Nosotros, la Diáspora. Notas para un manifiesto

Diario ARMENIA continúa con la publicación de artículos de reconocidos intelectuales sobre temas de relevancia para la comunidad armenia. En esta edición especial presentamos la traducción al español de “Nosotros, la Diáspora. Notas para un manifiesto”, del politólogo Khatchik DerGhougassian, publicado originalmente en diciembre de 2025 en el número especial de fin de año del diario Hairenik de Boston, un texto que propone repensar el rol político, la identidad y el futuro de la Diáspora armenia en el siglo XXI. Anteriormente se había publicado otro trabajo de Khatchik Tölöyan: Diáspora: “De dónde vengo, dónde pertenezco”.
Nosotros, la Diáspora. Notas para un manifiesto
Para la dispersión global armenia en el “corto siglo XX”[i], la Diáspora surgida tras el Genocidio y la sovietización de Armenia, definir una identidad colectiva en primera persona del plural, un “nosotros”, ha sido siempre un desafío literario, intelectual y, sobre todo, político. Ese desafío se impone con mayor fuerza hoy, en el siglo XXI, particularmente a cinco años transcurridos desde la Guerra de los 44 días, cuando la Diáspora parece haber quedado reducida al papel de “espectadora pasiva de los acontecimientos.”[ii]
En las décadas posteriores al Genocidio, para las comunidades organizadas de El Cairo, Beirut, Alepo, París o Boston, “la diáspora fue, durante un breve período, un proyecto exitoso en términos de estandarización lingüística, desarrollo literario y formación de nuevas generaciones de lectores y escritores en lengua armenia occidental en el exilio”,[iii] como señala Talar Shahinian. La preservación del idioma constituyó, por lo tanto, el principal desafío para definir ese “nosotros” como identidad colectiva, más allá de cualquier fragmentación interna. Pero ese desafío fue percibido bajo la amenaza permanente del retroceso del idioma, la pérdida y, en consecuencia, la disolución identitaria, la asimilación, el ‘genocidio blanco’. Cuando en 2010 el armenio occidental fue incluido en la lista de lenguas en peligro de la UNESCO, ello pareció un desenlace esperado, casi inevitable para cualquier comunidad históricamente despojada de su territorio.
La novela clásica de la Diáspora Retirada sin canto (Նահանջը առանց երգի, 1929), de Shahan Shahnur, había sido interpretada de forma tan patética en el discurso público y fijada de tal modo en el imaginario colectivo, que casi nadie se preguntó si este destino del armenio occidental no era, en realidad, una profecía autocumplida: consecuencia de supuestos erróneos y de las fallas estructurales de las organizaciones pan-Diaspóricas. De allí que la pregunta “¿cómo llegamos hasta aquí?”, como observa Shahinian,[iv] se haya convertido en un nuevo eje para redefinir el “nosotros” de la Diáspora.
La búsqueda intelectual sobre la Diáspora surgió en el campo del análisis comparado y de las ciencias sociales en la década de 1970, impulsada por la tercera generación posterior al Genocidio. Hasta entonces, la identidad colectiva había sido explorada principalmente a través de la literatura y el periodismo. Ejemplos significativos fueron el movimiento literario Menk (“Nosotros”) en París, que intentó desarrollar una teoría literaria transnacional,[v] y más tarde, en Beirut, los proyectos de “nacionalización” de la lengua y la literatura impulsados por sectores ideológicamente opuestos, tanto partidarios como detractores de la Armenia soviética o de la independencia. A ello se sumó el salto cualitativo de los escritores de la tercera generación, en consonancia con la politización de la Diáspora entre las décadas de 1960 y 1980.
El desafío intelectual de pensar la Diáspora se consolidó en el ámbito académico occidental, especialmente en las universidades de Estados Unidos, con el surgimiento de los estudios sobre diásporas como un área de experticia e investigación transversal en el campo de ciencias sociales, humanidades, literatura comparada, entro otras disciplinas. La Diáspora armenia se convirtió en objeto central de ese campo por dos razones: en primer lugar, por ser una de las tres diásporas “clásicas”, junto con la judía y la griega; y, en segundo lugar, por el papel decisivo de Khachig Tölölyan, fundador y durante muchos años editor de la revista Diaspora: A Journal of Transnational Studies (1991).
En un artículo publicado en 1996,[vi] Tölölyan ofreció una de las formulaciones más completas del nuevo paradigma: el paso de concebir a las diásporas como “naciones en exilio” o “minorías étnicas” a entenderlas como colectividades transnacionales en un mundo globalizado. Desde entonces, los estudios sobre la Diáspora se han desarrollado enormemente, incluso con mayor intensidad tras la independencia de Armenia. Sin embargo, la pregunta crucial sigue siendo cuán útil ha sido este enriquecimiento teórico (con nuevos conceptos como el de “transnacionalismo”) para la reorganización política y la revitalización del accionar colectivo de la Diáspora, especialmente desde 1991.
Este interrogante es central si se reconoce hasta qué punto la supervivencia del pueblo armenio en dispersión fue una decisión profundamente política. Ese carácter político se expresó tanto en los programas de “preservación de lo armenio” de las primeras décadas, como en el aislamiento deliberado de las comunidades respecto de la vida política de los países anfitriones; en las divisiones violentas en torno a la aceptación o rechazo del régimen soviético; en la rebelión de la tercera generación influenciada por Mayo del 68[vii]; y, sobre todo, en la movilización por la Causa Armenia y el reconocimiento internacional del Genocidio en las décadas posteriores a su cincuentenario.
Mucho se ha escrito ya sobre estos procesos. Lo que ha recibido menor atención es la dinámica interna de gobierno, o de la gobernanza, de la Diáspora: aquello que Tölölyan denomina un “gobierno del exilio” (government OF exile), distinto de un “gobierno en el exilio” (government IN exile)[viii]. Se trata de las grandes organizaciones pan-Diaspóricas que construyeron las estructuras comunitarias donde se desarrollaron la supervivencia colectiva, la conciencia identitaria individual y la acción política, tanto en la competencia interna por el poder como en el intento de insertar la Causa Armenia en la agenda internacional de los Estados anfitriones. Estas organizaciones hicieron posible concebir a la Diáspora como un “nosotros”, creando un paradigma identitario implícito.
Ese paradigma hoy está agotado, y uno nuevo aún no ha nacido.
El movimiento de Artsaj y el lema “Unificación” generaron momentáneamente la ilusión de un “nosotros” panarmenio, pero resultó ser una ilusión. Más aún: profundizó en muchos sectores de la Diáspora un sentimiento de culpa por intentar diferenciar su propio “nosotros” del ideal abstracto de la unidad nacional. De allí surgió la consigna “la Diáspora no es un fin en sí mismo”, usada y abusada en el discurso público cada vez que se intentaba pensar la identidad colectiva de la Diáspora en términos su valor propio.
En la práctica, el panarmenismo actual ha tendido a ignorar, minimizar e incluso negar las particularidades de la Diáspora, principalmente porque las dirigencias de las principales organizaciones pan-Diaspóricas concluyeron, muy apresuradamente, que con la independencia el proceso diaspórico había llegado a su fin natural, y que había llegado la hora de retorno a la patria. Y aunque esa actitud era comprensible en los años críticos del terremoto, la lucha de liberación en Artsaj y el desafío de la consolidación del Estado independiente entre 1988 y 1998, también es cierto que consolidó una triple renuncia:
- Armenia independiente nunca aceptó un modelo de cooperación que otorgara voz y voto a representaciones diaspóricas;
- La integración lingüística y cultural entre Armenia y la diáspora no fue prioritaria y, salvo excepciones, fue vista con indiferencia o rechazo;
- Las dirigencias diaspóricas asumieron el papel de voceras de Armenia, en lugar de hacer oír la voz de la Diáspora en Armenia, transmitir su experiencia, valorar su capacidad organizativa global o ejercer lobby por intereses propios de la Diáspora que la clase política en Armenia nunca pensó seriamente considerar.
No se reflexionó sobre cómo, en el siglo XXI, con una Diáspora transformada demográfica, geográfica y generacionalmente, el antiguo modelo de “gobierno del exilio” había entrado en una crisis irreversible. Si esta crisis se entiende también como oportunidad, entonces debe reconocerse que el antiguo modelo de la Diáspora está agotado y que es necesario avanzar hacia una forma de gobernanza transnacional y hacia un Proyecto Diáspora como compromiso identitario y programa de cooperación política.
Esto no es posible sin la participación comprometida de las organizaciones pan-Diaspóricas tradicionales[ix], pero tampoco ignorando a las nuevas organizaciones, iniciativas y actores individuales. Ninguna organización pan-Diásporica puede hacerlo sola. Pero también nada se construye sin la participación de cualquiera de ellas.
¿Podrá la Diáspora presentarse algún día con un manifiesto de un “nosotros”, consensuado al menos en sus principios básicos comunes?
Epílogo
Las notas al pie existieron en el original en armenio, pero quedaron afuera de la nota publicada por una razón de espacio. Se incorporaron en su traducción al español.
A casi diez años de la formación de las Instituciones Armenias de la República Argentina (IARA), las organizaciones comunitarias dieron un ejemplo de cómo se puede mover paso a paso a la reorganización de la Diáspora a nivel local. Si bien como espacio de acción colectiva de la comunidad IARA no es única, pero ha proporcionado un modelo de construcción de un consenso básico para la construcción de un espacio común donde se refleja tanto la pluralidad ideológico-política como el compromiso a una identidad colectiva. En este sentido, ha generado interés y sido objeto de deliberaciones en distintas instancias incluyendo la académica.
Pero ninguna construcción social viene dotada de un certificado de perpetuación. Su vitalidad queda condicionada por su desarrollo en términos de consolidación de compromisos de acción colectiva que eventualmente puede aspirar a una representación legitimada dentro y fuera de la comunidad, su capacidad de ampliar la práctica de la democracia interna en cuestiones de gestión y, quizá, de gobernabilidad de los asuntos comunitarios, y el desafío de inclusión desde nuevas organizaciones hasta individuos que se sienten identificados con los seis puntos del Consenso Básico en la definición de su “armenidad”.
Otro desafío de IARA, así como de cualquier organización similar en otras comunidades de la Diáspora, es la reconstrucción de la red global de la presencia armenia que, quizá paradójicamente, había sido muy notable antes de la independencia y sobre todo en los años críticos de 1965-1985/87 de movilización por el reconocimiento internacional de la Diáspora.
Parece que desde la independencia, cada comunidad, o quizá cada organización de la Diáspora, tiende a encerrarse en si misma y priorizar sus relaciones con la República de Armenia; es entendible e inevitable esta conexión inmediata; pero la experiencia desde la independencia ha demostrado que ese vínculo ha hecho poco y nada para la revitalización de la presencia global armenia, y, de todos modos, no es ni siquiera suficiente para pensar la Transnación Armenia en el siglo XXI, la Diáspora 2.0.
Khatchik DerGhougassian
Buenos Aires - Argentina
Publicado originalmente en armenio occidental en el semanario Hairenik de Boston, MA (Estados Unidos), número especial, diciembre de 2025.
[i] Siguiendo a la definición del historiador británico Eric Hobsbawm para definir el período entre el fin de la Primera Guerra Mundial y la caída de la Unión Soviética donde también se ubica el nacimiento, organización y desarrollo de la dispersión global armenia en el siglo XX (Eric Hobsbawm, The Age of Extremes. The Short Twentieth Century 1914 – 1991. London: Michael Joseph, 1994).
[ii] La caracterización es del reconocido periodista Sarkis Mahseredjian, ex editor del diario Aztag de Beirut, en uno de sus artículos (Սարգիս Մահսերէճեան, «Միասնութեան Հանրահաւաք»ին Հորիզոնները, Ասպարէզ, 2 Սեպտեմբեր 2025).
[iii] Talar Chahinian, Stateless. The Politics of Armenian Language in Exile. New York: Syracuse University Press, 2023, p. 1.
[iv] Idem.
[v] “Buscando en cada uno rasgos communes, fuentes de inspiración y preocupaciones de un mismo pueblo, abrir camino, buscar y en el tiempo darle forma a un mensaje que proporcionándole a cada uno su libertad individual también responsa a las demandas de la cultura armenia.” «Փնտռելով իւրաքանչիւրին մօտ նո՛յն ժողովրդի զաւակներու յատուկ հասարակաց գծեր, ներշնչումներ ու մտահոգութիւններ, ճամբայ հարթել, որոնել եւ կերպարանք տալ, ժամանակի ընթացքին, ընդհանուր հանգանակի մը, որ ազատութիւն տալով հանդերձ իւրաքանչիւրին անհատականութեան, համապատասխանէ հայ մշակոյթի պահանջներուն:» (ՄԵՆՔ, Փարիզ, Տպագր. «Արաքս», 1931, էջ 3) -traducción libre del autor del armenio original del texto citado.
[vi] Khachik Tölölyan, Rethinking Diaspora(s): Stateless Power in the Transnational Moment. Diaspora A Journal of Transnational Studies, 5:1, 1996.
[vii] Ejemplo del cambio generacional como impacto del Mayo francés es el artículo de 1971 de Nazaret Berberian con el título sugestivo “La Diáspora conservadora” (Ն. Պէրպէրեան, Պահպանողական Սփիւռքը, Ազդակ, 1.12.1971)
[viii] Khachik Tölölyan, Exile Government in the Armenian Polity. Journal of Political Science, Volume XVIII, 1990.
[ix] Hratch Tchilinguirian, el director de la Encuesta de Opinión de la Diáspora de la Fundación Gulbenkian, menciona siete organizaciones pan-Diásporicas: los tres partidos políticos históricos y las organizaciones culturales, sociales y deportivas que los acompañan, la Iglesia Apostólica Armenia con sus dos sedes de Echmiadzín y Cilicia (en Antelias, Líbano), la Unión General de Beneficencia Armenia (UGAB), los armenios Católicos y la red global de las entidades de las Iglesias Evangélicas armenias. Por cierto, cada una de estas organizaciones define a su manera la caracterización “política” de su rol en la gobernanza de la Diáspora. Es también cierto que hay diferencias notables en la popularidad y capacidad de movilización de cada una de ellas. Todo esto es notable en los resultados de la Encuesta en colectividades de 13 países en Europa, Medio Oriente y las Américas. Es notable en esta Encuesta la baja popularidad y adhesión de los tres partidos políticos que en el mejor de los casos llega a 10-11 por ciento. La Encuesta no permite un análisis comparativo de su popularidad y rol en la época previa a la independencia de Armenia, sin embargo su baja popularidad actual es señal de la necesidad que tienen de repensar su rol en la gobernanza, y por lo tanto de la política de identidad, de la Diáspora.