El canciller armenio Ararat Mirzoyan mintió ante la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa al afirmar que “no hay persecución al clero en Armenia”

29 de enero de 2026

El canciller de Armenia Ararat Mirzoyan negó ante la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (PACE), en Estrasburgo, que exista una campaña estatal contra la Iglesia Apostólica Armenia, en una intervención realizada el 28 de enero. Consultado por un delegado conservador sobre supuestas acciones “antieclesiásticas” y “persecución del clero”, el Canciller desestimó esas denuncias y respondió: “Estos son rumores que deben aclararse y corregirse de inmediato. Debo decir que discrepo completamente con algunas de sus formulaciones y caracterizaciones. Lamento que su información sea inexacta. No hay persecución del clero en Armenia”.

La frase fue pronunciada mientras se profundiza la persecución del gobierno de Nikol Pashinyan contra la jerarquía eclesiástica, con detenciones de altos cargos de la Iglesia, judicializaciones contra referentes opositores vinculados a movilizaciones y una campaña política sostenida para deslegitimar al liderazgo espiritual armenio.

En la misma respuesta ante la PACE, Mirzoyan intentó justificar el enfoque oficial planteando que el problema no sería la presión estatal sobre el clero, sino la actividad política de ciertos religiosos.

Mirzoyan luego mintió al afirmar que algunos clérigos ""pidieron la destitución violenta de un gobierno elegido democráticamente” y agregó: “Esto se hizo abiertamente, e incluso hubo llamamientos al asesinato, uno de los cuales iba dirigido contra mí. ¿Cuál sería su decisión y acción en tal caso? En Armenia, el estado de derecho prevalece y todos deben actuar dentro del marco de la ley, ya sean clérigos, funcionarios, artistas o ciudadanos comunes. La triste realidad es que hay clérigos que hicieron tales llamados”. El Canciller del régimen de Pashinyan no dio ningún ejemplo sobre esas supuestas declaraciones.

Durante una audiencia judicial en Armenia, el arzobispo Bagrat Galstanyan, encarcelado ilegalmente por el régimen autoritario de Pashinyan, cuestionó directamente el impacto de esa declaración. Galstanyan señaló que Mirzoyan “negaba cualquier persecución del clero en Armenia” y que “esta afirmación se incorporó posteriormente a la resolución adoptada por la Asamblea”, a la vez que la calificó como “difamatoria” y denunció falta de investigación imparcial y ausencia de contacto con los clérigos acusados.

El diputado Artur Khachatryan, de la Alianza Armenia, también atacó el discurso de Mirzoyan en la PACE, al que calificó de “vergüenza”, y tomó como punto de partida una de las frases clave del Canciller: “los enemigos de la libertad quieren arrastrarnos de nuevo al autoritarismo, a los conflictos interminables con los vecinos y a una soberanía débil”. Para Khachatryan, ese encuadre es una forma de cubrir responsabilidades y desviar la discusión hacia amenazas abstractas.

“Aparentemente”, escribió el diputado, “los armenios en Artsaj vivían en paz con los bondadosos azerbaiyanos, y fueron los ‘enemigos de la libertad’ quienes arruinaron esa relación apacible y nos volvieron hostiles hacia nuestros buenos vecinos azerbaiyanos”. En la misma línea, ironizó: “Al parecer, las autoridades azerbaiyanas son buenas personas que no organizaron los pogromos de Sumgait y Bakú, ni bloquearon Armenia ni Artsaj, ni iniciaron guerras contra nosotros, todo lo cual, al parecer, fue obra de los llamados ‘enemigos de la libertad’”.

En su discurso formal ante la PACE, Mirzoyan se presentó como vocero de una Armenia democrática y en camino a elecciones parlamentarias en junio, aseguró que “los ciudadanos de Armenia demostrarán una vez más que su voluntad es la única fuente de poder en nuestro país” y prometió: “Pero estoy aquí para decirles: no tendrán éxito”, en referencia a quienes buscarían sabotear ese rumbo. También describió el desafío con una fórmula que busca justificarse por anticipado: “Existe, por supuesto, un dilema y una línea muy fina: por un lado, la protección de la libertad de expresión y el pluralismo mediático; por otro, la determinación de enfrentar a los actores maliciosos que abusan de la libertad y socavan la confianza pública en nuestra democracia”.

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