Denuncian tremenda amenaza azerbaiyana en la frontera, mientras Pashinyan mira para otro lado

Nikol Pashinyan ganó las elecciones y quiere quedar en el bronce,
refundando la República sobre nuevas bases. Pero el Primer Ministro tiene varios frentes abiertos, con una lectura, al menos ingenua, de la geopolítica regional.
Durante tres décadas la frontera oriental entre Armenia y Azerbaiyán – recordar que ambos países comparten también una frontera terrestre al sudeste de Armenia, límite con Najichevan- se mantuvo militarizada y en abierta amenaza mutua, aunque durante todo ese período la sensación de seguridad nunca declinó, al menos en Armenia. Eran tiempos en los que la República de Artsaj actuaba como un verdadero estado tapón.
La segunda guerra de Artsaj en 2020 y los bombardeos azeríes a la población civil de esa autoproclamada república, que forzaron la limpieza étnica y el exilio de 120.000 armenios nativos hacia Armenia en septiembre de 2023, cambió completamente el escenario regional.
Y en gran medida eso tiene que ver con las políticas del gobierno de Nikol Pashinyan y sus arriesgadas jugadas geopolíticas que, en su sueño de transformarse en el arquitecto de una nueva Armenia, “real y no histórica” según sus propias palabras, terminó por llevar a extremos impensados la megalomanía del autócrata presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev.
Hoy Armenia no está más segura que antes, a pesar de la multimillonaria inversión en defensa y la modernización del arsenal bélico de los últimos tres años. El inédito desfile militar en la Plaza de la República el pasado 28 de mayo, fue otra muestra más de la fantasía que vive Pashinyan que, con una cuestionable lectura de la historia armenia de los últimos 150 años, cree que puede transformar en socios confiables a los gobiernos genocidas turco y azerbaiyano.
Soberanía en riesgo
Bastante lejos de las luces de neón del centro de Ereván y las modernas cafeterías de la Avenida del Norte y la Plaza de la Ópera, en la frontera oriental de Armenia y en especial en localidades de las provincias de Syunik, Vayots Dzor y Gegharkunik, la realidad es mucho más cruda y la amenaza azerí, se mantiene latente.
Apenas 24 horas antes de comenzar la crucial elección parlamentaria del domingo 7 de junio, el Instituto Lemkin para la Prevención del Genocidio y la Seguridad Humana difundió un informe sobre las amenazas que pesan sobre las comunidades fronterizas armenias, en el contexto del proceso electoral en ciernes.
“El Instituto Lemkin para la Prevención del Genocidio y la Seguridad Humana está seriamente preocupado por la soberanía de la República de Armenia, que una vez más ha estado amenazada por Azerbaiyán y sus aliados, esta vez antes de las elecciones parlamentarias armenias del 7 de junio de 2026”, arranca el documento, delineando de entrada cuál será el foco del análisis.
En concreto, recuerda que hace menos de un mes, el pasado 10 de mayo, el presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, “amenazó directamente a los votantes armenios, advirtiendo que ‘es el pueblo armenio quien sufrirá’ si llegaba al poder algún candidato que no fuera el primer ministro en funciones Nikol Pashinyan”.
Así, el propio Aliyev insinuó que, si llegaban a ganar algunas de las opciones opositoras, Azerbaiyán invadiría Armenia, una amenaza que ha hecho de forma constante desde 2020, agrega el Instituto Lemkin. En sintonía con Aliyev, el primer ministro Pashinyan estuvo repitiendo esta amenaza electoral como eje de su campaña, en lo que podría catalogarse como “yo o la guerra”.
En ese contexto el Instituto Lemkin advierte sobre las amenazas a la seguridad nacional y llama a las cosas por su nombre. “Este interés (internacional) ha superado con creces la mínima atención que se dedicó al genocidio azerbaiyano de los armenios de Artsaj en 2023, que tuvo lugar en un contexto de silencio y complicidad internacional”, advierte.
Business are business
Esto se da en el escenario de una mirada económica y comercial del desarrollo de los acontecimientos en el Cáucaso Sur, en el que ocupa un lugar central la firma de la declaración de Washington el 8 de agosto de 2025, mediada por el presidente de Estados Unidos Donald Trump, con eje en la Ruta Trump para la Paz y la Prosperidad Internacional (TRIPP).

“Bajo la bandera de la paz, la declaración y sus acuerdos posteriores rebrandizan la reclamación territorial expansionista de larga data de Azerbaiyán sobre la provincia sureña de Syunik, en Armenia, como un proyecto de desarrollo beneficioso y otorgan a una empresa estadounidense una participación del 74% en la gestión de la ruta de tránsito propuesta, que conecta Azerbaiyán continental con su exclave de Najicheván y más adentro de Turquía a través de territorio soberano armenio”, recuerdan los analistas del Instituto Lemkin.
Como parte del proceso recientemente se firmó con el vicepresidente de EE.UU. J.D. Vance una propuesta de asociación estratégica extractiva futura de minerales críticos y tierras raras de Armenia hacia EE.UU., así como el desarrollo de los intereses energético de Azerbaiyán.
Genocidio en Artsaj
Todo esto en un contexto de vaciamiento del territorio de Artsaj de su población nativa armenia hace sólo tres años y “en medio de casos documentados de varias empresas europeas invirtiendo en Artsaj (Nagorno Karabaj), ocupado por Azerbaiyán, el Estado armenio de facto que Azerbaiyán vació de su población armenia autóctona en 2023 mediante un proceso que muchas organizaciones, incluido el Instituto Lemkin, identificaron como genocidio”.
Tras cuestionar las “políticas represivas” del gobierno de Pashinyan en contra de opositores y de la Iglesia Apostólica Armenia, y de aceptar la narrativa de Turquía y Azerbaiyán, incluso minimizando las peticiones de cambiar la Constitución Nacional y amenazar con reasentar a cientos de miles de azerbaiyanos en el llamado “Azerbaiyán Occidental”, que coincide con el territorio armenio, el Instituto Lemkin advierte sobre el recrudecimiento de amenazas en la frontera.
“El Instituto Lemkin ha sido informado de varias acusaciones alarmantes derivadas de testimonios de las comunidades de primera línea de Armenia y refugiados de Artsaj. Sus testimonios revelan una realidad radicalmente diferente a la que presenta el gobierno armenio a su costa”, observan los analistas.
Las duras acusaciones incluyen:
- Censura y presión estructural del Gobierno sobre las comunidades fronterizas en medio de la continua agresividad azerbaiyana.
Según los encuestados los alcaldes de las aldeas están siendo presionados por el gobierno armenio para suprimir los informes de disparos azerbaiyanos dirigidos a viviendas civiles desde ilegales destacamentos azerbaiyanos establecidos dentro del territorio soberano armenio.
Además, se impide la construcción de búnkeres y fortificaciones privadas, pero el Estado no avanza con estas obras a su costo y “los pocos puestos militares armenios que se enfrentan a los azerbaiyanos están expuestos y son muy vulnerables a ataques con drones”.

“Ninguna aldea en estas zonas altamente sensibles tiene búnkeres civiles. Los lugareños afirman que los puestos avanzados azerbaiyanos ilegales que rodean su aldea pueden vigilar todos sus movimientos, lo que sugiere que construir búnkeres en este momento podría ser imposible”, sostiene el Instituto Lemkin.
- Discriminación contra los refugiados de Artsaj
Los refugiados de Artsaj en estas regiones informan de discriminación sistemática y discursos de odio respaldados por el Estado.
Además, los refugiados denuncian barreras significativas para obtener la ciudadanía armenia, lo que les impide participar de las elecciones.
Encuestados informan contar muy limitado apoyo social, y sostienen que las personas solteras no reciben ninguna ayuda del gobierno armenio.
- Ocupación azerbaiyana y presión coercitiva
Los datos demográficos disponibles indican que desde 2020 a 2025 Syunik ha sufrido una despoblación sustancial, en torno al 15% del total, equivalente a unas 20.000 personas. Este descenso se debe a la hostilidad sistemática, la violencia y la continua invasión territorial de Azerbaiyán, “con algunas aldeas ahora completamente rodeadas por puestos de avanzada azerbaiyanos ilegales y sometidas a vigilancia rutinaria por drones azerbaiyanos”.
“El control azerbaiyano de las comunicaciones ha dejado repetidamente a las comunidades fronterizas sin conectividad de red, a veces durante semanas, lo que crea graves riesgos durante las emergencias, cuando es necesario comunicar órdenes de evacuación u otra información crítica”, señala el informe.
En la localidad de Mets Ishjanasar, dentro de Armenia y ocupada por Azerbaiyán, los militares armenios, según informes, no han tenido más remedio que pasar por puestos de avanzada azerbaiyanos para llegar a sus posiciones militares y, “presuntamente, son inspeccionados por las fuerzas de ocupación en cuanto a las armas que portan”.
Además, en los últimos meses se han avistado aeronaves militares turcas y azerbaiyanas sobrevolando directamente las aldeas armenias, pese a que en el pasado habían evitado atravesar el espacio aéreo armenio.
El Instituto Lemkin concluye con un mensaje de una gravedad inusitada: “La historia ha demostrado repetidamente que apaciguar los impulsos agresivos de un Estado expansionista genocida como Azerbaiyán no garantiza la protección de una nación que se encuentra en su punto de mira. De hecho, la política de apaciguamiento generalmente solo ha contribuido a la radicalización y la catástrofe”.
Más allá del resultado electoral es tiempo de actuar ya para evitar males mayores. Ante la ingenuidad o comodidad de los ciudadanos de Ereván y otras ciudades que votaron por Pashinyan, vale recordar el dicho de aldeano de Syunik citado en el informe del Instituto Lemkin: “En Ereván nos llaman locos por quedarnos aquí, pero no entienden que, si nos vamos de este lugar, ellos serán los siguientes”.
Carlos Boyadjian
Periodista
coboyadjian@yahoo.com.ar