En un discurso en el Parlamento Europeo, Nikol Pashinyan aseguró no ser un dictador pero confirmó que persigue a clérigos y opositores por sus ideas

El primer ministro de Armenia, Nikol Pashinyan, defendió el 11 de marzo en el Parlamento Europeo el acuerdo de paz con Azerbaiyán, el proyecto TRIPP y el acercamiento de su gobierno a la Unión Europea, pero al mismo tiempo admitió abiertamente que ordena apartar o castigar a funcionarios que contradicen la política exterior oficial y justificó la persecución contra clérigos y sectores opositores, a quienes acusó de impulsar “el partido de la guerra”, de actuar al servicio de intereses extranjeros y de intentar desestabilizar al país.
Durante su intervención en Estrasburgo, Pashinyan volvió a presentar como un hito histórico la declaración firmada con Ilham Aliyev en Washington el 8 de agosto de 2025. “El cambio más memorable es la paz establecida entre Armenia y Azerbaiyán”, afirmó, y sostuvo que ese acuerdo abrió una nueva etapa para la región. También defendió el programa “Camino Trump para la Paz y la Prosperidad Internacional” (TRIPP), aseguró que Armenia no tiene intención de retrasarlo y remarcó que el proyecto “satisface plenamente los intereses a corto, mediano y largo plazo de la República de Armenia”.
Sin embargo, la parte más controvertida de su discurso llegó cuando respondió de manera preventiva a las críticas por la situación interna en Armenia. Pashinyan dijo que representantes vinculados a la Iglesia Apostólica Armenia y a organizaciones de lobby intentan instalar en Europa que en Armenia hay represión, presos políticos y restricciones a la libertad de conciencia. “No abordaría el tema de la implicación de algunos clérigos en este proceso contra la paz si no hubiera visto cómo los emisarios de esos clérigos y los representantes de algunas organizaciones de lobby afiliadas a ellos están tratando de difundir en el Parlamento Europeo y otras estructuras internacionales autorizadas que el Gobierno armenio está restringiendo la libertad de conciencia, que se está estableciendo una dictadura en Armenia y que hay presos políticos en Armenia”, declaró.
Acto seguido, rechazó esa caracterización, pero confirmó la lógica de persecución política contra quienes disienten de la línea oficial. Afirmó que “algunos clérigos” se volvieron vulnerables a servicios de inteligencia extranjeros, acusó a parte del alto clero de haber tomado “el liderazgo del partido de la guerra en la República de Armenia” y aseguró que alrededor de ellos se agruparon “los antiguos líderes de Armenia, algunas fuerzas asociadas a ellos, algunos oligarcas pro-bielorrusos y con base en Rusia”.
Pashinyan justificó directamente la acción del Estado contra esos sectores, a pesar de no poder dar un solo ejemplo de clérigos u opositores que estén a favor de la guerra. “No permitiremos un nuevo conflicto, una nueva guerra; no permitiremos que la conciencia, la paz y la independencia, obtenidas a costa de miles de víctimas, se sacrifiquen con fines anticristianos”, sostuvo. Y agregó una frase que dejó en claro su posición frente a los clérigos y opositores que cuestionan su política: “Hoy, algunos usan el altar de Cristo para predicar el conflicto, la guerra o la violencia intraarmenia, traspasando los límites de la legislación de la República de Armenia. Esto no se puede tolerar en ningún país democrático”.
De esa manera, mientras negó que Armenia sea una dictadura, el primer ministro confirmó que considera legítimo usar el aparato estatal contra clérigos y opositores cuando sus posiciones “contradicen” la línea política del gobierno o, según su criterio personal, favorecen una agenda de guerra.
Pashinyan vinculó especialmente esa disputa con los hechos de abril de 2024, cuando comenzó el proceso de demarcación fronteriza con Azerbaiyán. Según dijo, en ese momento “uno de los arzobispos (Bagrat Galstanyan, actualmente encarcelado ilegalmente por el régimen de Pashinyan) inició un movimiento en Armenia para exigir no solo que no se llevara a cabo la demarcación, sino también, en esencia, que se activara el movimiento de Karabaj, es decir, el conflicto”. También acusó a clérigos de alto rango y a sus aliados políticos de haber impulsado una “campaña de desinformación” para convencer a la población de que el gobierno iba a entregar territorios soberanos e iglesias antiguas a Azerbaiyán.
Sobre los armenios de Artsaj desplazados por la fuerza, Pashinyan insistió en que la prioridad del gobierno es que obtengan ciudadanía armenia y se establezcan de forma permanente en Armenia, negando así su derecho al retorno a sus tierras ancestrales. “Nuestros hermanos y hermanas de Karabaj deben obtener la ciudadanía de la República de Armenia y establecerse permanentemente en la República de Armenia”, declaró, y precisó que hasta el momento 4.886 familias ya recibieron apoyo dentro de ese programa.
Respecto de los armenios detenidos en Azerbaiyán, Pashinyan aseguró estar llevando a cabo una “diplomacia silenciosa”. “A menudo nos critican por decir que la paz establecida entre Armenia y Azerbaiyán no es perfecta, pero, por favor, dígame, ¿dónde está la paz perfecta?”, preguntó. Luego sostuvo que el reciente retorno de cuatro armenios desde Azerbaiyán confirmó que ese método funciona: “Estoy convencido de que si no hubiéramos optado previamente por este estilo de trabajo diplomático silencioso, el regreso de nuestros cuatro compatriotas el 14 de enero simplemente no habría ocurrido”.