La olvidada comunidad armenia de Siria: Entre la incertidumbre política y los riesgos militares

27 de enero de 2026

Hoy Siria sigue siendo un espacio político fragmentado, caracterizado no solo por el legado devastador de la guerra civil, sino también por las tensiones no resueltas entre el poder central del Estado y las fuerzas kurdas que operan en las regiones del norte y noreste del país. Los enfrentamientos periódicos, las alianzas cambiantes y los sistemas de gobierno disputados continúan generando inestabilidad e incertidumbre, especialmente para las minorías que se encuentran atrapadas entre distintos centros de poder. En estas condiciones de extrema vulnerabilidad, las minorías cristianas, entre ellas los armenios, se ven obligadas a garantizar su supervivencia y su seguridad sin contar con verdaderas garantías de ciudadanía plena e igualitaria.

Históricamente, los armenios de Siria han constituido una parte inseparable del entramado social y cultural del país. Durante décadas, Alepo fue uno de los centros más dinámicos de la vida armenia en la diáspora, con sus escuelas, iglesias, prensa e instituciones culturales. Sin embargo, esta fuerte presencia comunitaria se redujo drásticamente desde 2011, como consecuencia de los desplazamientos masivos, el colapso económico y la inestabilidad en materia de seguridad.

Hoy la comunidad armenia de Siria se ha reducido en número, sus instituciones se han debilitado y su futuro es profundamente incierto. Lo que durante largos años fue una comunidad autosuficiente se ha transformado en un remanente vulnerable que sobrevive principalmente gracias a las iglesias cristianas y al apoyo de la diáspora. Esta situación ha provocado una ruptura profunda y peligrosa en el curso histórico de la presencia armenia en Siria.

En este contexto, las tres denominaciones religiosas armenias continúan desempeñando un papel que va mucho más allá del mero liderazgo espiritual. Actúan como ejes de la administración comunitaria, organizadoras de la asistencia humanitaria e intermediarias frente al Estado. Durante los años de la guerra, las iglesias se convirtieron también en espacios de refugio y protección, prolongando una tradición histórica profundamente arraigada en el cristianismo oriental.

Las relaciones entre los armenios y las demás comunidades religiosas de Siria han sido en general pacíficas, pero siempre se basaron en una convivencia práctica más que en una verdadera igualdad. La guerra puso en evidencia el carácter frágil de esta coexistencia y la vulnerabilidad de las minorías en condiciones de desintegración del poder estatal.

El patrimonio cultural y religioso armenio en Siria sigue estando profundamente arraigado, pero también se encuentra seriamente amenazado. Lugares como Deir ez-Zor recuerdan que esta presencia no es solo cultural, sino también parte de la memoria histórica y del sufrimiento colectivo.

Hoy la cuestión ya no se limita a la reconstrucción material, sino a la garantía de condiciones políticas y jurídicas de supervivencia. Sin ciudadanía plena, seguridad estable y derechos reales, el futuro de la comunidad armenia de Siria permanece sombrío. El mismo destino amenaza a otras comunidades cristianas, independientemente de qué fuerza controle un territorio determinado.

Lamentablemente, en medio de los vertiginosos acontecimientos geopolíticos y de las graves y persistentes crisis que atraviesan Armenia y la región, la situación de la comunidad armenia de Siria parece haber dejado de ser una prioridad para gran parte de la diáspora. En este clima de atención internacional limitada y de debilitamiento del potencial diaspórico, los armenios de Siria permanecen en los márgenes, enfrentando sus problemas existenciales y un futuro incierto.

Dr. Hrach Chilinguirian
Es sociólogo, especialista en estudios sobre la diáspora, autor y director de programas innovadores sobre la diáspora armenia.

“Tarberak 21”

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