Junta de Paz, el club de aduladores de Trump del que Armenia no obtendrá nada

El pasado 19 de febrero el presidente de Estados Unidos lanzó formalmente Junta de Paz en Washington, con la presencia de Nikol Pashinnyan e Ilham Aliyev, en lo que parece ser más un gesto que una estrategia de largo aliento.
El multilateralismo que se impuso a nivel global hace ya siete décadas, en el epílogo de la Segunda Guerra Mundial, está crujiendo desde hace meses. Las instituciones creadas en la Conferencia de Bretton Woods en 1944 (Banco Mundial FMI) y la Organización de las Naciones Unidas en 1945, son los emblemas de este sistema internacional.
Pero este multilateralismo, y en especial la propia ONU, están hoy en el ojo del huracán, siendo criticados, ninguneados y hasta literalmente “cascoteados” por Estados Unidos, paradójicamente, uno de los principales impulsores de las mencionadas instancias de diálogo y resolución de controversias entre los países.
La última estocada del presidente de Estados Unidos Donald Trump a la ONU fue el lanzamiento del Board of Peace, en español Junta de Paz o también citado como Consejo de Paz, convocado para intentar una solución a la guerra en Gaza entre el ejército israelí y los militantes de Hamas, grupo ultraislámico considerado terrorista por gran parte de los países de Occidente, incluida la Argentina.
Mundo en guerra
En un mundo prendido fuego, al menos en cuatro de los cinco continentes, la idea de que un solo hombre o este hombre con algunos líderes aliados pueda garantizar la paz suena a quimera o a una postura megalómana que no augura tiempos calmos a futuro.
Europa se desangra hace cuatro años en Ucrania, tras la invasión de Rusia, metió al continente en el peor enfrentamiento armado desde la Segunda Guerra Mundial. Como derivación de esta guerra contra Ucrania, las tensiones entre Rusia y países como Francia, Alemania y Reino Unido, así como todos aquellos que pertenecen a la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), están a la orden del día.
Además, aún sin guerra abierta, en los Balcanes crece la tensión entre Serbia y Kosovo, antigua región autónoma en la Yugoslavia que emergió de la Primera Guerra Mundial, que se independizó en 2008, pese a lo cual las tensiones étnicas continúan.
Varios conflictos en África, como el caso de la República Democrática del Congo con Ruanda; Egipto con Etiopía, y la guerra civil en Sudán, que derivó en la partición del país y la creación del Sudán del Sur, indican que el continente negro está “caliente”.
En América no hay guerras abiertas entre países, pero sí enfrentamientos a brazo partido entre gobiernos y carteles del narcoterrorismo; también combate a las sanguinarias maras (pandillas delictivas) en países como México, Colombia, Ecuador, Perú, El Salvador, Guatemala, Honduras, y hasta Argentina con creciente inseguridad debido a las acción de los narcos, por mencionar algunos casos.
En Asia, hay varios focos de conflicto. El principal conflicto que motivó a Trump a crear esta estructura supranacional sin controles de nadie, conocida como Junta de Paz, es la guerra en la Franja de Gaza, un conflicto que lleva casi 80 años, y que nada parece detener.
¿Ensayo general en Artsaj?
Casualmente o no tanto, el accionar del ejército israelí en Gaza tuvo muchas similitudes con la forma en que Azerbaiyán atacó la República de Artsaj en 2020 y particularmente el bloqueo desde fines de 2022 a septiembre de 2023. Si bien Israel no estuvo directamente involucrado en la Guerra de los 44 días, sí es un hecho que fue y es el principal proveedor de armamento de última generación - junto con Turquía- al régimen de Bakú.
Pero las similitudes entre Artsaj y Gaza no se quedan en los “fierros”. En ambos conflictos hubo primero un duro bloqueo, con control estricto de entradas y salidas de personas, alimentos y medicamentos. También se apeló en ambos casos al bombardeo indiscriminado a la población civil -con miles de muertos- y la destrucción de infraestructura.
Y en los dos casos se trata de larguísimos conflictos que se intentaron resolver por la vía militar, sin mediar la diplomacia. En el caso de Armenia y Azerbaiyán los choques se remontan a fines del siglo XIX, no hay que olvidar las luchas interétnicas en el Imperio Ruso en las décadas de 1880 y 1890; la masacre de Sushí en 1920, los pogromos de Sumgait, Bakú y Ganjá (Kirovabad) entre 1988 y 1990. El caso israelo-palestino ya se dijo que data de mediados de la década de 1940.
Todos estos conflictos, junto a la disputa y frontera caliente entre India y Pakistán por el control de Cachemira; la guerra entre Azerbaiyán y Armenia; las eternas tensiones entre Israel e Irán; y el conflicto fronterizo entre Tailandia y Camboya, conforman el corpus de “ocho guerras” que Donald Trump dice haber detenido, aunque la evidencia indica que ninguna de ellas terminó. Tal vez hay una impasse en la de Armenia y Azerbaiyán pero analistas sostienen que pueden encenderse la mecha nuevamente en algún momento.
Trump buscó reconocimiento internacional como mediador para catapultarlo, sin escalas, como merecedor del Premio Nobel de la Paz, galardón que no le fue concedido en 2025 y que gatilló la furia del presidente norteamericano.
La puesta en escena
Bajo esta lógica, la Junta de Paz propuesta por Trump se propone aunar esfuerzos de líderes mundiales para resolver la guerra en Gaza y ya comprometió US$ 10.000 millones a tal fin. De los más cincuenta jefes de Estado y de Gobierno invitados, sólo 28 aceptaron firmar el documento fundacional el 19 de enero en Washington, Armenia entre ellos.
Probablemente, el gobierno de Armenia y el propio primer ministro Nikol Pashinyan sepan que difícilmente el grupo pueda disuadir a Israel a que deje de hambrear y bombardear a los palestinos y a Hamas que deponga las armas. Pero en esto juega y mucho la geopolítica.
Cuando Pashinyan aceptó la invitación de Trump, hacía menos de dos meses que había rubricado en el Salón Oval junto al propio Trump e Ilham Aliyev el acuerdo de paz entre ambos países del 8 de agosto de 2025, y se estaban firmando los protocolos para avanzar en la Ruta Trump para la Paz y la Prosperidad internacional (TRIPP).
Además, Aliyev ya había aceptado el convite, también lo habían hecho Turquía, Pakistán (aliado de Turquía y Azerbaiyán), Israel y Bielorrusia. Hay que recordar que el presidente Alexander Lukashenko se jactó de haber ayudado a Aliyev a atacar a los armenios de Artsaj y hasta lo felicitó por su victoria en la guerra.
De no haberse sumado a la Junta de Paz Armenia hubiera dejado el terreno expedito a sus enemigos/contrincantes en la región, una decisión por cierto, peligrosa.
Además, sin la “protección” de Vladimir Putin y de Rusia en el Cáucaso Sur, el gobierno de Pashinyan buscó el cobijo de la Unión Europea y de Estados Unidos, Rechazar a Trump hubiera significado enemistarse con uno de los pocos mediadores que Ereván tiene ante un eventual nuevo enfrentamiento armado con Azerbaiyán, si es atacado.
Armenia sabe que tiene poco y nada para ganar de la Junta de Paz. De hecho, durante la guerra de 2020-2023 Washington no pasó de declaraciones de buenas intenciones, y el aporte de algunos millones de dólares para ayuda humanitaria. La firma de los contratos entre Estados Unidos y Armenia por el TRIPP le da algo de cobertura a Armenia ante un eventual ataque, porque hay intereses económicos en juego.
En cuanto a los perjuicios que podría traerle sentarse en la misma mesa que Trump, y los líderes de Israel, Pakistán, Hungría, Arabia Saudita o Qatar, el punto principal es la mirada de reojo de algunos de sus viejos o nuevos aliados.
Es el caso de Francia, Alemania o la propia Unión Europea como bloque; el recelo de Irán por lo que puede significar Estados Unidos cerca de su frontera, o una cercanía con Israel, dos países que podrían volver a bombardear Teherán más temprano que tarde.
También lo que pueda cuestionar la India -hoy un aliado estratégico tecnológico y militar de Armenia-, sobre el “acercamiento” a Pakistán. E incluso el tirón de orejas que pueda darle Putin a Pashinyan, por juntarse una vez más y de ese modo, con Occidente, en lo que podría leer como una cuña en el Cáucaso, “su patio trasero”.
Carlos Boyadjian