Se cumple el 38º aniversario del pogromo de Sumgait, las masacres contra la población armenia en Azerbaiyán para silenciar la lucha por Artsaj

27 de febrero de 2026

El 27 de febrero se cumple el 38º aniversario del pogromo de Sumgait, las masacres perpetradas contra la población de origen armenio en Azerbaiyán entre el 27 y el 29 de febrero de 1988, en la ciudad industrial de Sumgait, en un contexto de creciente hostilidad contra los armenios tras el inicio del Movimiento de Karabaj por la autodeterminación de la República de Artsaj (Nagorno Karabaj).

Este nuevo aniversario volvió a poner en primer plano la continuidad de la política de violencia contra el pueblo armenio, cuya impunidad desde 1988 derivó en nuevos episodios de persecución y limpieza étnica, culminando con la limpieza étnica de Artsaj en septiembre de 2023.

El pogromo de Sumgait

El pogromo de Sumgait constituyó la primera respuesta violenta de las autoridades de Azerbaiyán frente a la lucha por la autodeterminación de la población de la República de Artsaj (Nagorno Karabaj). Durante los ataques, “decenas de personas resultaron muertas, de las cuales muchas fueron quemadas vivas tras haber sido golpeadas y torturadas. Hubo centenares de heridos, muchos de los cuales quedaron discapacitados de por vida. Se produjeron violaciones de mujeres y niñas. Hubo más de doscientos hogares destrozados y saqueados, cantidades de automóviles quemados o destruidos y decenas de talleres, tiendas, y locales sociales devastados y desvalijados”, según datos de un informe presentado por Armenia en Naciones Unidas.

Las matanzas de Sumgait y Kirovabad en 1988 y de Bakú en 1990 fueron la respuesta a la movilización de los armenios por la independencia de Artsaj, una región históricamente habitada por población armenia que fue incorporada por decisión de Joseph Stalin a la República Socialista Soviética de Azerbaiyán como región autónoma en 1923.

A partir de 1988, con el inicio de la desintegración de la Unión Soviética, el Movimiento de Karabaj reclamó la unificación con Armenia. En ese contexto, los mítines en Armenia fueron contrarrestados por manifestaciones en Bakú con consignas abiertamente antiarmenias. El 14 de febrero de 1988, el jefe del departamento del Comité Central del Partido Comunista de Azerbaiyán, Asadov, declaró que “cien mil azerbaiyanos están listos para asaltar Karabaj en cualquier momento y organizar una matanza”. En los días previos a la masacre, Hidayat Orujov advirtió a los armenios en Sumgait: “Si no dejan de hacer campaña por la unificación de Nagorno Karabaj con Armenia, 100.000 azeríes de los distritos vecinos irrumpirán en sus casas, incendiarán sus apartamentos, violarán a sus mujeres y matarán a sus hijos”.

El 26 de febrero de 1988 se realizaron manifestaciones en la plaza Lenin de Sumgait, donde se escucharon llamamientos explícitos a la expulsión y asesinato de armenios. La multitud se agitó con relatos sobre refugiados azerbaiyanos provenientes de Armenia. Posteriormente, las autoridades soviéticas consideraron que algunos de esos individuos actuaron como provocadores. El dirigente del Partido local de Bakú, Fuad Musayev, declaró en una entrevista concedida al historiador Thomas de Waal: “Alguien los estaba provocando, se estaba realizando un trabajo de propaganda”.

La noche del 27 de febrero comenzaron los ataques sistemáticos contra la población armenia. Grupos organizados ingresaron a viviendas y comercios identificando a sus víctimas exclusivamente por su origen étnico. Se bloquearon accesos a la ciudad y se actuó con armas improvisadas.

Según Thomas de Waal, “las bandas cometieron actos de terrible salvajismo. Varias víctimas fueron tan gravemente mutiladas con hachas que sus cuerpos no pudieron ser identificados”. De acuerdo con el investigador, la policía local “no hizo nada”, ya que estaba “compuesta mayoritariamente por azerbaiyanos”.

Los hechos de Sumgait marcaron el inicio de una escalada de violencia que se extendió a Kirovabad y Bakú, provocando el desplazamiento forzado de cientos de miles de armenios de Azerbaiyán y dejando una herida abierta que continúa condicionando la relación entre ambos pueblos hasta la actualidad.

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