Elecciones 2026: la seguridad nacional, la economía y la diplomacia del gas

29 de mayo de 2026

La fragmentación de la oposición favorece el juego del primer ministro Nikol Pashinyan, aunque una reciente encuesta muestra alto rechazo de la ciudadanía a la política exterior del Gobierno y la marcha de la economía.

Como nunca antes desde la independencia de 1991 Armenia se juega gran parte de su futuro en un clima de creciente desconfianza en sus políticos y en las capacidades que éstos puedan poner en práctica para encontrar soluciones a los principales desafíos de la agenda pública, que van desde la seguridad nacional a la firma o no de un tratado de paz con Azerbaiyán, pasando por la marcha de la economía y el temor a perder el empleo y los salarios.

Pero lo novedoso es que, a diferencia de otras elecciones, en los comicios parlamentarios del próximo 7 de junio los votantes armenios tienen la percepción de que el país camina en la cuerda floja entre dos colosos que se disputan su influencia en esta pequeña república de 3 millones de habitantes, pero que alimenta y, a la vez, es alimentada por una diáspora de otros 8 o 9 millones de armenios, un país que tiene y busca potenciar su estratégica posición en el Cáucaso Sur.

Todo esto bajo la atenta mirada y las jugadas de ajedrez de las últimas semanas, no sólo de la Federación Rusa, sino también de Occidente, expresada en movimientos tanto de la Unión Europea como de Estados Unidos. No en vano en el último mes se desarrolló en Ereván la VIII Cumbre de la Comunidad Política Europea, que llevó a Armenia a los mandatarios de los principales países del continente y la primera línea política de la Unión Europea.

Y esta última semana el visitante ilustre fue Marco Rubio, el secretario de Estado de Estados Unidos, y enviado personal del presidente Donald Trump, que llegó a Ereván para rubricar el acuerdo para la construcción del TRIPP, la Ruta Trump para la Paz y la Prosperidad Internacional.

El faltazo

En este contexto, la ausencia de Pashinyan en la reunión de jefes de Estado de los países miembro de la Unión Económica Eurasiática (UEE) el 28 y 29 de mayo en Astaná, Kazajistán, no hace más que confirmar algo que los analistas vienen describiendo profusamente en los últimos tiempos: el vínculo entre Armenia y Rusia, en tanto líder indiscutido de la UEE, no está roto completamente pero sí está bastante deshilachado

Habrá que ver cómo hace el próximo gobierno armenio, sea de Pashinyan o de otro candidato, para zurcir las grietas con Rusia, que a esta altura parecen bastante profundas, y con consecuencias no sólo económicas sino también a nivel geopolítico y de seguridad nacional.

Por el momento, se oyó una clara advertencia del propio presidente ruso Vladimir Putin de que es imposible que Armenia pueda mantener la membresía de la Unión Económica Eurasiática si en paralelo se une a la Unión Europea. 

Obviamente, en Ereván son conscientes de esta dificultad, pero creen que mientras se esté avanzando en el proceso de adhesión a la UE, adecuando variables y condiciones económicas y políticas a los parámetros europeos, se puede ganar tiempo manteniendo los pies en el plato del bloque euroasiático. 

En Moscú no piensan de igual modo, y ya empezaron a cerrar el cerco sobre la “díscola” Armenia, tocando un nervio sensible, el capítulo comercial. 

Durante la última semana Rusia impuso restricciones a las importaciones de flores desde Armenia, argumentando controles fitosanitarios en busca de mayor seguridad. También las exportaciones de frutas y verduras de Armenia están teniendo un freno de parte de las autoridades rusas, y la agencia de protección a los consumidores de Rusia dispuso la suspensión de comercialización e importación de la conocida marca de agua mineral Jermuk

El precio del gas

Es una suerte de advertencia de lo que puede venir, de continuar con esta política por parte del gobierno de Pashinyan. Una escalada del conflicto puede tener consecuencias más graves, en dos frentes. 

Por un lado, en el precio pagado por Armenia por el gas ruso. Por otro, en las demoras o autorizaciones necesarias para que productos como el trigo ruso lleguen a Armenia o incluso importaciones de energía (combustibles) que en los últimos meses se están importando desde Azerbaiyán, pasando por Rusia y Georgia hasta llegar a Armenia. 

En cuanto al gas, esta semana el tema estuvo en agenda, minimizado por el gobierno armenio, aunque deslizado como una velada amenaza por representantes del Kremlin. En conferencia de prensa el vocero presidencial Dimitry Peskov aseguró que el precio diferencial del gas natural que recibe Armenia es parte de una política de asistencia rusa, pero no es posible para los países de la Unión Europea. Y dio una razón económica atendible, en este punto.

Sobre la mesa está la posibilidad de que Rusia anule el acuerdo de 2013 para la exportación de gas natural a Armenia, aunque Pashinyan sostiene con algo de ingenuidad, que eso no es posible porque hay un acuerdo firmado. 

En 2020 también Armenia tenía firmado un acuerdo de asistencia militar de los países de la OTSC ante una agresión externa, y el “ole, ole” de los rusos terminó en la pérdida de Artsaj. Ya es conocido lo que hacen los rusos con los acuerdos cuando no coinciden con sus intereses estratégicos. Y Pashinyan es un especialista en comerse los amagues, tiene menos cintura que un hipopótamo.

Peskov enfatizó que el precio preferencial al que Armenia recibe el gas es una ayuda de Rusia. “El privilegio que Armenia recibe siempre es a costa de alguien, no ha caído del cielo. Es a expensas de la Federación Rusa. Es realmente nuestra contribución al desarrollo de Armenia. Los privilegios están relacionados con el hecho de que el pueblo armenio es un pueblo hermano para Rusia. Ese país es un país hermano para nosotros, ha sido y sigue siendo fraternal, pero es a costa nuestra, tenemos que llamar a las cosas por sus nombres. Es nuestra ayuda a Armenia", destacó Peskov. Alta presión en lenguaje diplomático.

Según acuerdos vigentes, firmados entre Armenia y Rusia en 2013, este país le vende actualmente gas natural a Armenia a 177,50 dólares cada 1.000 metros cúbicos. Pero en caso de perder el privilegio el precio será el de mercado. En Europa, por caso, el precio del gas ruso es de 633 dólares cada 1.000 metros cúbicos, tres veces y media el valor del gas subsidiado por Moscú.

Mirada ciudadana

Una reciente encuesta del Centro de Estudios sobre la Investigación de Encuestas del Instituto Republicano Internacional (IRI) asegura que, con datos a mayo 2026, al considerar cuáles son los países más relevantes para Armenia, el primer lugar lo ocupa Francia con 39% de las respuestas, seguido por Rusia con 35% y luego la Unión Europea con 34%. Más atrás vienen Irán (29%), Estados Unidos (27%) y Georgia (18%).

Pero el punto es que, en febrero de este año, hace sólo tres meses y antes de los últimos movimientos del gobierno armenio, Rusia lideraba las preferencias con 45% de las respuestas, muy cerca de EE.UU. (42%), seguidos por la UE (29%), Francia (27%) y China 21%. Es decir, una mirada positiva de Rusia.

El dato no es menor teniendo en cuenta que al menos dos de los principales candidatos de oposición – Samvel Karapetyan y Robert Kocharyan- se muestran proclives a estrechar los lazos con Moscú, en contrario a lo que promueve Pashinyan.

Si esto se suma la pregunta relacionada con los principales problemas que enfrenta Armenia en la actualidad, la mesa parece estar servida. Con 17% de las respuestas lidera “Seguridad nacional de la República de Armenia y cuestiones fronterizas”, un aspecto en el que Rusia jugó un rol clave en los últimos seis años.

En segundo término, viene “Economía y desempleo” con 15% de las respuestas, “Falta de paz” con 12%, completando el top five el “Costo de vida y los precios” con 10% y “Bajos salarios” con 8%.

Carlos Boyadjian

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