Némesis: de la justicia divina a la creación artística

27 de julio de 2026

Una frase del texto de Nancy Issa (escritora y responsable de la puesta en escena de la obra Némesis) interpela la obra y se sostiene latente en su transcurrir ante el espectador: ¿Victoria de la cruz o deshonor? Cuando se narra que uno de los máximos ideadores del genocidio contra los armenios es ajusticiado y en sus últimos momentos de vida yace en un sitio del que no se le permite retirar la cruz, la pregunta aparece cuestionando la Operación Némesis en su conjunto. Los justicieros que vengaron en mano propia a millones de armenios, ¿se consagraron en una victoria ante la cruz o, al contrario, la deshonraron?

Esos héroes, mártires por excelencia (Soghomón Tehlirian, Aram Yerganian, Misak Torlakian, entre otros ejecutores de la Operación Especial), hicieron justicia por su cuenta sobre las atrocidades que habían sufrido sus familias, su gente, y ante la falta de justicia internacional.

El pueblo armenio tiene su propio alfabeto creado poco tiempo después de la emergencia del cristianismo, y es con ese alfabeto con el que redactó su propia Biblia. Decimos “propia” porque las características singulares de una lengua dan por resultado una interpretación particular de todo texto, incluido el Bíblico. Sumado a esto, el influjo apostólico no fue el mismo en el caso de la Iglesia Armenia que en el caso de la Iglesia Católica. Estas divergencias, ¿podrían traducirse y reflejarse en el comportamiento de los héroes de Némesis? La influencia griega es, para los armenios, ineludible. La Operación Especial lo demostró sin vueltas. Se tomó por referencia a Némesis, diosa griega de la justicia retributiva y la venganza. Acaso por un saber que trasciende la conciencia, esta obra hace presente, en más de una escena, la figura de una madre, vestida de un blanco angelical, que le pone voz al sufrimiento de su familia, al dolor ante los crímenes que la despojaron violentamente de lo más valioso que tenía, solo por pertenecer a un grupo que se mantenía fiel a sus ideales, creencias religiosas y convicciones culturales; un grupo que se mantenía fiel a su lengua, ésa que se había creado a la par de los textos Bíblicos o, más bien, con el fin de poseer el propio.

El héroe que la obra explora, Aram Yerganian, atormentado y convencido por esa voz de la madre aparecida en sueños, lleva a cabo el acto de venganza. Ese sueño era la más fidedigna realidad que vivía en su casa tras los crímenes que había sufrido su grupo, que había perdido 85 personas en las matanzas. Se gestaba, en esas casas de los jóvenes de la Federación Revolucionaria Armenia, un intelecto que no aceptaba la resignación en la injusticia, que buscaba justicia incluso traicionando los principios básicos de las Sagradas Escrituras y de la interpretación Bíblica del cristianismo. Un acto de ironía que vengaba, traicionaba y hacía honor en el mismo hecho. Disparos sin error contra los genocidas dando muerte inmediata. Se dejarán tomar por la policía. Se conocerán sus nombres. Se conocerá, también, el nombre de la Federación Revolucionaria Armenia a la que pertenecían (Tashnagtsutiún).

En el plazo de dos años (1920 a 1922), se planea y ejecuta la muerte de ocho principales ideadores de las masacres cometidas y de dos traidores armenios. Ni familiares, ni amigos, ni personas cercanas tenían que ser alcanzadas por las balas precisas de los justicieros. Con estos actos, ¿se desobedecen las enseñanzas cristinas o se las honran? ¿Se hace caso omiso de la esperanza de justicia divina o se gana terreno en ella? Interpretación singular, la de estos armenios, sobre las enseñanzas jesuitas.

Sin dudas, en esta Operación (también en la teatral), estos armenios muestran la vigencia de su antigüedad, aquella Ley del Talión presente en las Sagradas Escrituras anteriores a Jesucristo, influyente en la pasada región Mesopotámica y aún hoy en los más candentes debates sociales.

El valor de acto logrado de la Operación Especial Némesis es evidente por el efecto que tiene a nivel mundial el juicio a Soghomon Tehlirian (asesino de Talaat Pasha) en Berlín. Se absuelve a Tehlirian declarándolo insano temporal, tras escuchar las atrocidades que él relata, las que había sufrido su familia. El juicio no solo expone los crímenes que habían quedado sin justicia (tras la huida de los ideadores de la masacre del Imperio Otomano) sino que fue catalizador para que el jurista Raphael Lemkin dedicara su vida a tipificar este tipo de crímenes y acuñara, por primera vez, la palabra genocidio.

La pieza Némesis tiene un carácter repetitivo en su transcurrir. El mismo estilo insistente que se hace notar en los armenios en cuanto al pedido de justicia y reconocimiento por parte de los Estados y Organismos internacionales. El estilo que da cuenta de que el reconocimiento por parte del Estado que cometió los crímenes, la justicia simbólica es la que -faltando- se presenta de manera real en la Operación Némesis y en la obra de arte que la representa. Es la que subyace, latente, negada, en los pasajes al acto de tiro al blanco sobre la cabeza de los genocidas. Si no hubo una justicia simbólica, hubo otra, real. ¿Cuál es la divina? Es un dilema. Si unos insisten con la primera, otros optan por encontrar, en esas manos que disparan, la de Dios.

A su manera, el arte también realiza justicia. Creemos que eso vino a demostrar, desde Canadá a la Argentina, ida y vuelta, un vector que refuerza las redes armenias. En manos de la artista que escribe, que dirige la pieza teatral y por quienes la representan en el escenario (y en los videos). Con una lengua vigente y las traducciones que le han permitido sobrevivir en otros países, la justicia encuentra su expresión sublime en la creación artística.

Carolina Saylancioglu
Julio de 2026

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