Destituida por hablar de Artsaj

14 de marzo de 2026

La directora del Museo-Instituto del Genocidio Armenio, Edita Gzoyan, fue obligada a renunciar después de entregar al vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance, un libro sobre Artsaj durante su visita al memorial de Tsitsernakaberd (Dzidzernagapert).

La orden provino del propio primer ministro armenio, Nikol Pashinyan, quien consideró el gesto una acción “provocadora” que contradecía la política exterior de su gobierno.

La explicación deja poco margen para interpretaciones: la directora de la principal institución dedicada a preservar la memoria del Genocidio Armenio fue destituida por haber mencionado Artsaj frente a un visitante extranjero.

El episodio ocurrió el 10 de febrero, cuando Vance y su esposa visitaron el complejo memorial de Tsitsernakaberd y colocaron flores en homenaje a las víctimas del Genocidio Armenio. Durante el recorrido, Gzoyan acompañó al vicepresidente por el complejo y le explicó distintos aspectos del memorial, incluyendo los khachkars colocados en memoria de las víctimas de los pogromos contra armenios ocurridos entre 1988 y 1990 en Sumgait, Kirovabad y Bakú impulsados por el gobierno azerbaiyano.

Edita Gzoyan hizo exactamente lo que se espera de la directora de una institución dedicada a preservar la memoria histórica del pueblo armenio. Poco después de la visita, el vicepresidente estadounidense borró una publicación en sus redes sociales en las que mencionaba explícitamente al Genocidio Armenio. El gobierno armenio no emitió ninguna reacción pública ante ese episodio.

Tras el pedido de renuncia, la reacción dentro del propio museo fue inmediata. Los 74 empleados del Instituto enviaron una carta colectiva al Primer Ministro solicitando que se revisara la injusta decisión. Poco después renunció el presidente del Consejo de Administración del Museo, el historiador franco-armenio Raymond Kévorkian, seguido por otros miembros del directorio, entre ellos Harutyun Marutyan, Hranush Kharatyan y Stephan Astourian. Kharatyan advirtió públicamente que las declaraciones del primer ministro representaban una amenaza para la libertad académica en Armenia.

Sin embargo, el gobierno avanzó con rapidez y designó como director interino del museo a Hrachya Tashchyan, exasesor de Pashinyan, quien asumió el cargo el 13 de marzo. La decisión confirmó lo que se rumoreaba en los corrillos políticos: que la intervención política en el museo no era un episodio circunstancial sino parte de un cambio de rumbo más profundo.

Fuentes del propio museo señalaron que Gzoyan llevaba años entregando publicaciones similares y organizando recorridos idénticos para delegaciones internacionales que visitaban Tsitsernakaberd. También recordaron que el servicio protocolar del gobierno no había transmitido ninguna instrucción especial antes de la visita del vicepresidente estadounidense. El instituto cuenta además con una división dedicada al estudio de las violencias contra los armenios en Artsaj, Najicheván y Azerbaiyán.

La reacción por la decisión tampoco se limitó a Armenia. Veinticinco especialistas internacionales en estudios sobre genocidio difundieron una declaración conjunta en la que pidieron la restitución inmediata de Gzoyan. Los firmantes advirtieron que su destitución amenaza la independencia del Museo-Instituto del Genocidio Armenio y envía una señal alarmante sobre la interferencia política en instituciones académicas. También remarcaron que el museo no es un sitio turístico sino un centro de investigación y memoria histórica cuyo liderazgo debería estar protegido de presiones políticas.

La salida de Gzoyan, una intelectual ampliamente reconocida, difícilmente pueda entenderse como un hecho aislado. En los últimos años, en Armenia se consolidó una tendencia cada vez más evidente que consiste en la progresiva desaparición de Artsaj del lenguaje político y del espacio público. Ni que hablar del diplomático.

Altos funcionarios del gobierno comenzaron a evitar sistemáticamente ese nombre, utilizando en su lugar la denominación “Nagorno Karabaj”. A modo de ejemplo, en manifestaciones públicas en Ereván personas que portaban la bandera de Artsaj fueron detenidas por las fuerzas de seguridad.

A este clima se sumaron además declaraciones oficiales que relativizan el Genocidio Armenio perpetrado por el Estado turco. El propio primer ministro Nikol Pashinyan planteó públicamente que los armenios debían “entender qué ocurrió en 1915”. En la misma línea, el Alto Comisionado para la Diáspora, Zareh Sinanyan, propuso elaborar una lista completa de las víctimas del genocidio, una iniciativa funcional a las narrativas negacionistas promovidas por Turquía y Azerbaiyán. La lista de ejemplos sigue.

La señal es difícil de ignorar. Mientras el gobierno de Pashinyan impulsa su política de acercamiento y normalización de relaciones con Azerbaiyán y Turquía, cualquier referencia pública al Genocidio Armenio y a Artsaj se convirtió en un tema incómodo. En este contexto, la destitución de Edita Gzoyan encaja en un patrón político y deja de parecer una decisión meramente administrativa, como aseguran desde el gobierno.

Hace tiempo que algunas voces vienen advirtiendo sobre ese rumbo. El historiador Hayk Demoyan, también exdirector del Museo-Instituto del Genocidio Armenio, señaló que ciertas declaraciones y decisiones del gobierno estaban debilitando la memoria histórica del genocidio y socavando uno de los pilares simbólicos de la seguridad nacional armenia.

El 25 de abril de 2025 recorrimos el Museo-Instituto del Genocidio Armenio junto al periodista argentino Reynaldo Sietecase, pocas horas después de que una multitud pasara por el memorial Tsitsernakaberd para rendir homenaje a los muertos en el 110° aniversario del genocidio.

Gzoyan nos recibió y explicó que el Instituto no es solamente un museo abierto al público que recibe más de cien mil visitantes al año. Nos contó que el sitio es también un centro de investigación donde trabajan decenas de especialistas dedicados al estudio del genocidio y de otros crímenes contra la humanidad. Allí se preservan archivos, testimonios, documentos y fotografías reunidos a lo largo de décadas.

Ante preguntas de Sietecase, la especialista subrayó que el Genocidio Armenio es uno de los crímenes mejor documentados de la historia moderna. Diplomáticos, misioneros, periodistas y testigos de numerosos países dejaron registros escritos de lo que estaba ocurriendo en el Imperio Otomano. Por eso explicó que el negacionismo no pertenece al terreno de la historia sino al de la política. “El negacionismo es hoy una categoría política”, afirmó.

Meses después Edita Gzoyan fue echada de su cargo. La razón invocada por Nikol Pashinyan fue la entrega al vicepresidente estadounidense de material documentado sobre Artsaj durante su visita al memorial de Tsitsernakaberd. Una decisión que dice mucho sobre el tiempo político que atraviesa hoy Armenia y sobre el tipo de país que se está construyendo.

Pablo Kendikian

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