La sombra de la guerra se cierne sobre Armenia, mientras Pashinyan juega a la “pequeña política”

10 de marzo de 2026

Dura advertencia del embajador iraní en Ereván sobre el TRIPP y la amenaza azerí sobre Syunik, si Teherán termina debilitado por la guerra. Hoy se impone que Pashinyan piense en el bien del país antes que en su reelección en junio.

Los bombardeos coordinados entre fuerzas de los ejércitos estadounidense e israelí sobre Irán, que ya llevan más de diez días y casi dos mil muertos, la inmensa mayoría de nacionalidad iraní o libanesa, oh casualidad, encendió las alarmas en Armenia, aunque no todos se hayan enterado, especialmente en el gobierno de Nikol Pashinyan.

La razón es simple: una guerra de alcance regional, con implicancias globales a nivel geopolítico y económico, en un país limítrofe, ubicado literalmente a tiro de piedra de Armenia en la frontera sur, no puede más que preocupar y mucho.

Pero, además, el país atacado por dos de las mayores fuerzas militares del mundo, incluyendo a la US Army, el ejército más poderoso del planeta, y el ejército israelí, que integra el top five en cualquier ranking de capacidad tecnológica bélica y poder de fuego, es el principal aliado de Armenia y el más cercano en la región en términos políticos, económicos y hasta históricos y culturales.

No hay que olvidar el rol clave que desempeñó Irán durante la Guerra de los 44 días y posteriormente, en el marco de la avanzada de Azerbaiyán para finalmente lograr abrir un corredor que, atravesando el sur de Armenia, uniera Azerbaiyán con la República Autónoma de Najicheván, buscando hacerse con el control de la estratégica provincia de Syunik.

En reiteradas ocasiones, incluso en el marco de las deliberaciones del llamado Grupo 3+3, que integran Turquía, Rusia, Irán, Armenia, Azerbaiyán y Georgia -aunque esta última se excusó siempre de participar- la teocracia iraní, ahora presentada ante los ojos occidentales como la portadora de todos los males de la humanidad, fue decisiva en defender la integridad territorial de Armenia

También enfatizó, en varias oportunidades, que cualquier cambio en la frontera interestatal o un corredor extraterritorial era una línea roja para Teherán, por lo que no estaba dispuesto a aceptarlo ni convalidarlo. Sin dudas, fue un apoyo vital para Armenia, mucho más en aquellas circunstancias.

Neutralidad y advertencia

Desde el inicio de las hostilidades el pasado 28 de febrero, el gobierno de Armenia oficialmente no se pronunció sobre la marcha de la guerra en Irán, más allá de algunas consultas a nivel de Cancillería con países vecinos como Georgia, Turquía, Líbano o Bahrein, además de algunos países europeos.

Hubo sí una llamada telefónica del ministro de Relaciones Exteriores armenio, Ararat Mirzoyan, con su par iraní, Seyed Abbas Araghchi, el pasado 2 de marzo y el fin de semana hubo una felicitación formal del primer ministro Nikol Pashinyan al electo nuevo líder Supremo de Irán, el ayatolá Mojtaba Jamenei, quien reemplazará en el cargo a su padre Alí Jamenei, asesinado el primer día de la guerra durante los bombardeos a Teherán.

Parece una respuesta demasiado formal y suena a poco comprometida de parte de lo que, se supone, es un aliado cercano y de primer orden. Algo de esto dejó trascender el nuevo embajador de Irán en Armenia, Khalil Shirgholami, el lunes 2 de marzo.

Sin vueltas, advirtió en conferencia de prensa que el ataque sufrido por su país a manos de las fuerzas armadas de Israel y Estados Unidos podría incrementar la inestabilidad en Cáucaso y poner en riesgo nuevamente a Armenia, ante lo que consideró una posibilidad de ataque de Azerbaiyán.

En lenguaje diplomático, recordó la deuda moral que tiene Armenia con Teherán por su actuación durante los amargos días de la guerra de 2020. En términos concretos, el embajador se refirió al respaldo político que brindó la República Islámica de Irán en aquel momento. 

Agregó que más recientemente su país colaboró en la materialización del acuerdo de paz provisional alcanzado entre Armenia y Azerbaiyán, mediado por el propio presidente Donald Trump y rubricado en el Salón Oval de la Casa Blanca el pasado 8 de agosto.

"El debilitamiento o, Dios no lo quiera, la derrota de Irán también perjudicará a Armenia. No es ningún secreto que en la historia ha habido reclamaciones de varias fuerzas a Armenia, y siguen existiendo hasta cierto punto", subrayó Shirgholami.

Acto seguido, insinuó que las acciones militares en curso contra Irán amenazan trastocar el statu quo regional, avanzando hacia formas que podrían tentar a Azerbaiyán a retirarse del acuerdo de paz – que formalmente aún no se ha firmado- y potencialmente dar pasos sobre los reclamos territoriales sobre la provincia de Syunik, que Azerbaiyán denomina eufemísticamente Zangezur Occidental.

El futuro del TRIPP

El otro aspecto clave para la República Islámica de Irán es el avance de las obras correspondientes a la Ruta Trump para la Paz y la Prosperidad Internacional (TRIPP), ante lo cual Shirgholami deslizó una tácita advertencia.

Shirgholami indicó que la República Islámica no se quedaría de brazos cruzados si percibía que el TRIPP tenía "un propósito militar que puede perjudicar la seguridad" de su país.

El TRIPP es el corazón del acuerdo de paz entre Ereván y Bakú y, en principio, tiene como objetivo ser una ruta de tránsito vehicular -también ferroviaria- operada por Estados Unidos, a través del territorio de Armenia, conectando Azerbaiyán con su exclave de Najicheván.

Casualmente o no tanto, Najicheván sufrió hace unos días un extraño ataque con drones en el aeropuerto local, que el gobierno de Azerbaiyán atribuyó a un ataque de Irán a su territorio, en tanto que el propio presidente Ilham Aliyev señaló que habría una respuesta militar al incidente, además de exigir la admisión de responsabilidad de Teherán, cosa que este país negó tajantemente.

Es cuanto menos llamativo que Irán, que se hizo cargo de todos y cada uno de los ataques a bases estadounidenses e infraestructura en una decena de países del Golfo Pérsico, haya desmentido categóricamente haber atacado a Najicheván.

Conociendo como actúan el gobierno de Bakú y los servicios secretos azeríes, no es descabellado pensar que el incidente haya sido armado para luego justificar movimientos de tropas a la zona, cosa que ya comenzó a hacer. Y en el medio está Syunik, claro.

Mirándose el ombligo

En este contexto, el primer ministro Nikol Pashinyan parece más preocupado en desarrollar su campaña de cara a las elecciones legislativas del 7 de junio, que atento a los movimientos de sus siempre peligrosos vecinos turcos y azeríes, dispuestos a aprovechar cada resquicio que ofrece la coyuntura para arrinconar cada vez más a Armenia y conseguir nuevas concesiones.

Por el momento, Armenia está más preocupada por el impacto económico del conflicto en Irán, la suspensión de todas las exportaciones por parte de ese país -Armenia importa de allí frutas, verduras, aceites, lácteos y otros alimentos- la búsqueda de mercados alternativos para hacerse de esos productos y la posibilidad de enfrentar una crisis migratoria, si el conflicto se extiende en el tiempo.

El otro frente abierto que tiene Armenia es su vínculo con Moscú, bastante deteriorado después la actitud de Rusia en 2020 ante la agresión turco-azerí contra Artsaj, la invasión de más de 240 km2 de territorio soberano armenio a manos del ejército azerí en 2021 y 2022, así como el hacer la vista gorda para que Azerbaiyán bloqueara el corredor de Lachín en 2023 y finalmente bombardeara Artsaj y provocara la limpieza étnica de ese territorio ancestral armenio.

Pashinyan deberá hacer un delicadísimo equilibrio para no enfrentarse una vez más al Vladimir Putin, el presidente ruso que este lunes mantuvo un duro diálogo con su par estadounidense Donald Trump sobre la guerra en Irán, donde expresó el apoyo "inquebrantable" de Moscú a Teherán, luego de la elección de Mojtaba Jamenei como nuevo Líder Supremo.

"Rusia ha sido y seguirá siendo un socio fiable de la República Islámica”, dijo el mandatario ruso. El acercamiento de Armenia a Occidente y especialmente a Estados Unidos, puso en la mira de Irán y de Rusia el proyecto TRIPP, y observan con recelo a Armenia que finalmente trajo “al Gran Satán” al Cáucaso Sur y lo puso en centro del Corredor Norte-Sur vital, para el comercio de Irán hacia los mercados de Europa.

Carlos Boyadjian

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