La publicación eliminada del vicepresidente de los Estados Unidos sobre el Genocidio Armenio y el silencio de Ereván

16 de febrero de 2026

La visita del vicepresidente de los Estados Unidos, J. D. Vance, a Armenia dejó una secuencia breve pero cargada de significado. Primero fue su paso por el Memorial del Genocidio Armenio en Dzidzernagapert (Tsitsernakaberd); horas más tarde, la eliminación de su publicación de la red social X en la que había mencionado de manera explícita el Genocidio Armenio. Dos gestos consecutivos que, leídos en conjunto, proyectaron un episodio diplomático difícil de obviar.

El borrado del mensaje constituyó el hecho central. Suprimir una referencia a un genocidio reconocido por numerosos países, incluso por los Estados Unidos, representa mucho más que una corrección comunicacional. El posteo existió, circuló y desapareció. Ese recorrido en pocas horas dejó abierto un interrogante inevitable sobre el alcance político de la decisión y sobre las presiones que pudieron haber intervenido. Las explicaciones oficiales insatisfactorias reforzaron el impacto del gesto.

La repercusión fue inmediata en la prensa internacional y también en medios locales: el diario Clarín tituló, a página entera, “Derrape armenio de Vance: reconoce el genocidio y luego da marcha atrás”, reflejando la magnitud pública que alcanzó el episodio.

En un segundo plano quedó la ausencia de acompañamiento visible de altos funcionarios armenios durante la visita al memorial. La visita a Dzidzernagapert integra el protocolo habitual de las delegaciones oficiales, pero su dimensión simbólica trasciende cualquier formalidad. Que una autoridad extranjera de primer nivel recorra ese espacio sin escolta gubernamental transmite un mensaje político directo, porque se trata de uno de los sitios más sensibles de la memoria colectiva armenia.

A esta altura resulta inocultable el desinterés del gobierno de Nikol Pashinyan por sostener una postura firme en la reivindicación y el respeto por el Genocidio Armenio perpetrado por el Estado turco.

A la secuencia se sumó un tercer elemento: la Cancillería armenia mantuvo silencio público tras la eliminación del posteo. Esa ausencia de reacción terminó de configurar una escena en la que los símbolos pesaron más que cualquier declaración. Es evidente que las omisiones también construyen significado.

El politólogo Arthur Khachikyan, doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Stanford, aportó días atrás una comparación que ayuda a dimensionar el alcance comunicacional del episodio. Señaló que si un dirigente estadounidense eliminara una referencia al Holocausto la reacción pública sería inmediata e intensa. La analogía no busca comparar tragedias sino subrayar el peso cultural y político que adquiere el lenguaje cuando se habla de genocidios reconocidos.

Luego de su paso por Armenia, Vance continuó su gira hacia Azerbaiyán, un dato que completó otra capa de lectura a la secuencia. En diplomacia, los tiempos y los destinos también comunican. El orden de los hechos suele marcar la posición.

Un posteo eliminado, una visita sin compañía oficial y un silencio diplomático posterior pueden parecer gestos aislados. Juntos, en cambio, componen una imagen elocuente sobre el lugar que hoy ocupa la memoria del Genocidio en la agenda oficial armenia y sobre el doble discurso evidente del vicepresidente estadounidense.

Pablo Kendikian
Director de Diario ARMENIA

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