Un llamado a la cordialidad y a la comprensión humanas

Los grandes conflictos de las naciones tienen su réplica —modelada en infinitas formas y matices— en la vida cotidiana de las personas. Cada uno tiene sus intereses; cada ambiente, sus ideas y convenciones; cada latitud, su idiosincrasia. Nada de esto sería negativo si cada interés no considerara enemigo al interés contrario; si cada idea parcial no viera como adversario a quien no la comparte; si cada convención no excluyera a quien no la sigue; si cada idiosincrasia no se enorgulleciera de su diferencia hasta convertirla en distancia, y si los privilegiados no miraran con desdén a quienes, de cerca o de lejos, los sostienen.
La relativa facilidad de vivir ha creado una “normalidad” indiferente, en la que nos estorban, sobre todo, esos móviles negativos que, aunque no siempre separan de manera visible a las personas, a los ambientes o a las latitudes, sí les impiden unirse. Entretanto, se incuba el verdadero y gran enemigo: la fuerza que reunirá en un solo haz esos resentimientos y los transformará en pasiones brutales, arrasando con su inundación de sangre y fuego a quienes, por inconsciencia, lucro o cobardía, le abrieron el camino.
Una entre los millones de tragedias que manchan al mundo…
“El horror absoluto comienza cuando la vida más vulnerable deja de importarle al mundo.”
— Hannah Arendt
Digamos con firmeza:
¡¡¡NO A LA GUERRA!!!
Silvia Kargodorian
silviakargodorian@gmail.com
Doctoranda en Filosofía
Universidad Nacional de Lanús - Buenos Aires
Docente: Universidad de la Marina Mercante
Universidad Nacional de Avellaneda
Facultad Lalangue (Francia)