La liberación de los civiles armenios es un apoyo de Aliyev a Pashinyan de cara a las elecciones de Armenia 2026

19 de enero de 2026

La reciente liberación de civiles armenios secuestrados por Azerbaiyán en la República de Artsaj (Nagorno Karabaj) no respondió a un cambio de fondo en la política represiva de Bakú ni a un avance real hacia la justicia, sino a una operación política con objetivos concretos de cara a las elecciones de Armenia de 2026. El régimen de Ilham Aliyev utilizó a civiles inocentes como moneda de cambio para fortalecer al gobierno de Nikol Pashinyan, socio funcional a los intereses del eje Turquía–Azerbaiyán.

La liberación de Gevorg Sujyan, Davit Davtyan, Vicken Euljekjian y Vagif Khachatryan, todos civiles armenios detenidos arbitrariamente por Azerbaiyán en Artsaj, fue presentada públicamente como un éxito diplomático del gobierno armenio, un "paso más" en la nueva "agenda de paz" y la "Armenia real".

Cuando Pashinyan anunció estas liberaciones, omitió que los civiles (acusados de cargos falsos en farsas de juicios por Azerbaiyán) fueron intercambiados por terroristas yihadistas sirios que Azerbaiyán había contratado para combatir contra el pueblo armenio durante la guerra de Artsaj de 2020. Se trató de un canje de inocentes por mercenarios responsables de crímenes de guerra. Pashinyan luego declaró, casi como una burla a la inteligencia de sus votantes, que "esos dos eventos no estaban conectados", a pesar de que ocurrieron exactamente el mismo día y al mismo momento. Fue un intercambio de prisioneros (civiles inocentes por mercenarios asesinos), a pesar de que Pashinyan haya dicho que no lo fue.

La liberación de civiles se presentó como prueba de que la estrategia de concesiones unilaterales funciona. Sin embargo, los hechos indican lo contrario. Esta agenda no trajo garantías, ni derechos, ni justicia para el pueblo armenio. Sirvió, exclusivamente, para apuntalar al régimen de Pashinyan en el plano interno y ofrecerle a Aliyev un interlocutor dócil, dispuesto a cumplir las exigencias del bloque turco-azerbaiyano.

La maniobra resulta evidente: a Azerbaiyán y a Turquía les conviene que Pashinyan continúe en el poder. Su gobierno aceptó todas las condiciones impuestas tras la derrota militar, renunció a la defensa efectiva de los derechos del pueblo de Artsaj y avanzó en una política de cesiones que debilitó la soberanía armenia. En ese contexto, un gesto calculado como la liberación parcial de civiles busca mejorar la imagen del actual Primer Ministro armenio ante una sociedad exhausta, herida y desconfiada, que probablemente vote al "mal menor" en junio para no tener que sufrir las "represalias" turcas.

Apenas ocurrido el hecho, Azerbaiyán aclaró que no piensan devolver a los prisioneros de guerra armenios y políticos de Artsaj que continúan encarcelados, sometidos a torturas (físicas y psicológicas), sin garantías procesales básicas y enfrentando juicios simulados a puertas cerradas pero ampliamente difundidos al interior de Azerbaiyán. El régimen de Aliyev entregó solo a los civiles, a los que no le servían para su propio relato.

En paralelo con esta cuestión, el 14 de enero, el ministro de Relaciones Exteriores de Turquía, Hakan Fidan, apoyó públicamente al primer ministro de Armenia, Nikol Pashinyan, frente a las próximas elecciones armenias. "Vemos que Pashinyan lidera actualmente las encuestas de opinión. Apoyamos firmemente el papel constructivo que desempeña en este sentido. Este enfoque, esta voluntad, debe continuar", fueron las palabras del Canciller turco.

A pesar de que la maquinaria de propaganda de Pashinyan salió rápidamente a "aclarar" que no se trataba de un "apoyo electoral", el propio presidente de la Asamblea Nacional de Armenia y defensor a ultranza del régimen de Pashinyan, Alen Simonyan, agradeció al Canciller turco: "Expreso mi gratitud al ministro de Asuntos Exteriores turco y a todos los socios regionales que apoyan el llamamiento de la mayoría de la población armenia a favor de la paz".

De cara a la contienda electoral de junio, la operación es clara: Pashinyan intentará presentarse como la única alternativa interna para mantener la autodenominada "paz" dentro de la "Armenia real", mientras que Turquía y Azerbaiyán apoyarán esa narrativa con amenazas (no tan) sutiles.

Leandro Parsechian

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