Falleció James Onnig Tamdjian, un intelectual comprometido, docente apasionado y una voz lúcida de la diáspora armenia

20 de enero de 2026

La FRA-Tashnagtsutiún, la Asociación Cultural Armenia, el Consejo Nacional Armenio de Sudamérica, la Comisión Regional Sudamericana de Homenetmen, la Comisión Regional Sudamericana de HOM, Hamazkaín, la Comisión Central de Unión Juventud Armenia y Diario ARMENIA despiden con profundo dolor a JAMES ONNIG TAMDJIAN y acompañan a su mujer, Simone; a su hija, Juliana; a su padre, Hagop; a hermano, Aram y a demás familiares, compañeros de lucha y amigos en este difícil momento.

Onnig Tamdjian fue un militante histórico, intelectual comprometido y referente incansable de la Causa Armenia. Nacido en el seno de una familia armenia de San Pablo, Brasil, construyó una identidad intelectual y política donde convivieron su pertenencia armenia, su profundo arraigo latinoamericano y su mirada universal. A fines de su adolescencia formó parte de Unión Juventud Armenia (UJA) para integrarse luego a las filas de la FRA. A lo largo de toda su vida mantuvo una coherencia entre pensamiento y acción.

Entendía a la diáspora como un sujeto político con responsabilidades históricas. Su defensa de la memoria del Genocidio Armenio, la denuncia permanente de la impunidad turca, la lucha por el reconocimiento internacional y el derecho del pueblo armenio a vivir con dignidad en su propia tierra fueron ejes irrenunciables de su vida lo que lo llevó también a formar parte del Consejo Nacional Armenio de Sudamérica, desde donde aportó análisis, formación y trabajo orgánico para la proyección regional de las reivindicaciones armenias.

Intelectual progresista, de pensamiento crítico, participó en foros internacionales como el Foro Social Mundial de Porto Alegre, donde intervino en debates sobre economía popular, desarrollo y justicia social bajo la consigna que marcó su generación: “Otro mundo es posible”. Su reflexión política estuvo siempre atravesada por una mirada sobre la desigualdad global, el rol del Estado, la dominación económica y los límites del neoliberalismo, sin abandonar jamás la centralidad de los derechos de los pueblos.

Lector y colaborador de Diario ARMENIA, vivió con emoción y orgullo la posibilidad de publicar sus análisis en el mismo periódico que había leído en la casa de sus abuelos, al que definía como portavoz histórico de los ideales de la diáspora armenia. Ese gesto sencillo, compartido públicamente con alegría en sus redes, revelaba también uno de sus rasgos más profundos de su personalidad: una humildad real lejos de toda soberbia intelectual.

Aunque su figura fue largamente reconocida en el ámbito académico como sociólogo, profesor de Relaciones Internacionales y Geopolítica en la FACAMP de Campinas y autor de diversos libros y materiales de Geografía, Tamdjian siempre concibió la docencia como una trayectoria unida a su compromiso político. Entendía su rol como un puente para la formación de conciencia crítica, la comprensión de los procesos históricos y el cuestionamiento del poder, siempre desde una perspectiva de justicia social.

A lo largo de más de tres décadas sus alumnos fueron testigos, con su forma de hablar pausada, de su forma singular de enseñar: exigente, apasionada y profundamente humana. Mucho antes de su partida, sus redes sociales se llenaban de mensajes espontáneos de gratitud y afecto, donde no solo se lo reconocía como un gran profesor, sino como alguien que había dejado una marca vital, ética y política en quienes pasaron por sus aulas. Solía decir que “la docencia es mi oración”, una definición que sintetizaba su modo de estar en el mundo.

En los últimos años y fiel a su espíritu inquieto, impulsó nuevos proyectos de divulgación en redes sociales convencido de que la batalla cultural y política también se libra en el campo digital, donde hoy se forman las nuevas subjetividades.

James Onnig Tamdjian fue un luchador de profundas convicciones. Orgulloso de su identidad armenia y brasileña, rechazó siempre una unidad vacía que implicara renunciar a banderas o principios. Creyó en la confrontación cuando la justicia lo exigía, en la lealtad como valor político y en la dignidad como límite infranqueable. Esa fidelidad a sus ideas le valió también incomprensiones y momentos difíciles, que asumió sin apartarse nunca de sus convicciones.

Su vida fue un ejemplo de coherencia: pensamiento crítico, militancia activa, compromiso y sensibilidad, todo reunido en una misma persona. Deja una huella profunda en su familia, en sus compañeros de lucha, en sus alumnos y en todos aquellos que junto a él entendieron que la lucha por las causas justas debe ser permanente.

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