La Iglesia Apostólica Armenia celebró la Navidad en medio de nuevos ataques del régimen de Nikol Pashinyan

La Iglesia Apostólica Armenia celebró la Fiesta de la Natividad y Epifanía de Jesucristo el 5 y 6 de enero en un clima de profunda tensión institucional, marcado por una escalada de ataques del gobierno encabezado por Nikol Pashinyan contra la Santa Iglesia y su liderazgo espiritual. Mientras miles de fieles participaron de las ceremonias tradicionales en todo el país y en la diáspora, el poder político avanzó con una ofensiva abierta contra el Catholicosado y buscó instrumentalizar la celebración religiosa con fines de confrontación interna.
Como es tradición en la Iglesia Apostólica Armenia, la festividad comenzó el 5 de enero con la Santa Liturgia de las Velas, conocida como Candelaria, y culminó el 6 de enero con la celebración conjunta de la Natividad y el Bautismo de Cristo. Esta singularidad litúrgica, conservada desde los primeros siglos del cristianismo, recuerda que el nacimiento y la manifestación divina de Jesucristo forman una unidad teológica inseparable. Durante la liturgia, el sacerdote proclama la buena nueva del nacimiento del Señor y los fieles llevan a sus hogares las velas encendidas, símbolo de la luz divina, de la Estrella de Belén y de la bendición que ilumina la vida cristiana.
En la Catedral Madre de Etchmiadzín, bajo la autoridad de Karekin II, se celebró la Divina Liturgia de la Natividad con la participación de monjes de la Sede Madre y peregrinos llegados de distintas regiones. El celebrante fue el obispo Haykazun Najaryan, quien en su homilía subrayó el carácter espiritual y personal de la fe cristiana. “El cristianismo es, ante todo, una manifestación de fe personal, un sentimiento espiritual. Primero debemos convertirnos, encontrar a Dios en nuestro corazón, ser hijos de la luz e iluminar nuestras almas, y solo entonces intentar predicar a los demás con nuestro ejemplo. Sin todo esto, ningún pueblo puede ser guiado a la salvación”, expresó. Más adelante exhortó a los fieles a recordar a los pobres, visitar a los enfermos y a los presos y orar por ellos, señalando que la Navidad es “una hermosa ocasión para transformarnos espiritualmente, renovar nuestra alianza con Dios y reafirmar nuestro llamado a ser verdaderos hijos de la Santa Iglesia Apostólica Armenia”.
Al finalizar la liturgia, el Catholicos ascendió al altar mayor y encendió la vela que simboliza a Jesucristo desde el candelabro de la Santa Mesa, desde donde se distribuyó la luz vivificante a los fieles. Posteriormente se realizó la primera Bendición de Casas del año, presidida por Su Santidad, en un gesto pastoral profundamente arraigado en la tradición armenia.
En su sermón de Navidad, Karekin II advirtió sobre las consecuencias espirituales y sociales de apartarse del mensaje cristiano. “La desviación del camino indicado por Cristo convierte al mundo en un escenario de injusticia, miseria y desgracia. La inmersión en la oscuridad de los engaños conduce a la distorsión y destrucción de valores, cuyas manifestaciones también vemos en nuestra realidad”, afirmó. Señaló además que hoy se debilitan la fe y la confianza mutua, que el irrespeto se presenta como valentía y que la libertad de expresión es reemplazada por intolerancia, insultos y difamación. En ese contexto, denunció que “nuestra Santa Iglesia continúa siendo objeto de represión”, lo que calificó como “un duro golpe para la reputación de nuestra nación y un profundo dolor para los creyentes”.
El Catholicos recordó que la Iglesia Apostólica Armenia fue fundada por la predicación de los apóstoles San Tadeo y San Bartolomé y que, a lo largo de su historia, atravesó persecuciones y sufrimientos sin caer en la desesperación. “La verdadera libertad y salvación residen en la obediencia a Cristo y en la confianza en Él”, afirmó, y llamó a rechazar la injusticia, la arbitrariedad, el odio y la malicia que erosionan el potencial nacional y estatal. En sus oraciones incluyó a los armenios de Artsaj privados de su patria, a los soldados caídos defendiendo la patria, al clero encarcelado ilegalmente, a los benefactores nacionales y a los armenios cautivos y desaparecidos en cárceles de Azerbaiyán.

En marcado contraste con el clima espiritual de Etchmiadzín, el primer ministro Nikol Pashinyan participó el 5 de enero en la Liturgia de las Velas en la iglesia de San Sarkis, en Ereván, acompañado por miembros de su equipo político. La agencia estatal Armenpress cubrió ampliamente su presencia, sin publicar la ceremonia oficial de Etchmiadzín. En los días previos, Pashinyan había publicado un video desde su residencia privada junto a diez obispos, exigiendo la salida del Catholicos y presentando una hoja de ruta que incluye la designación de un vicario, la redacción de una nueva carta constitutiva y la elección de un nuevo líder eclesiástico. En la declaración firmada, junto a su nombre figuraba la aclaración “Primer Ministro, no seguidor de la Iglesia Apostólica Armenia”.
La Santa Sede de Etchmiadzín condenó de forma categórica estas acciones. En un comunicado afirmó que “las medidas adoptadas por el jefe del gobierno armenio con el pretexto de regular y reformar la vida interna de la Iglesia violan directamente la Constitución y los derechos de la Iglesia consagrados tanto en la legislación armenia como a nivel internacional”. También expresó su alarma por la participación de obispos en procesos antieclesiásticos y por la presión ejercida sobre el clero, recordando que las cuestiones eclesiásticas se debaten exclusivamente dentro de la Iglesia. Etchmiadzín subrayó que los diez obispos involucrados evitaron responder a los llamados del Patriarca y del Consejo Espiritual Supremo para un diálogo abierto.
Actualmente, más de dos docenas de presos políticos permanecen encarcelados, entre ellos altos clérigos como los arzobispos Bagrat Galstanyan, Mikael Ajapahyan, Arshak Khachatryan y el obispo Mkrtich Proshyan. A ellos se suma el empresario Samvel Karapetyan, detenido tras defender públicamente a la Iglesia. Paralelamente, diez clérigos de alto rango se alinearon con el primer ministro y exigieron la renuncia del Catholicos, participando en protestas y declaraciones que encubren la presión estatal.