Buenos armenios: descubrir Buenos Aires con ojos armenios

Desde mayo de 2025, Lida Minassyan y Son Brutyan recorren Buenos Aires con la curiosidad de viajeros y con una mirada comparativa. Él es médico cirujano especializado en quemaduras; ella trabaja en una ONG de Derechos Humanos con agenda de mujeres. Llegaron a la Argentina con una idea abierta: probar la vida fuera de Armenia, entender diferencias culturales y, casi sin proponérselo, terminaron creando un pequeño puente digital entre Ereván y la capital argentina.
La cuenta de Instagram @buenos.armenios, nacida en noviembre de 2025, fue una respuesta espontánea a las preguntas de amigos y conocidos. “La gente nos preguntaba qué se come, cómo es la cultura, cómo moverse por la ciudad… y pensamos que estaría bueno contarlo”, explican. El nombre surgió de un juego de palabras que combina Buenos Aires con “buenos armenios”, una síntesis simpática de pertenencia y descubrimiento.
Sus publicaciones recorren escenas cotidianas y postales clásicas: el tango, el mate, las medialunas, Caminito, los helados, el choripán, el Cementerio de la Recoleta, el subte, el Obelisco, bares, librerías, pizzas y chipá, comparaciones de precios con Ereván y hasta la curiosidad por las etiquetas y envases de los productos del supermercado, que para ellos también se vuelven una forma de entender la cultura local. También hay lugar para recitales internacionales y para la calle Armenia, sus instituciones, su gastronomía y su plaza. “Prometemos seguir con estos descubrimientos de la vida armenia”, dicen con naturalidad.



Uno de los primeros disparadores fue, justamente, descubrir que en Buenos Aires existía una calle Armenia con vida propia. Recorrerla, ver las instituciones y los restaurantes fue una sorpresa grata. La idea no fue limitarse a lo armenio, sino registrar lo cotidiano: qué tipo de país es la Argentina, en qué se parece y en qué se diferencia de Armenia, cómo se vive el día a día.
¿Quiénes son sus seguidores? Armenios de Armenia, de Argentina y de la diáspora (Estados Unidos, Francia, Rusia, Alemania, Chipre), aunque quienes más escriben son los locales. El crecimiento es orgánico y los sorprende. Muchos les sugieren lugares, los invitan a sus ciudades y así van armando lazos. La página también les permitió conocer familias y parejas armenias que llegaron en los últimos años y compartir experiencias.
Entre las observaciones que más repiten aparece el temperamento de los porteños. Señalan que argentinos y armenios comparten entusiasmo al hablar y una calidez que facilita el vínculo incluso con desconocidos. También encuentran paralelos urbanos: algunos tramos de la calle Armenia les recuerdan a Saryan bogodá (calle Saryan) de Ereván por sus cafés y restaurantes.
Las diferencias también están presentes. La seguridad es una de ellas: en Ereván, cuentan, no pensaban en atar el celular o evitar apoyarlo en una mesa; en Buenos Aires aprendieron a estar atentos. Señalan además la abundancia de parques y espacios verdes en la ciudad porteña frente al crecimiento edilicio reciente de Ereván y la calidad del aire. En lo económico, la inflación argentina y la cotización diaria de la moneda los sorprendieron, al tiempo que destacan la sencillez de las gestiones bancarias digitales en Armenia a diferencia de lo que sucede en Argentina.
Otro dato que los llamó la atención es la presencia armenia en la vida de Buenos Aires. “No podés caminar más de 20 o 30 minutos sin ver algo relacionado con Armenia: un comercio, un restaurante, una conversación. Mucha gente sabe quiénes somos y dónde estamos en el mapa, algo que no siempre pasa en Europa”, afirman.



Con el tiempo, la cuenta terminó convirtiéndose en algo más amplio de lo que imaginaron: ofrecer, en idioma armenio, la información que ellos mismos hubieran querido encontrar antes de viajar. Tips prácticos, referencias culturales y un diario de descubrimientos que hoy funciona como guía informal para quienes planean visitar o pasar una temporada en la Argentina.
Entre mates compartidos, comparaciones inevitables y la sorpresa de sentirse reconocidos, Son Brutyan y Lida Minassyan siguen recorriendo la ciudad con la misma premisa con la que empezaron: mirar, preguntar y contar. Sin buscarlo, lograron construir un puente cotidiano entre Buenos Aires y Ereván.