La crisis humanitaria de Artsaj analizada en la Universidad Complutense de Madrid

El 14 de enero se realizó en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) la conferencia “Artsaj: retos de una crisis humanitaria”, una actividad académica que puso el foco en la situación de la población armenia desplazada tras los acontecimientos de 2023 en Nagorno Karabaj (Artsaj).
El encuentro tuvo lugar en el Salón de Grados de la Facultad de Geografía e Historia y contó con la exposición del procurador argentino Emilio Alberto Salvatierra, voluntario de Cascos Blancos en la misión humanitaria en Armenia durante ese año.
Salvatierra, que tiene formación de posgrado en genocidio y crímenes de lesa humanidad, desarrolló un análisis centrado en los desafíos humanitarios actuales del Cáucaso Sur y en la necesidad de interpelar tanto al ámbito universitario como a la sociedad civil frente a una crisis que, advirtió, corre el riesgo de quedar relegada en la agenda internacional.
Uno de los ejes centrales de la conferencia fue el paralelismo histórico entre el Genocidio Armenio de 1915 y los hechos ocurridos en Artsaj en 2023. El expositor describió cómo se repite, en ambos casos, un mismo patrón: la construcción del armenio como “otredad negativa”, su deshumanización mediante discursos oficiales y su posterior sometimiento a políticas de expulsión y destrucción. En ese marco, señaló que el régimen azerbaiyano institucionalizó una retórica de odio que presentó a los armenios como una amenaza biológica o territorial.
Otro punto abordado fue el uso del hambre como arma de guerra. Salvatierra comparó las caravanas de deportación hacia el desierto de Deir ez-Zor durante el Imperio Otomano con el bloqueo de nueve meses del corredor de Lachín, que entre 2022 y 2023 aisló completamente a la población de Artsaj, privándola de alimentos, medicamentos, energía y servicios básicos. Definió ese cerco como “un asedio medieval con tecnología del siglo XXI”.
La conferencia también analizó el rol regional de Turquía y el ideario panturquista, recordando que durante la guerra de 2020 y los hechos posteriores Ankara brindó respaldo político y militar directo a Azerbaiyán bajo el lema “dos Estados, una sola nación”. A ello sumó una reflexión sobre la indiferencia internacional y la lógica de la realpolitik: “así como en 1915 las potencias estaban absorbidas por la Primera Guerra Mundial, hoy la pandemia, la guerra en Ucrania y la dependencia energética europea del gas azerbaiyano contribuyeron a un silencio funcional frente a la limpieza étnica”, dijo.
“Lo ocurrido en Artsaj no es un conflicto territorial más, sino el capítulo final de un proceso iniciado hace más de un siglo”, afirmó, al subrayar que cambiaron las herramientas (de las bayonetas a los drones) pero no la ideología de eliminación ni la pasividad del mundo.
Durante el encuentro se destacó además el papel de las universidades como espacios para visibilizar violaciones graves a los derechos humanos y promover una formación crítica sobre los crímenes de lesa humanidad. En ese sentido, se valoró el trabajo de la Cátedra de Estudios Armenios de la UCM y el compromiso de su comunidad académica con el abordaje sistemático de estos temas.
Culminando su exposición, Salvatierra agradeció la invitación de la cátedra y dedicó la conferencia a la memoria de los más de 120.000 armenios forzados al exilio en 2023, con una mención especial a los miles de niños que vieron truncada su infancia por la violencia. “No vengo a transmitir, vengo a construir colectivamente sobre la base de valores universales de dignidad humana, solidaridad y compromiso”, señaló, al definir su intervención como un intento de dar voz a quienes, una vez más, no fueron escuchados por la comunidad internacional.

Cabe recordar que Salvatierra participó en 2023 como voluntario de la Comisión Cascos Blancos en la misión humanitaria argentina que entregó once toneladas de ayuda a familias desplazadas de Artsaj en distintas ciudades de Armenia, en el marco de una colecta organizada por instituciones de la comunidad armenia en la Argentina y coordinada por IARA.
En diálogo con Diario ARMENIA, describió aquella experiencia como “emocionalmente muy difícil” y señaló que el contacto directo con los refugiados lo enfrentó a una continuidad histórica dolorosa. “Fue imposible no vincular sus historias con las de 1915. Más allá de la ayuda material, lo que estas personas necesitan es ser escuchadas y saber que no están solas”, expresó. También remarcó el impacto que le produjeron los testimonios de los niños desplazados: “ponerle rostro al dolor cambia todo”.