Nikol Pashinyan: “Esta es una elección histórico-política”

En una entrevista con la Televisión Pública emitida el 10 de febrero, el primer ministro de Armenia, Nikol Pashinyan, buscó vincular la visita del vicepresidente estadounidense J. D. Vance con su agenda interna y electoral, al tiempo que defendió su estrategia de “silencio” respecto de los prisioneros armenios en Azerbaiyán, minimizó la dimensión política de TRIPP y escaló su confrontación con la Iglesia Apostólica Armenia. “Esta elección no es solo una elección política, es una elección histórico-política”, afirmó, de cara a las legislativas del 7 de junio, en un intercambio en el que la periodista Tatev Danielyan insistió con preguntas críticas sobre reciprocidad con Azerbaiyán, el contraste entre “paz” y condenas a cadena perpetua en Bakú, y la campaña del Gobierno contra el Catholicos Karekin II.
En el tramo inicial, Pashinyan evaluó la visita de Vance con una formulación celebratoria: “En la práctica, obtuvimos lo que esperábamos”, dijo, y añadió que “el ambiente de la visita resultó mucho más agradable y positivo de lo que esperábamos”. También sostuvo que el arribo de Vance “coloca a Armenia en el centro de la atención mundial” y que las cifras anunciadas por Washington deben leerse como “gran voluntad política” que, más adelante, deberá convertirse en proyectos concretos.
La entrevistadora introdujo de inmediato el contrapunto que domina el debate doméstico: “Los opositores preguntan: ‘¿De cuántos miles de millones estamos hablando? ¿Se construirán las vías y el ferrocarril con oro? ¿Dónde se necesitan tantas inversiones y por qué no podríamos hacerlo con nuestros propios recursos?’”. Pashinyan respondió con una mezcla de reproche y argumento macroeconómico: “Normalmente, la oposición nos critica por la escasez de inversión extranjera directa… Ahora, de hecho, habrá grandes entradas de efectivo a Armenia”. Afirmó que ciertas obras “forman un nuevo ecosistema de inversión” y enumeró, además del ferrocarril, “nuevas líneas eléctricas”, “nuevos oleoductos” y “cables”, que conectó con “el nuevo centro de supercomputación que se está construyendo en Hrazdan” para servicios regionales de inteligencia artificial.
La periodista insistió con otra crítica recurrente: la idea de que la iniciativa estadounidense tendría motivaciones ajenas a Armenia y que el porcentaje de participación, según aludió, “no es nada” para la economía. “Estados Unidos tampoco tiene ningún interés económico y viene a la región para influir en Irán”, planteó, y preguntó “¿cómo se determinó esa proporción?”. Pashinyan evitó responder el punto cuantitativo y trató de reforzar el marco político-económico del acuerdo: “Lo que ocurrió en Washington el 8 de agosto fue, en primer lugar, una declaración política… pero cuanto más objetivos políticos se implementan, mayor es la transformación económica”. Incluso deslizó que “en la agenda entre Armenia y Azerbaiyán la economía está superando a la política”.
La entrevista tocó entonces una de las cuestiones más sensibles: los armenios encarcelados en Azerbaiyán. Pashinyan dijo que ese tema se discute “en todos los formatos relevantes” y defendió una táctica de bajo perfil. “Ya he dicho que todos los temas se discuten… en particular, el de nuestros compatriotas en prisión”, afirmó, pero agregó: “mi experiencia me demuestra que, en este tema, cuanto más silenciosamente actuemos, más…”. Danielyan lo interrumpió para precisar: “¿Quieres decir que lo discutiste con Vance?”. “Incluido eso, sí, por supuesto”, respondió el Primer Ministro.
La periodista subrayó el contexto político de esas conversaciones: “Muchos opositores enviaron cartas a Vance, y también se estaban manifestando en ese momento… ¿ha hablado con él y ha expresado Vance su voluntad de tener una discusión sobre este tema en Azerbaiyán?”. Pashinyan pidió “la menor cantidad de detalles posible” y se negó a comprometer resultados, aunque insistió en que “estaba en la agenda y se discutió”. A la vez, remarcó que “no existe tal negociación… si no abordamos ese tema” y prometió continuidad: “lo seguimos planteando, y seremos consecuentes en su solución”.
El tema TRIPP derivó en un cruce donde la entrevistadora planteó la incertidumbre sobre reciprocidad y soberanía. Danielyan resumió las dudas sobre “Front Office” y “Back Office”, e interpeló sobre si en Azerbaiyán funcionaría “de la misma manera” y si los armenios se relacionarían “no con ciudadanos azerbaiyanos, sino con ciudadanos de un tercer país”. Pashinyan respondió con una definición que, por momentos, eludió el núcleo político de la pregunta: “Debemos percibir el TRIPP como un programa de inversión”. Luego, cuando la periodista lo devolvió al punto, “este tema también tiene un componente político… ¿qué pasará en el lado azerbaiyano?”, el Primer Ministro aseguró: “En Azerbaiyán no existe un TRIPP, por lo que no puedo predecir qué ocurrirá allí”, aunque sostuvo que los cruces operarán “dentro del marco de la soberanía… y habrá acceso… en condiciones de reciprocidad”.
Pashinyan defendió también los plazos extensos del esquema de concesión y participación, al explicar que tras 50 años “la República de Armenia ya tendrá el 49 %”, y justificó la lógica de ganancias privadas: “estamos hablando de miles de millones de dólares en inversiones, estas inversiones deben recomprarse y debe haber una ganancia”. Luego dio un salto discursivo que convirtió un dato contractual en una promesa de estabilidad estatal: “Estados Unidos está implementando un programa de inversión en la República de Armenia por 99 años… la primera superpotencia mundial afirma que la República de Armenia existirá durante 99 años”. Incluso agregó una frase que buscó dramatizar su argumento: “no veo ningún período en nuestra historia anterior en el que tuviéramos una perspectiva de 99 años por delante”.
La entrevista pasó después a Abu Dabi, donde Pashinyan y el presidente de Azerbaiyán recibieron el Premio Zayed. El Primer Ministro lo interpretó como respaldo a su estrategia: “reciben un premio por establecer la paz… significa reafirmar la política y la estrategia de paz”. La periodista, sin embargo, planteó una de las preguntas más filosas de la noche al confrontar ese discurso con los hechos posteriores: “¿dónde están la paz, la hermandad y la humanidad cuando nuestros compatriotas son condenados a cadena perpetua en las cárceles de Bakú?”. También preguntó si, con los veredictos en vigor, “¿todavía pueden ser devueltos a Armenia?”.
Pashinyan admitió el costo político y humano: “estas decisiones son, por supuesto, muy dolorosas y difíciles para mí”, pero volvió a su tesis central: “Nuestra idea es, de nuevo, la paz, porque la paz es el entorno en el que es posible resolver este problema. En un entorno de conflicto, este problema es insoluble”. Afirmó que cuatro armenios regresaron “el mes pasado” y puso el foco en un caso puntual: “si no hubiera un entorno propicio para la paz, [Vagif Khachatryan] no habría regresado”. Además, sostuvo que la contención pública fue parte del resultado: “si hubiéramos actuado así, les garantizo que Vagif Khachatryan no habría regresado”, dijo, al explicar por qué evitó declaraciones y apelaciones internacionales en momentos críticos.
Sobre la reunión con Aliyev en Abu Dabi, Danielyan pidió precisiones sobre cuestiones que “preocupan a la sociedad armenia”: demarcación, Syunik, “retirada de las tropas azerbaiyanas de los territorios ocupados” y una fecha para la firma del tratado. Pashinyan respondió con una fórmula diplomática (“no tengo secretos… pero hay matices”) y aseguró que “se han discutido todos los temas posibles”. Respecto de los territorios, afirmó que hay “un documento con la máxima fuerza legal” y que se resolverá por demarcación sobre la base de la Declaración de Alma-Ata de 1991. Sobre TRIPP y la demarcación en corredores, sostuvo que primero se debe delimitar con “precisión milimétrica” antes de avanzar con obras.
En otro segmento, el primer ministro sugirió avances en la conectividad regional y describió como “récord histórico” que “por primera vez desde los años 90” un tren haya entrado en Armenia “a través de Azerbaiyán, ahora a través de Georgia”. La periodista lo interpeló cuando Pashinyan habló de “directo y sin obstáculos”: “¿quiere decir que había un cruce fronterizo directo de Azerbaiyán a Armenia?”. “No, el tren pasa por Georgia”, respondió, y ante la repregunta sobre un cruce directo, admitió que aún “hay que construir el ferrocarril” y que se discute también “la ruta por carretera”.
La conversación derivó en un punto delicado para la política exterior armenia: el rol de Rusia en la infraestructura ferroviaria. Danielyan preguntó qué alternativa tiene Armenia “si Rusia… se niega… o simplemente lo retrasa constantemente”. Pashinyan reconoció el problema y habló de pérdida de competitividad por el control ruso de un activo estratégico: “debido al tenso contexto internacional… sentimos que estamos perdiendo nuestra ventaja competitiva”. Aun así, evitó anunciar una ruptura: “Debemos encontrar una solución… con una lógica amistosa, fraternal”. También relató que planteó la cuestión a Turquía y Azerbaiyán con una pregunta directa: “ese ferrocarril pasa por Armenia. ¿Por qué gastar miles de millones de dólares en algo que ya existe?”. Dijo que recibió “un silencio diplomático”.
La entrevista incluyó otra pregunta incisiva sobre Rusia, a partir de declaraciones del viceprimer ministro ruso Overchuk sobre la Unión Europea y la necesidad de que Armenia se haga “esta pregunta tarde o temprano”. Pashinyan buscó blindarse ante acusaciones de alineamiento anti-ruso: “perjudicar a Rusia y sus intereses no ha estado, no está ni estará en nuestra agenda”. Agregó: “nadie podrá involucrarnos en la lógica de actuar contra Rusia”, y enfatizó sus “relaciones muy directas y cálidas” con Vladímir Putin y Mijaíl Mishustin. Sin embargo, marcó un límite: “no podemos actuar contra Armenia… siempre debemos actuar de acuerdo con los intereses de Armenia”. Incluso contó que, tras el 8 de agosto, hubo “preguntas” de Moscú y que respondió recordando que Armenia pidió durante años cinco términos, “integridad territorial, soberanía, jurisdicción, reciprocidad e inviolabilidad de fronteras”, antes de firmarlos en Washington.
En política interna, Danielyan lo llevó a su ofensiva contra la Iglesia y el Catholicos Karekin II, señalando que “no ha abandonado su objetivo” de destituirlo y preguntando por “medidas concretas” y el “consejo” de reforma. Pashinyan definió el problema en términos de soberanía: “la Iglesia no puede estar en un Estado” y acusó a la institución de intentar actuar “como en un Estado extranjero”. También sostuvo que “la Iglesia no debe involucrarse en política” y mencionó, como ejemplo, llamados a la dimisión del Gobierno. Dijo que el movimiento de Bagrat Galstanyan se lanzó “tras las consultas en la Santa Sede” y afirmó que “fracasó” al ser “rechazado por la población”. Además, escaló con una acusación sensible: “tenemos información en proceso de verificación, incluyendo que dinero fantasma está entrando… para ser utilizado con fines políticos”.
La periodista confrontó el enfoque del Gobierno: “dicen que ser clérigo no significa que no deba tener opiniones políticas… inicien procesos penales… pero no inicien una campaña contra los clérigos… y exijan su renuncia”. Pashinyan contestó con un tono duro: “usar el altar… para predicar política… es un sacrilegio”. Y trazó una comparación controvertida: habló de “manifestaciones del islam extremista” y dijo que desde 2020 se escuchan “textos políticos… radicales… durante los sermones en casi todas las iglesias”. También aludió a causas penales por sabotaje y violencia, y justificó su postura como prevención: “permitir que estas manifestaciones… aumenten… para que luego se pregunten dónde estaba el Estado”.
En el tramo final, Danielyan lo llevó a un tema de credibilidad gubernamental: pobreza, bonificaciones y acusaciones de financiamiento privado a ministros. Una de las preguntas más frontales fue: “¿por qué no trabaja por un dracma como Primer Ministro?”. Pashinyan devolvió con ironía: “cuando trabajo… por un solo dracma y usted me pregunta… ‘¿de dónde saqué este traje?’, ¿qué le responderé?”. Ante la respuesta sugerida por la periodista, “fondos privados”, replicó: “Es corrupción”. Luego apuntó contra el pasado político: habló de sobres con dinero para funcionarios y lo describió como “nostalgia por ese sistema de corrupción”. Defendió la necesidad de salarios adecuados para exigir rendimiento y citó como ejemplo la implementación de un sistema de seguro médico, con “cientos de jubilados” recibiendo servicios “que valen millones de drams”.
Finalmente, la entrevista se centró en el marco electoral. Danielyan recordó una frase previa del primer ministro, quien dijo que “será una elección entre la paz y la no paz” y lo acusó de “manipulación” porque “ninguna fuerza política llama a la guerra”. También deslizó que la diferencia sería de “dignidad” y no de belicismo: “lo tuyo es real, lo de ellos es digno”. Pashinyan respondió que el problema es “reemplazar la paz real con una paz conceptual” y reiteró: “esta elección no es solo una elección política, es una elección histórico-política”. Con una retórica de destino nacional, afirmó que Armenia “se está convirtiendo en el centro desde la periferia” y pidió que el votante “defienda esta paz” y “este proceso”.