La obsesión azerí por construirse un pasado que no tiene

11 de enero de 2023

El presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, es un digno discípulo del jerarca nazi Joseph Goebbels, cultor de la mentira con fines políticos. Vigencia de la falsedad histórica como política de Estado en el régimen de Bakú.

Si Lionel Messi fuera armenio, seguramente le haría a Ilham Aliyev, el autócrata presidente de Azerbaiyán, el inconfundible gesto con los deditos de la mano, indicando literalmente que cierre el pico o mejor otra cosa, como dirían en el barrio. El mismo gesto que debió soportar el técnico neerlandés Louis Van Gaal, tras los penales que le dieron a Argentina el pase a las semifinales del Mundial Qatar 2022.

La réplica al dictador azerí estaría justificada por sus dichos sobre la capital armenia Ereván y sus referencias a una ilusoria existencia a un Azerbaiyán Occidental, una utopía que sólo existe en el delirante sueño megalómano, xenófobo y racista de un Cáucaso y un Medio Oriente sin Armenia y sin armenios.

Pero vayamos por partes. Desde hace casi diez años, pero mucho más desde que la coalición turco-azerí-terrorista lanzó un ataque armado a gran escala contra Artsaj en septiembre de 2020, que terminó en una guerra de 44 días, más de 5000 armenios muertos y la ocupación por la fuerza del 70% del territorio de Artsaj, Aliyev insiste en que “Erivan” -así llama a la capital de Armenia- y las regiones de Syunik y Gegharkunik son “territorios ancestrales de Azerbaiyán” y que los va a recuperar.

En su delirio incontrolable, Aliyev construye un relato fantasioso, que después él mismo se cree. En verdad, gran parte de la retórica belicosa de Bakú responde a una política de Estado en Turquía y Azerbaiyán, en la que es habitual renombrar ciudades y regiones con nombres similares a los armenios pero con un cierto tufillo “turcoide”.

En la creencia de que denominar Erivan a Ereván, Najchiván a Najicheván, Shusha a Shushí, y Zangezur Occidental o Azerbaiyán Occidental a toda Armenia, transforma sin más a esos sitios en “territorios ancestrales azerbaiyanos”, Aliyev sólo muestra pinceladas de su delirante matriz de pensamiento.

El legado de papá

Esta política no es algo nuevo en la región. Ya la República de Turquía y Mustafá Kemal Atatürk apelaron a la maniobra de renombrar ciudades para hacer “desaparecer” de los mapas los vestigios de la existencia armenia en toda a Armenia histórica tras el genocidio de 1915-23.

Para ello, fueron necesarios 1,5 millones de armenios asesinados y deportados a los desiertos del sudeste del país, que más de un siglo después todavía esperan justicia y pesan sobre las conciencias de generaciones enteras de turcos.

En el caso de Azerbaiyán y la retórica belicista y antidemocrática de Aliyev, es aún peor. Un país y un estado que salió a la faz de la Tierra en 1918, tras el fin de la Primera Guerra Mundial, quiere “apropiarse” de la milenaria cultura armenia, que lleva más de 4500 años en esos territorios. Matemática pura, un siglo contra 45 siglos. ¿Quién es ancestral y quién el invasor?

Así, los azerbaiyanos buscan ligar su pasado con el de la Albania Caucásica. Pero nada de eso se sostiene, salvo en la mente enfermiza de Aliyev y en el aparato de propaganda de Bakú.

El reino de Tigrán El Grande

Los aghván o albanos caucásicos (para diferenciarlos de los albaneses balcánicos) tuvieron su reinado entre los siglos IV y III a.C. al sur de Daghestán y el este de Armenia, en lo que hoy es Artsaj y parte de Azerbaiyán.

En el siglo II a. C fueron conquistados por Tigrán el Grande (año 66 a.C), incluyendo la región de Utik, ubicada a orillar del río Kura y Artsaj, que fue la 10° provincia del reino armenio. Hasta acá los antepasados de los azerbaiyanos habitaban las estepas del Asia Central a miles de kilómetros, conformando las hordas de los pueblos túrquicos de esa región.

Con la derrota de Tigrán El Grande a manos de los romanos, Armenia perdió varios de esos territorios, que los albanos aprovecharon para recuperar. En el siglo IV de nuestra Era los albanos fueron cristianizados y gran parte de la población asimilada por los armenios, la potencia regional.

En el siglo VII la expansión de los árabes transformó la región en califato, y más tarde los seldjúcidas y otros pueblos turcos llegaron en el siglo XI a imponerse a las civilizaciones existentes y extender su dominio.

Un dato interesante es que, según cuentan los historiadores armenios Movsés Jorenatsí y Koryun, discípulo de Mesrob Mashtóts, fue justamente este monje armenio el inventor del alfabeto de los aghván o albanos caucásicos. El objetivo de su creación fue que esa iglesia cristiana tuviera escritura, pero ni la iglesia albana ni la lengua sobrevivieron a la llegada del Islam a la región.

Cualquier intento de búsqueda de vínculo directo entre los albaneses caucásicos y los actuales azerbaiyanos es sólo el intento de apropiarse de un pasado en el que no hay vasos comunicantes.

Pero lo cierto es que desde la creación del primer estado azerí en mayo de 1918 -antes de eso nunca hubo un estado de Azerbaiyán- los recursos humanos y materiales del Estado financiaron el trabajo de historiadores y políticos para “construir” un pasado que les permitiera decir que ésos son sus territorios ancestrales.

Rebatir cada mentira

En paralelo, la ciudad de Ereván fue fundada como Erepuní por el rey de Urartú Arkishtí I en año 782 a.C. con el fin de contar con una fortaleza y ciudadela contra los ataques provenientes del norte del Cáucaso. De hecho, hasta hoy día pueden visitarse las ruinas de Erepuní en las afueras de Ereván.

La retórica azerí sostiene que no hay relación entre Erepuní y Ereván, en un burdo intento de decir que “Erivan” es una ciudad ancestral azerí, sólo porque ellos la llaman de esa manera.

Es como que los armenios pretendieran que “Hunastán” es un territorio armenio sólo porque es el nombre armenio de Grecia, o que los georgianos “intentan apropiarse de nuestro Vrazdán”. Que Ereván es una ciudad ancestral de Azerbaiyán sólo existe en la mente enferma del presidente Aliyev y en los que creen en la mentira oficial.

Pero ojo, que el “miente, miente, que algo quedará”, que hiciera célebre el ministro de Propagan nazi, Joseph Goebbels, tiene su efecto. Por eso, es necesario que tanto el gobierno de Armenia como todas las comunidades de la diáspora salgan a responder cada falsedad histórica del régimen de Bakú, para que quede en evidencia la falacia.

Dentro de algunos habrá sin dudas bibliotecas enteras asegurando que Syunik, Gegharkunik y Ereván son ciudades ancestrales azeríes, y entonces será más difícil rebatirlo.

Ereván bastión armenio

El nombre Ereván es usado desde el siglo VII a. C. bajo la dominación persa, y a en la antigüedad fue disputada por romanos, persas y partos (no por azeríes), pasando entre 1513 y 1737 por sucesivos dominio musulmán y persa.

En 1604 bajo el poder de Shah Abbás (Abbás El Grande) gran parte de la población armenia fue deportada a Persia, momento en que la población de Ereván pasó a ser 80% musulmana y 20% armenia. Más tarde Ereván fue capital del Khanato de Ereván, durante el imperio persa.

Con la consolidación del Imperio ruso y el triunfo sobre los persas en 1827 tuvo lugar una división del imperio zarista en gobernaciones. El discurso azerí sostiene que Artsaj fue parte de la gobernación de Elizavetpol y que por lo tanto es un “territorio ancestral azerí”. Nada más lejos de la realidad.

Como vimos la historia de Artsaj se remonta al siglo II a.C, en distintos momentos pasó por distintos dominios, mongoles, turcos y persas, y finalmente los turcos se consolidaron allí por un período corto, entre 1588 y 1606 cuando la región pasó a dominio persa.

El Khanato de Karabaj paso a formar parte de la Gobernación de Elizavetpol en 1868, pero bajo dominio imperial ruso, no de Azerbaiyán, que como ya se dijo, no existió como estado independiente hasta entrado el siglo XX, en mayo de 1918.

En su urgencia por inventarse un pasado que no tiene Azerbaiyán y su presidente Ilham Aliyev tienen una creatividad a prueba de balas, pero siempre apuntando a Armenia y los armenios.

A esta altura, el dictador azerí haría bien en canalizar su complejo de inferioridad frente a los armenios recordando que se puede engañar un tiempo a una parte de la gente, pero no es posible engañar todo el tiempo a todo el mundo. En conclusión: “Alumno Aliyev, en historia tiene un 1. Mejor estudie y vuelva en marzo”.

Carlos Boyadjian
Periodista
coboyadjian@yahoo.com.ar

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