diario La Razón. Me encantó la investigación y el trabajo. No era como hoy que con un celular haces todo. Teníamos que sacar fotocopias, íbamos con las cámaras comunes y no se podía porque no podías sacar con flash, íbamos anotando y después con la máquina de escribir, cortando y pegando. Fue un gran ejercicio. El día que entregué el diario y lo vi terminado dije “esto es lo que me gusta”. De hecho, desde hace años en el canal hago un programa que tiene que ver con la reconstrucción de la historia. Soy periodista a partir de un trabajo práctico que nos hizo hacer el profe Isaac. Mejor dicho: incliné mi carrera, después buscaba referencias. Me recibí de periodista. Le dije a Isaac que quería ser periodista y me dijo: “¿Vos leés a los rusos?”. No sabía de lo que me hablaba. “¿Leíste Anna Karenina? ¿Tolstoi? Te voy a regalar Guerra y paz”, me dijo. Fueron dos tomos que todavía los tengo en mi casa. La pregunta de Isaac y fue un disparador para mí.

— Hiciste periodismo puro y duro.
— Sí, cuando trabajé en La Razón, en el año 88, estaba en el revoleo. De hecho escribía en revistas que hoy ya no existen pero que tenían que ver con el mundo de la política, del sindicalismo. Amo el deporte y fui para ese lado, pero podía haber sido periodista de cine porque mientras estudiaba periodismo trabajaba en una productora de video y por un tema de capacitación tenía que ir a ver todos los estrenos y escribir las contratapas de los videos.

— ¿Desde cuándo te dedicás a deportes exclusivamente?
— Estaba en la radio cuando se produjo la voladura de la Embajada de Israel y me mandaron a la calle… Por supuesto, hoy tengo mi lugar en el deporte y no le escapo a la realidad porque me encanta la política, la coyuntura diaria, por una cuestión de laburo estoy muy enterado de lo que pasa y si hay que enfrascarse en otros temas no tengo ningún problema. He escrito guiones para documentales, escribo a veces para diarios o revistas, pero de lleno en la gráfica, ya no. Estoy con el canal y la radio de lunes a sábado.

Volveremos a los recuerdos hacia el final de la entrevista: “Mi colegio era mi mundo. Estos lugares me traen muchos recuerdos: el Viejo Agump, la panadería Medio Oriente y el quinto piso del agump. Muchas veces digo ‘lamentablemente’ tengo una gran memoria. Te puedo contar mil historias que hemos vivido en el colegio”.

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