En su mensaje de fin de año, Nikol Pashinyan lanzó la campaña electoral de 2026 y amenazó con la pérdida de la “paz” si pierde el poder

01 de enero de 2026

En su mensaje de fin de año dirigido a la ciudadanía, el primer ministro Nikol Pashinyan utilizó una extensa alocución televisada no solo para realizar un balance de gestión, sino para inaugurar de hecho la campaña electoral de cara a las elecciones parlamentarias de 2026, construyendo un discurso en el que justifica la pérdida de la República de Artsaj (Nagorno Karabaj) como un “sacrificio necesario” y advierte explícitamente que la supuesta “paz” con Azerbaiyán estaría en riesgo si su fuerza política es derrotada en las urnas.

Pashinyan abrió su mensaje afirmando que “desde la independencia, 2025 fue el primer año en el que no tuvimos víctimas ni heridos a causa de los tiroteos con Azerbaiyán”, y sostuvo que “no tuvimos víctimas por tiroteos en la frontera entre Armenia y Azerbaiyán desde marzo de 2024, es decir, desde hace más de 22 meses”. Lejos de presentar este dato como una coyuntura frágil o condicionada por concesiones unilaterales, lo atribuyó directamente a su proyecto político: “Esto no es una coincidencia, sino la implementación de la estrategia delegada por el pueblo de Armenia al gobierno y a la mayoría parlamentaria en las elecciones extraordinarias de 2021”.

Esa estrategia, explicó, se resume en la ideología de la llamada “Armenia Real”, un concepto que Pashinyan presentó como una reinterpretación profunda de la historia nacional. “Esta estrategia se expresa en la ideología de la Armenia Real y está conectada con nuestra nueva práctica de interpretar y reinterpretar la historia del pueblo armenio”, afirmó, para luego agregar que su objetivo “no era cambiar la historia de Armenia que ya sucedió, sino cambiar la historia que está por suceder”.

El Primer Ministro reconoció que el camino elegido implicó enormes pérdidas, pero las presentó como inevitables y funcionales a su proyecto. “Nuestro objetivo en última instancia era superar el papel que nos encomendó el pueblo mártir y lo logramos a costa de muchas víctimas y sacrificios”, declaró, sin mencionar explícitamente la limpieza étnica de Artsaj ni la expulsión forzada de su población armenia.

Pashinyan rechazó las críticas que lo acusan de erosionar la identidad nacional y sostuvo que “nuestra identidad es nuestro Estado, nuestro Estado es nuestra identidad”, invitando a los armenios “a comprender la realidad evidente de que la agenda de fortalecimiento del Estado es una agenda de fortalecimiento de la identidad”. En la misma línea, afirmó que sus políticas no niegan la historia, sino que la obedecen: “Nuestras políticas son al fin y al cabo el resultado de escuchar nuestra historia, que nos dice: ‘No me repitan, dejen de repetirme’”.

El mensaje avanzó luego hacia una justificación directa del abandono de Artsaj. “Esta es la razón por la que en marzo de 2025 anuncié la necesidad de no continuar con el movimiento de Karabaj”, sostuvo, y remarcó que esa decisión “no fue una concesión”, sino “una necesidad vital que surge de los intereses conscientes y reales de la República de Armenia”. En uno de los fragmentos más polémicos, Pashinyan contrapuso dos frases que condensan su visión: “La frase ‘Karabaj era nuestro, ahora ya no lo es’ expresa la conciencia de alguien que se encuentra en una trampa geopolítica”, mientras que, según él, la conciencia correcta es afirmar que “la República de Armenia no era nuestra, ahora sí lo es”.

El Primer Ministro celebró el proceso de normalización con Azerbaiyán como una “nueva historia de paz” y afirmó que su punto culminante fue la declaración firmada el 8 de agosto de 2025 en la Casa Blanca. “En nuestra presencia, los ministros de Asuntos Exteriores rubricaron el acuerdo sobre el establecimiento de la paz y las relaciones interestatales entre Armenia y Azerbaiyán”, dijo, calificándolo como “la piedra angular de la paz”, a pesar de que Azerbaiyán no reconoce el documento como un tratado de paz definitivo y mantiene exigencias adicionales, entre ellas cambios constitucionales en Armenia.

En un tono triunfalista, Pashinyan enumeró sus encuentros internacionales y aseguró que “hoy, la República de Armenia es un Estado más que nunca, más independiente que nunca, más soberana que nunca, más segura que nunca”. También destacó la reapertura de rutas comerciales y el tránsito de trenes a través de Azerbaiyán, presentándolos como pruebas irrefutables de su éxito diplomático.

El mensaje incluyó un largo tramo dedicado a indicadores económicos y sociales, con promesas de continuidad. “Hemos llegado al futuro y vivimos en él”, proclamó, y aseguró que “2026 será una hermosa continuación de nuestro presente”. Sin embargo, el cierre del discurso dejó en claro el carácter electoral de la alocución. “En las elecciones ordinarias de la Asamblea Nacional en junio de 2026, los ciudadanos de Armenia deben defender irrevocablemente la paz que han creado”, advirtió, vinculando de manera directa la permanencia de su gobierno con la continuidad de la paz.

Mientras el discurso de Pashinyan fue transmitido en cadena nacional, la televisión pública de Armenia censuró el mensaje de fin de año del Catholicos de Todos los Armenios, Karekin II, pronunciado desde la Santa Sede de Etchmiadzín, en el que presentó una lectura diametralmente opuesta de la realidad del país.

“Comenzamos el Año Nuevo en condiciones inestables, con la Iglesia de Armenia y su clero sometidos a una persecución injusta”, advirtió el Catholicos, y denunció que “nuestro clero, benefactor nacional, y devotos hijos de Armenia permanecen encarcelados ilegalmente”. Frente al relato oficial de estabilidad y éxito, Karekin II habló de “divisiones sociales, manifestaciones de odio e intolerancia” y llamó a “poner fin a las traiciones, la discordia fraternal y las contiendas”.

El líder espiritual subrayó que “una nación es fuerte y el Estado inquebrantable cuando se preserva la memoria histórica y cuando no se cuestiona la misión centenaria de nuestra Santa Iglesia”, y fue categórico al afirmar que “quienes siembran discordia contra la Iglesia provocan la justa indignación de nuestros fieles”. En un pasaje central, convocó a “defender los derechos de los armenios de Artsaj y luchar por la liberación de nuestros compatriotas sometidos a tratos inhumanos en Bakú”, una mención completamente ausente en el discurso del primer ministro.

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