Bedrós Seremdjian: una profecía militante sin fronteras

El 27 de noviembre de 1901, en Adrianópolis (Edirne), un joven armenio oficial del ejército búlgaro subió al patíbulo con una calma que descolocó a sus verdugos. Antes de que le colocaran la soga, levantó su voz. No pidió clemencia, no se rindió. Habló de una idea.
«Ի՞նչ, գաղափարն ալ կ՚ուզէք կախաղան հանել: Դուք զիս կախեցիք, բայց ի՞նչ պիտի ընէք այն հարիւրներով, հազարներով, որ պիտի ծնանին այս կախաղաններէն» (“¿Qué, también pretenden matar la idea? Ustedes me cuelgan a mí, pero ¿qué harán con los cientos, con los miles que van a nacer de estas horcas?”)
Se llamaba Bedrós Seremdjian. Para todos Bedó “el búlgaro”. Tenía poco menos de treinta años. Su muerte fue registrada por la prensa revolucionaria, por la memoria oral y, sobre todo, por una canción que desde entonces acompaña los entierros militantes de las y los enguerner tashnagtsagán: «Վէրքերով լի ճան ֆետայի եմ» (“Soy un fedaí lleno de heridas”), comúnmente conocida como Verkerov Li. Desde 1901 hasta Artsaj, pasando por mayo del 18 y Lisboa, esa canción siguió reproduciéndose como si la profecía del patíbulo, literalmente, se hubiese cumplido.
Un hijo de Plovdiv en una Europa convulsionada

Bedrós Seremdjian nació en 1874 en Plovdiv (Bulgaria), en una familia armenia de un nivel socioeconómico medio. La ciudad era entonces un cruce de mundos, entre búlgaros, armenios, griegos, turcos, el comercio, las escuelas, imprentas y sociedades culturales. Asistió a la escuela armenia, luego al colegio secundario búlgaro y finalmente a la escuela de oficiales de reserva; hasta convertirse en subteniente del ejército búlgaro.
Quienes lo conocieron de joven lo recuerdan inquieto, audaz, y tempranamente politizado. La literatura revolucionaria búlgara y el clima posterior a la liberación de Bulgaria lo marcaron, pero la herida que no cerraba hacía referencia a que su patria histórica seguía bajo el dominio del sultán.

Sin avisar a sus padres, en 1894 partió hacia el Cáucaso. Desde Tiflis les escribió una carta que décadas más tarde sería publicada en “La carta del fedaí mártir Bedrós Seremdjian” (1987) por Hagop Papazian. Es uno de los documentos más conmovedores del movimiento de fedaíes:
«Ամէն ինչս զօհաբերեցի Հայրենիքիս սրբազան սիրոյն, ապագաս ոչնչացուցի, ազգիս և հայրենիքիս հանդէպ սրբազան պարտքս հատուցելու համար:» ("Lo sacrifiqué todo por el sagrado amor a mi patria. Destruí mi futuro para saldar mi sagrada deuda con mi nación y mi patria.")
Y más adelante agrega: «Մի զրկեցէք ինձ ձեր օրհնութենէն, աղօթեցէք ինձ համար: Ձեր օրհնութեան շնորհիւ սիրելի Հայրենիքիս արժանաւոր ֆետայի մը պիտի դառնամ» (“No me priven de su bendición, recen por mí. Con su bendición me convertiré en un digno fedaí de mi amada Patria.”)
Van, Vasburagan y Janasor: la escuela del fuego
Según el testimonio documentado por Papazian, y las descripciones redactadas en ediciones de Troshág (el órgano oficial de la FRA-Tashnagtsutiún), Seremdjian entró a Armenia por Persia y llegó a Van. Participó en los combates de Aikesdán y Haiots Tzor (1896).
Según afirma Kegham Manukian, actual miembro del Congreso Nacional de la República de Armenia, Seremdjian fue parte de esa generación de fedaíes que unió romanticismo revolucionario con disciplina militar, porque no sólo combatían, también organizaban, enseñaban y escribían.
En el segundo tomo de “Memorias de un revolucionario”, Rupén Der Minasian narra: “El primer jump que ingresa a Van para asistir a la resistencia es el de Bedrós Seremdjian, integrado por combatientes populares e intelectuales, entre quienes se encontraban: Kurkén, Aramaís, Ajber (Mogatsí Harutiún), Levón, Gharapaghtsí Harutiún y otros. Este jump llega a Van en agosto, inmediatamente después de la masacre, generando un efecto motivador para el pueblo y para los dirigentes del Tashnagtsutiún que allí se encontraban. El jump, con 14 personas, no representaba una fuerza militar importante en cantidad, significó un gran valor por su moral y la calidad de su preparación para toda la provincia de Vasburagán. Los revolucionarios los recibieron con gran entusiasmo.”

Rupén luego comenta que los distintos jump estaban rodeados por los grupos hammidianos de exterminio, que esperaron todo un día a que se concrete un enfrentamiento, y que, si sucedía, los sobrevivientes debían dirigirse a la montaña de Guem (en Haiots Tsor); pero si no se abría fuego todos debían igualmente abandonar Van. Esa fue la orden de Vartan (Sarkis Mehrabian). El conflicto parecía no darse, pero comienza. Rupén narra: “El jump de Seremdjian le da fuerzas a Vartán y Miko, aliviando su situación. El pueblo es espectador de esta escena. Esta vez no se involucra, no ayuda. Una parte, aterrada, se refugió en los colegios, y desde arriba de los techos observaba el conflicto. Los fedaí de Vartán logran huir. Bedrós va en auxilio del jump de Ajber, ellos se unirían con el grupo de Vartán donde habían acordado. Demoraron, entonces Vartán vuelve a Varak y piensa que sus enguerner pudieron haber caído cerca de Van. Vartán estaba enfermo, y sabiendo que no iba a resistir emprende su retirada a Persia. El jump de Bedrós en Guem da batalla, resisten toda la jornada y cuando cae la noche se escapan entre los enemigos hacia Shadaj (donde aguardaban encontrar a Vartán). Ahí se suma Shadají Hovsep y todos juntos se dirigen a Varak. Ahí se enteran que Vartán partió a Persia y deciden seguir sus pasos".
En 1896 cae Alexander Bedrosian, también conocido como Bedó. Tras la heroica batalla de Van, fue martirizado en las laderas del monte Karahisar a manos de los kurdos de la tribu Mazrig. En el mismo episodio, cayeron también líderes de los partidos Armenagán (Avedisian) y Hnchakián (Mardig). Como kordzich (formador), Alexander fundó el Tashnagtsutiún de Vasburagán en Van. Sus seguidores: Ishjan (Hovsep Arghutian), Sev-Karetsí Sakó y Vartán, llegaron a Van desde Persia para sembrar la semilla de la revolución en las provincias. Para vengar la muerte de Alexander Bedrosian y de los líderes de los otros partidos, el Tashnagtsutiún decide un acto de venganza, disciplinamiento y demostración de que el pueblo armenio desconoce y desnaturaliza para siempre el sometimiento.

La famosa expedición de Janasor fue ese acto determinante. El autor del plan fue Nigol Tumán. Después de meses de seria preparación, se formó una tropa de 250 integrantes, con Vartán designado como su comandante. En la noche del juramento, Tumán les recordó a los fedaíes su nobleza: “El valiente fedaí de la venganza no tocará ni a mujeres ni a niños». El 25 de julio de 1897 sitiaron a la tribu Mazrig, libraron batallas heroicas durante todo el día y los enemigos que sobrevivieron se retiraron, cruzaron la frontera y regresaron a Persia. Entre los 20 caídos de la FRA, estaba el incomparable Garó (Arisdagués Zorian, el hermano menor de Rosdom) y el cretense (Asdvadzadur Mirzaian). La fe de los armenios en la revolución se reafirmó. Bedrós Seremdjian tuvo una gran participación en los trabajos organizativos previos, y Ajber, Kurkén y Aramaís en el campo de batalla.
Papazian narra que, tras su paso por el Cáucaso Seremdjian fue detenido en Tiflis y encarcelado en la prisión de Medejí, principal centro de reclusión de presos políticos del imperio ruso en la región. Liberado meses después, regresó a Bulgaria, donde se reintegró de inmediato a la actividad revolucionaria: tradujo textos de la tradición de la insurgencia búlgara, colaboró en la prensa armenia y retomó contacto con sus compañeros.
Rosdom, los Balcanes y la idea de una lucha internacional
A fines del siglo XIX una convicción se estaba formando en el núcleo dirigente del Tashnagtsutiún, y era que ninguna lucha nacional aislada podía triunfar sola en esa porción del planisferio. En sus resoluciones generales de comienzos del siglo XX, la Federación Revolucionaria Armenia sostenía explícitamente la necesidad de coordinar con otros movimientos revolucionarios de la región:
«Ջանալ փոխադարձ հասկացողութիւն եւ առնուազն քարոզչական գետնի վրայ իրերօգնութեան կապեր հաստատել այլ ազգային-ազատագրական եւ յեղափոխական շարժումներու հետ»: ("Esforzarse por establecer un entendimiento mutuo y, al menos en el terreno de la propaganda, vínculos de autoayuda con otros movimientos de liberación nacional y revolucionarios".)
Ya a comienzos del siglo XX, la lucha revolucionaria armenia no se desarrollaba en aislamiento. Los fedaíes formaban parte de un entramado más amplio de movimientos insurreccionales que atravesaba los Balcanes, el Cáucaso y Oriente Medio. En ese espacio de circulación de hombres e ideas, armenios, búlgaros y macedonios compartían rutas, refugios, imprentas clandestinas, armas y proyectos.
El primer dirigente que logró abrirle a la Federación Revolucionaria Armenia (FRA) un espacio orgánico en Bulgaria fue Karekín Jayág (Chakalian), quien llegó a fines de 1894 en misión partidaria bajo el seudónimo de Baba-Gaspar. En encuentros con las comunidades armenias expuso la situación desesperante de los armenios de occidente y las masacres de Sasún, y dejó una definición que se volvería programática: “también el armenio sacudirá el yugo de la esclavitud, para vivir libre y sin cadenas y desarrollar la cultura armenia”. Su prédica tuvo un impacto inmediato en los círculos patrióticos locales. En muy poco tiempo, Karekín Jayág organizó unidades de militancia de la FRA (jump y gomidé) en Sliven, Plovdiv y Varna, sentando las bases de una red que pronto se volvería operativa tanto en lo político como en lo logístico. Esa infraestructura sería luego reforzada por figuras como Arshag Vramian, quien en 1897 en Varna organizó la primera asamblea regional del Tashnagtsutiún en Bulgaria, consolidando definitivamente el anclaje de la organización en el país.
En Plovdiv (la antigua Filipópolis), Rostom y Kristapor Mikaelian tejieron los primeros lazos con la Organización Revolucionaria Interior Macedónica. Como escribió Vahan Mazmanian: “La fraternidad armenio-macedonia fue consagrada con sangre”. Y Bedrós fue uno de los puentes humanos de esa política.
Bedrós Seremdjian se movía naturalmente en ese mundo. No era un combatiente local ni un militante de una sola frontera. Su trayectoria lo había llevado de Van al Cáucaso, y de allí nuevamente a Bulgaria, donde retomó contacto con los círculos revolucionarios de la región.
Una de las figuras más reveladoras de ese mundo fue el anarquista búlgaro Slavi Merdjanov, fundador del grupo Gemidji, y militante de la Organización Revolucionaria Interior Macedónica. En 1901, Merdjanov formó una nueva célula armada mixta con revolucionarios armenios y búlgaros. Entre ellos estaban Bedrós Seremdjian, Onnik Torosian y Tatul Zarmarian. El grupo operó en la región de Adrianópolis.
El último proyecto tuvo un desenlace cruel e inesperado. Perseguidos por las autoridades, se desplazaron hacia la región de Edirne, donde intentaron una nueva operación; esta vez contra representantes del poder otomano. El objetivo era obtener la liberación de presos políticos. El grupo fue cercado y, tras un enfrentamiento armado, varios de sus integrantes murieron o resultaron heridos. Los sobrevivientes, entre ellos Bedrós, fueron capturados. Los trasladaron al hospital militar de Adrianópolis. Recuperados lo suficiente para ser juzgados, fueron condenados a muerte.
Troshág informó en diciembre de 1901: “En Adrianópolis fueron ejecutados públicamente nuestros valiosos compañeros Bedrós Seremdjian y Onnik Torosian, junto a sus camaradas búlgaros Slavi Merdjanov y Hadji-Krisdo Iliev”.
El patíbulo como tribuna política y la canción que atravesó un siglo
A Bedó y a sus enguerner, los colgaron. «Վէրքերով լի ճան ֆետայի եմ“ (“Soy un fedaí lleno de heridas”), es la línea más conocida del primer verso de la canción que lo inmortalizó. Y las más emblemáticas son: Ես կոչուեցայ ճան ֆետայի, դարձայ զինուոր գաղափարի…» (“Fui llamado fedaí y me volví soldado de una idea…”). Y más adelante: «Ահա հանգիստ հող կը մտնեմ, յոյսըս դո՛ւք էք, ընկերնե՛ր… Շարունակէք մեր սուրբ գործը, Դաշնակցութեան վեհ քաջեր» (“Así tranquilo entro en la tierra, mi esperanza son ustedes, compañeros: continúen nuestra obra sagrada, nobles valientes del Tashnagtsutiún.”)
El ashugh (trovador) que compone esta canción es Fahrat (su nombre real era Jachadur Kevorkian, 1867–1921) y es precisamente una biografía acabada de Bedrós. Fahrat, formado en la música y la poesía, en 1884 recibió el título de maestro de manos de Djivaní. Compuso numerosas canciones de temática patriótica, como «Մենք անկեղծ զինուոր ենք» y «Հայրենյաց սիրոյն համար», que pasaron al acervo popular y son entonadas desde hace décadas.
La composición en homenaje a Bedrós se la canta la militancia a sus engueruhiner y enguerner (compañeras/os) fallecidos durante la ceremonia de entierro, desde los tiempos de la fundación de la República de Armenia de 1918, hasta los trágicos acontecimientos durante las guerras de Artsaj. Y su principal característica es que nuestras canciones cuentan la historia que se escribe con la vida de nuestros enguerner/uhiner; de personas que lo dieron todo por perseguir la libertad.
Epílogo: la profecía cumplida
Bedrós no fue un comandante legendario como Antranig ni un organizador estratégico como Hrair. No tuvo la larga trayectoria de Murad ni el carisma de Kevork Chavush. Pero encarna otra cosa: el militante sin frontera nacional, el hombre que une luchas, que pasa de Van a Macedonia, del Cáucaso a los Balcanes, y muere en una frontera que no es exactamente la suya, pero es la misma batalla.

Se le adjudica esta frase minutos antes de su muerte: “¿Qué harán con los cientos, con los miles que nacerán de estas horcas?”
Más de un siglo después, la respuesta es evidente: nacieron. En cada generación. En cada resistencia. En cada entierro donde alguien vuelve a cantar Verkerov Li.
Creyeron que colgaban a un hombre, y colgaron, sin saberlo, una profecía. Bedrós subió al patíbulo como quien sube a una tribuna y habló no para sus verdugos, sino para los que todavía no habían nacido. Se equivocaron de enemigo: los cuerpos se cuelgan; las ideas, no. Por eso, su voz sigue volviendo en forma de canción, y su sombra sigue caminando detrás de cada fedaí. No en el pasado. En el porvenir.
Agustín Analian