Juan Gabriel Tokatlian: “Estamos en un mundo peligroso”

El sociólogo y doctor en Relaciones Internacionales Juan Gabriel Tokatlian advirtió que el sistema internacional atraviesa una etapa de “peligrosidad” creciente y sostuvo que la Argentina deberá tomar decisiones estratégicas que marcarán su inserción global en los próximos años, durante una charla online organizada por la Cámara Argentino-Armenia el 10 de marzo.
En una exposición centrada en las guerras, las transiciones de poder y la crisis del orden internacional, Tokatlian afirmó que “estamos viviendo una coyuntura crítica internacional”, remarcó que “estamos en un mundo posoccidental” y concluyó que la situación actual ya no puede definirse solo por la incertidumbre: “No estamos atravesando una cuestión de incertidumbre. Lo que estamos es una situación internacional peligrosa”.
Al comienzo de su intervención, Tokatlian planteó que la Argentina enfrenta un momento excepcional por la magnitud de las transformaciones globales. “Las transformaciones que se están produciendo son de escala muy distinta a la convencional, de una profundidad, intensidad y densidad notorias”, dijo. Y agregó: “Lo que la Argentina vaya definiendo en los próximos cinco, seis, máximo 10 años va a significar su modo de insertarse en el mundo, su lugar en el mundo”.
En ese marco, vinculó la coyuntura actual con otros momentos históricos de transición de poder, aunque subrayó que esta vez el proceso presenta una novedad decisiva. “Todas las transiciones de poder de los últimos tres siglos habían sido en el seno de Occidente, no con un conjunto de actores que emergen o reemergen de Oriente”, explicó.
Para Tokatlian, la marca de época es el desgaste del predominio occidental y el ascenso de nuevos actores con capacidad de disputar poder. “Este predominio de valores, reglas, instituciones, intereses, preferencias de Occidente encuentra un límite”, afirmó. Y detalló: “China es un país heredero de un imperio, del imperio chino. Rusia es un país heredero de un imperio, el imperio ruso. Turquía es heredero de un imperio, el imperio otomano. Irán es heredero de un imperio, el imperio persa”.
A partir de ese diagnóstico, sostuvo que el mundo dejó atrás el ciclo de la posguerra fría. “Eso, como tal, se acabó, se terminó. Eso colapsó”, dijo sobre la idea de un orden internacional moldeado por Estados Unidos después de 1991. Para Tokatlian, el escenario actual combina un “mundo posoccidental” con “un orden internacional no hegemónico”, es decir, un sistema donde “ni Estados Unidos tiene una hegemonía plena” ni China busca asumir una hegemonía alternativa. “Estamos en un escenario sin un ordenador general, sin alguien que paute las reglas, sin alguien que organice los sistemas”, resumió.
Lejos de describir un fenómeno meramente académico, el expositor insistió en que esa combinación genera riesgos concretos. “Esta marca de peligrosidad nos va a acompañar”, advirtió. Y añadió: “Cómo surcar, cómo navegar esta peligrosidad va a ser esencial. Va a ser vital. Por supuesto para países como Argentina”.
Después de ese encuadre, Tokatlian se concentró en la cuestión de las guerras y explicó que la literatura internacional identifica tres grandes tipos de condiciones que pueden llevar a una confrontación. Primero mencionó las razones estructurales, ligadas a alteraciones drásticas del poder relativo entre actores internacionales. Luego se refirió a factores contingentes, como “el exceso de militarismo”, “el auge del nacionalismo”, “el fuerte malestar social” y “una crisis económica de envergadura”. Finalmente, abordó los precipitantes inmediatos, entre ellos la disputa territorial y los errores de percepción.
Sobre el militarismo, sostuvo que la tendencia global es alarmante. “Desde el año 2021 hasta la fecha, cada año el mundo superó el récord anterior y mundial en términos de gastos militares”, señaló, en referencia a los datos del SIPRI. También alertó sobre el vacío actual en materia de control de armas y sobre el riesgo de que la inteligencia artificial se aplique sin regulación a escenarios bélicos.
En cuanto al nacionalismo, describió “un rebrote nacionalista que lleva más de 10 años”, tanto en regímenes autoritarios como democráticos. Y sobre el malestar social, afirmó: “Llevamos más de 15 años diciendo que cada uno de los procesos electorales que conocemos en los países donde hay elecciones, todas las elecciones son polarizadas”. Según Tokatlian, esa polarización expresa frustraciones acumuladas y puede convertirse en combustible para conflictos más amplios.
Su conclusión fue tajante: “Si tomamos hoy, 2026, vemos dinámicas de cambios estructurales, vemos elementos contingentes superpuestos y vemos precipitantes activados. Y por lo tanto debiéramos tener por lo menos la razonabilidad de pensar que alguna de las confrontaciones que estamos viendo pueden derivar en situaciones descontroladas que nos lleven a un desenlace fatídico”.
Al aterrizar ese marco en el conflicto con Irán, Tokatlian definió la situación actual como “una mini guerra mundial localizada”. Explicó que ya no se trata solo de un choque entre Estados Unidos, Israel e Irán, sino de una confrontación con derivaciones regionales múltiples. “Irán respondió atacando a varios países árabes donde hay bases de Estados Unidos. Esto no se había visto antes”, dijo. También mencionó el hundimiento de un barco iraní por parte de Estados Unidos frente a Sri Lanka y la participación indirecta de otros actores. “Hay países que se están moviendo, Francia, para ver qué puede hacer para habilitar el movimiento en el estrecho de Ormuz”, afirmó.
En ese punto, llamó la atención sobre la dimensión económica de la crisis. “El problema del estrecho de Ormuz no es un problema militar, sino actuarial”, explicó. Y detalló que la paralización del tránsito no surgió de un cierre físico, sino de la decisión de las aseguradoras de frenar operaciones por el riesgo creciente.
Durante el intercambio posterior, una de las preguntas apuntó de lleno a la repercusión regional del conflicto. “¿Cómo este conflicto con Irán puede repercutir en la situación geopolítica de Armenia?”, se le planteó, junto con la referencia a los aeropuertos de Ereván y Bakú como hubs alternativos. Tokatlian respondió que la región está atravesada por “equilibrios muy complicados, tensiones históricas acumuladas muy diversas, contradicciones religiosas, étnicas muy profundas” y advirtió sobre la complejidad interna de Irán. “Irán es un país de unos 92 millones de habitantes, pero no todos son persas”, recordó, aludiendo a la existencia de minorías kurdas y azeríes dentro del país.
Al mismo tiempo, descartó que Teherán tenga interés en provocar a Armenia o a Azerbaiyán en este contexto. “No veo el sentido de que ahora Irán se arriesgara a provocar a Azerbaiyán en un caso y a provocar a Armenia en otro”, sostuvo. También remarcó que, pese a la histórica rivalidad entre Irán y parte del mundo árabe, varios países de la región buscan evitar una escalada mayor. “Aquí hay muchos que no toleran a Irán. Pero aquí también hay muchos que tratan de que esto no escale más”, dijo. En ese tablero, destacó el papel de China: “Probablemente uno de los pocos adultos en todo esto sea al final del día China”.
Tokatlian también dedicó una parte significativa de su exposición y de sus respuestas a cuestionar la conducta de Occidente y el deterioro del derecho internacional. Trazó una comparación entre la invasión a Irak en 2003 y la situación actual, y remarcó que en aquel momento hubo resistencia internacional, incluso desde América Latina. “Estados Unidos no pudo lanzar su invasión en el marco de una resolución de Naciones Unidas”, recordó. Y contrapuso esa situación con lo ocurrido el 28 de febrero de 2026, cuando se reunió de urgencia el Consejo de Seguridad por el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán. “No hubo ninguna resolución”, subrayó.
Para Tokatlian, lo más grave es que incluso regiones que antes actuaban como defensoras del derecho internacional hoy muestran una posición fragmentada o dubitativa. “América Latina perdió en este caso la posibilidad de hacer, al menos, no digo colectivamente, pero al menos defender el hecho de que el uso de la fuerza sin legitimidad y sin legalidad es un problema mayúsculo, mayúsculo”, afirmó. Antes había lanzado otra advertencia de fondo: “Nos estamos quedando en el mundo sin defensores de los principios rectores de la convivencia internacional”.
La pregunta sobre el Consejo de Seguridad y el papel de Naciones Unidas en este nuevo escenario lo llevó a profundizar su crítica institucional. Tokatlian sostuvo que la ONU ya no refleja la distribución real del poder. “Naciones Unidas como un todo hoy está fuertemente hackeada en su credibilidad, en su legitimidad porque no refleja en el órgano principal de toma de decisiones sobre la paz y la seguridad lo que realmente pasa en términos de poder”, explicó. Y fue todavía más lejos al evaluar el funcionamiento del organismo: “Es una Naciones Unidas que ante el uso de la fuerza de ciertos poderosos se calla la boca”.
También criticó la creación del llamado Consejo de Paz impulsado por Donald Trump, al que describió como un dispositivo paralelo que agrava el cuadro. “La ONU está muy débil, pero este otro aparataje que creó Trump tiene un problema de origen notorio”, sostuvo.
Hacia el final, el especialista volvió sobre la idea central que atravesó toda la charla: el mundo entró en una etapa de peligrosidad sistémica, no reducida a un solo conflicto ni a una sola región. “No es que la colisión sea lo natural, no es inexorable”, aclaró en un momento. Pero su balance general fue inequívoco: el debilitamiento del predominio occidental, el colapso de la posguerra fría, el aumento del militarismo, el rebrote nacionalista, la erosión del derecho internacional y la impotencia de Naciones Unidas conforman una combinación altamente inestable. En ese contexto, la Argentina deberá decidir cómo se ubica, con qué márgenes de autonomía y con qué lectura del mundo. Para Tokatlian, esa discusión ya no admite simplificaciones.