Elecciones en Armenia: quiénes compiten y qué está en juego el 7 de junio

29 de mayo de 2026

Armenia celebrará elecciones parlamentarias para renovar la Asamblea Nacional y definir el rumbo político del país en un escenario atravesado por la guerra de 2020, la limpieza étnica de la República de Artsaj (Nagorno Karabaj) en 2023, las negociaciones con Azerbaiyán y Turquía, el debate sobre una eventual reforma constitucional y la disputa por la orientación geopolítica impulsada por el gobierno de Nikol Pashinyan, en la votación prevista para el 7 de junio.

Será la primera elección parlamentaria ordinaria desde 2017, luego de los comicios anticipados de 2018 y 2021. La campaña oficial comenzó el 8 de mayo y se extenderá hasta el 5 de junio, antes de la jornada de silencio electoral. Según los datos publicados por la Comisión Electoral Central de Armenia, el padrón informado 20 días antes de la votación era de 2.483.520 electores.

El sistema electoral armenio es proporcional por listas. La Asamblea Nacional cuenta con un mínimo de 101 bancas, aunque ese número puede ampliarse por los mecanismos previstos para garantizar representación de minorías nacionales y una mayoría parlamentaria estable. Los partidos deben superar el umbral legal para ingresar al Parlamento, mientras que las alianzas tienen pisos más altos de acuerdo con la cantidad de fuerzas que las integran.

El modelo parlamentario armenio además contempla mecanismos destinados a garantizar la formación de gobierno. Si ninguna fuerza consigue una mayoría suficiente y no se logra una coalición dentro de los plazos establecidos, puede convocarse una segunda vuelta entre las dos fuerzas más votadas. El sistema también prevé la asignación adicional de bancas para asegurar gobernabilidad parlamentaria. No existe un mínimo de participación para validar la elección.

La Comisión Electoral Central registró inicialmente 19 fuerzas políticas entre partidos y alianzas electorales. La nómina incluyó al Partido Reformista, encabezado por Vagharshak Harutyunyan; el Partido Democrático “Estoy contra todos”, de Spartak Kyureghyan; la Alianza Armenia Fuerte, encabezada por Narek Karapetyan e integrada por Armenia Fuerte, Nueva Era y Armenios Unidos; el Partido Meritocrático de Armenia, de Gurgen Simonyan; Nueva Fuerza, del exalcalde de Ereván Hayk Marutyan; Alas de Unidad, del exdefensor del Pueblo Arman Tatoyan; Armenia Próspera, del empresario Gagik Tsarukyan; el Polo Nacional Democrático Panarmenio, de Gevorg Karapetyan; el Partido Kochari de Renacimiento Nacional y Despertar de la Nación, de Artak Sargsyan; el Congreso Nacional Armenio, encabezado por Levon Zourabyan; República, de Aram Sargsyan; el Partido Cristiano-Demócrata, de Levon Shirinyan; la Alianza de Centro Progresista, de Tigran Urikhanyan; Consolidación Democrática, de Suren Petrosyan; Democracia, Ley y Disciplina (DOK), de Vardan Ghukasyan; Contrato Civil, de Nikol Pashinyan; la Alianza Armenia, de Robert Kocharyan y la FRA-Tashnagtsutiún; Por la República, de Arman Babajanyan; y Armenia Luminosa, de Edmon Marukyan. La autoridad electoral informó posteriormente que recibió la decisión de la Alianza de Centro Progresista de retirar su participación y dejó sin efecto su registro.

La fuerza gobernante es Contrato Civil, encabezada por el primer ministro Nikol Pashinyan, que busca continuar en el poder bajo el lema “Por la paz”. Su campaña se apoya en la línea de la llamada “Armenia Real”, una doctrina política que concentra la política estatal en las fronteras internacionalmente reconocidas de la República de Armenia y abandona las referencias históricas a Artsaj, a la autodeterminación y al conflicto de Artsaj como ejes de la política exterior armenia.

Durante la campaña, Pashinyan volvió a generar rechazo en sectores opositores y de la diáspora por sus declaraciones sobre Artsaj y el Movimiento Karabaj. El Primer Ministro afirmó que Artsaj “nunca fue territorio armenio” y calificó al Movimiento Karabaj iniciado en 1988 como “un error fatal”.

Entre los principales rivales del oficialismo aparece la Alianza Armenia, liderada por el expresidente Robert Kocharyan junto con la Federación Revolucionaria Armenia (FRA - Tashnagtsutiún) y el partido Adelante. La coalición mantiene una línea crítica hacia el acercamiento de Pashinyan a Occidente, cuestiona las concesiones frente a Azerbaiyán y se presenta como una de las principales expresiones del campo opositor con actual representación parlamentaria.

Otro espacio que busca posicionarse es Armenia Fuerte, vinculado al empresario Samvel Karapetyan. Aunque Karapetyan permanece bajo arresto domiciliario y su eventual candidatura quedó condicionada por su situación judicial y por sus ciudadanías rusa y chipriota, la alianza lo presentó como su figura política de referencia. La lista formal quedó encabezada por Narek Karapetyan.

Armenia Próspera, encabezada por Gagik Tsarukyan, vuelve a competir con una estructura política conocida en la vida parlamentaria armenia. También participan Alas de Unidad, de Arman Tatoyan; Armenia Luminosa, de Edmon Marukyan; República, de Aram Sargsyan; el Congreso Nacional Armenio, vinculado al expresidente Levon Ter-Petrosyan; y Nueva Fuerza, encabezada por Hayk Marutyan, quien busca instalarse como una alternativa crítica tanto del oficialismo como de los sectores tradicionales de la oposición.

La lista de fuerzas menores completa un mapa político fragmentado. Entre ellas figuran el Partido Reformista, el Partido Democrático “Estoy contra todos”, el Partido Meritocrático de Armenia, el Polo Nacional Democrático Panarmenio, el Partido Kochari de Renacimiento Nacional y Despertar de la Nación, el Partido Cristiano-Demócrata, Consolidación Democrática, DOK y Por la República. Algunas de estas fuerzas buscan captar el voto opositor disperso, mientras que otras intentan instalar agendas específicas vinculadas a seguridad, institucionalidad, soberanía, reformas internas o rechazo al sistema político tradicional.

En un escenario en el que solo Contrato Civil, Armenia Fuerte y la Alianza Armenia ingresen a la Asamblea Nacional, el oficialismo no necesitaría alcanzar necesariamente el 50% del total nacional de votos para reelegir a Nikol Pashinyan, ya que los votos de las fuerzas que no superen los umbrales quedarían fuera del reparto de bancas. En ese caso, la clave sería la proporción de Contrato Civil sobre el total acumulado por esas tres listas. Para conservar una mayoría parlamentaria simple, el partido de Pashinyan debería superar, aproximadamente, la suma de Armenia Fuerte y la Alianza Armenia. Para acercarse al umbral de “mayoría estable” del 54% de las bancas, necesitaría alrededor del 54% de los votos válidos repartidos entre esas tres fuerzas. Por ejemplo, si Armenia Fuerte y la Alianza Armenia sumaran juntas cerca del 25% de los votos, Contrato Civil necesitaría algo más de ese porcentaje para tener mayoría simple y alrededor del 29% o 30% del total nacional para alcanzar una mayoría estable, siempre que el resto de las listas quede fuera del Parlamento.

En la Asamblea Nacional saliente, Contrato Civil conserva la mayoría parlamentaria. La Alianza Armenia constituye la principal fuerza opositora con representación legislativa. El Partido Republicano de Armenia, una de las fuerzas históricas del país y parte de la alianza Tengo el Honor en 2021, decidió no participar en estos comicios para evitar una mayor fragmentación del voto opositor.

La campaña electoral quedó marcada por altos niveles de agresividad política. En las últimas semanas se multiplicaron las acusaciones cruzadas entre dirigentes oficialistas y opositores, causas judiciales vinculadas al proceso electoral, denuncias de compra de votos y advertencias sobre posibles escenarios de violencia o desestabilización. El oficialismo presentó esos casos como investigaciones penales, mientras que distintos sectores opositores denunciaron persecución política.

El proceso electoral también se desarrolla en medio de una reorientación internacional de Armenia. Pashinyan profundizó los vínculos con la Unión Europea y Estados Unidos, mientras las relaciones con Rusia se deterioraron desde la guerra de 2020 y, especialmente, después de la limpieza étnica de Artsaj en 2023, cuando la población armenia de la región fue desplazada tras la ofensiva militar de Azerbaiyán.

La posibilidad de una reforma constitucional aparece como uno de los temas centrales del escenario postelectoral. Azerbaiyán exige cambios en la Constitución armenia antes de avanzar hacia la firma definitiva de un tratado de paz. El gobierno armenio sostiene que una reforma puede realizarse por razones internas, aunque rechaza presentarla como una imposición directa de Bakú.

En paralelo, Azerbaiyán intervino públicamente en el escenario político armenio. De cara a las elecciones, el presidente azerbaiyano Ilham Aliyev advirtió que el pueblo armenio “sufrirá las consecuencias” si triunfan fuerzas consideradas hostiles a Azerbaiyán. A esto se sumaron declaraciones del embajador azerbaiyano en Turquía, Resad Memmedov, quien sostuvo públicamente que después de las elecciones Armenia avanzará hacia una reforma constitucional y que luego de ese proceso se abrirán las fronteras entre Armenia y Turquía.

La normalización con Turquía también forma parte del trasfondo electoral. Turquía mantiene cerrada su frontera con Armenia desde 1993, en apoyo a Azerbaiyán durante el conflicto de Artsaj. Un eventual avance de acuerdo entre Armenia y Azerbaiyán podría acelerar la apertura fronteriza armenio-turca, aunque ese proceso continúa condicionado por las exigencias de Azerbaiyán.

Las elecciones del 7 de junio definirán la composición de la próxima Asamblea Nacional y el margen político del próximo gobierno para avanzar en tres discusiones centrales: la firma de un acuerdo definitivo con Azerbaiyán, la eventual reforma constitucional y la orientación internacional de Armenia entre el acercamiento a Occidente, la relación deteriorada con Rusia y la necesidad de sostener vínculos económicos y energéticos con sus vecinos.

Diario Armenia

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