Hakob Melkumyan, el comandante armenio que llevó a Enver Pashá hasta su final

El 4 de agosto de 1922, en las montañas del actual Tayikistán, cayó asesinado Ismail Enver, uno de los principales responsables políticos y militares del Genocidio Armenio.
Había escapado del Imperio otomano después de la derrota en la Primera Guerra Mundial y se había refugiado en Alemania. Pasó por Moscú y finalmente llegó a Asia Central, donde intentó ponerse al frente de una rebelión y retomar su proyecto panturquista.
Las fuerzas que lo derrotaron estaban comandadas por un armenio nacido cerca de Shushí: Hakob Arshaki Melkumyan, conocido en el Ejército Rojo como Yakov Arkadievich Melkumov.
Más de un siglo después, la figura de Enver continúa siendo reivindicada por quienes sostienen políticas de violencia contra los armenios. Durante la guerra de los 44 días contra Artsaj, en 2020, circuló la imagen de una insignia militar azerbaiyana con su retrato y una inscripción dirigida a los armenios: “Armenio, no corras. De todos modos morirás, pero agotado”. El parche llevaba también las banderas de Turquía y Azerbaiyán y las siglas EOD, utilizadas por las unidades especializadas en desactivación de explosivos.

Su imagen volvía así a convertirse en emblema durante una guerra contra los armenios, cien años después del Genocidio. En 2025, Azerbaiyán también dio el nombre de Enver Pashá a una calle de Stepanakert, la capital de Artsaj ocupada y vaciada de su población armenia.
Carlos Boyadjian reconstruyó ese episodio en una nota publicada por Diario ARMENIA y recordó que Enver había muerto durante una operación dirigida por Melkumyan. En torno de sus últimos momentos existen distintas versiones, pero todas ubican a Hakob Melkumyan y a sus hombres en el centro del desenlace.
Melkumyan nació el 24 de diciembre de 1885 en Kherkhan, una aldea del distrito de Shushí. Después de la muerte de su padre se trasladó con su madre a Ashgabat, también en Artsaj, donde vivía un tío suyo. Allí aprendió turcomano y se convirtió en un hábil jinete.
En 1907 ingresó al Ejército Imperial ruso y luego estudió en la Escuela de Caballería Nikoláiev de San Petersburgo. Durante la Primera Guerra Mundial comandó una unidad de ametralladoras de la Cuarta División de Caballería. Después de la Revolución rusa se incorporó al Ejército Rojo y desarrolló gran parte de su carrera en Asia Central.
En 1920 asumió el mando de una brigada de caballería de la División de Turquestán. Participó en la toma de Bujará y en las campañas contra el movimiento basmachí, integrado por distintos grupos que resistían el avance del poder soviético en la región.

Enver llegó a Asia Central en 1921. Al principio había ofrecido sus servicios a los bolcheviques, pero luego cambió de bando y se puso al frente de una parte de los basmachíes. Además de combatir al poder soviético pretendía reconstruir, desde las ruinas del Imperio otomano, un proyecto que uniera a los pueblos túrquicos desde Anatolia hasta Asia Central.
Había sido, junto con Talaat y Djemal, uno de los tres hombres que gobernaron el Imperio otomano durante la Primera Guerra Mundial y organizaron el exterminio de la población armenia. También había impulsado campañas militares en el Cáucaso y respaldado el avance del Ejército Islámico sobre Bakú y Karabaj en 1918.

el Genocidio Armenio
El periodista e investigador francés Jacques Derogy dedicó al destino de Enver uno de los capítulos de su libro sobre la Operación Némesis. Lo tituló “Enver: esa noche en Samarkanda”. Aunque el exministro otomano no integró la lista de los ajusticiados por la operación, su suerte quedó vinculada a la historia de los principales responsables del Genocidio perseguidos después de la guerra.
Hakob Melkumyan no perteneció a la estructura de la Operación Némesis ni recibió de sus organizadores la misión de ajusticiar a Enver. La historia, sin embargo, terminó colocando al antiguo ministro otomano frente a este comandante armenio que conocía perfectamente quién era y qué crímenes llevaba sobre sus espaldas.
En el verano de 1922, la brigada comandada por Melkumyan recibió la misión de atacar a sus fuerzas. De acuerdo con un relato atribuido al propio militar armenio, Enver disponía de alrededor de 17.000 jinetes, mientras que Melkumyan contaba con 1.500 hombres de caballería y 800 soldados de infantería.
Según las conversaciones recogidas por el escritor Hayk Hayrapetyan, Melkumyan decidió lanzar un ataque al amanecer, protegido por una espesa niebla. Cuando comenzó a despejarse, sus hombres divisaron la tienda de Enver, identificada por una bandera verde con una medialuna dorada.
En medio de los preparativos llegó una orden del mando soviético: Enver debía ser capturado con vida. Melkumyan habría llamado entonces a su jefe de inteligencia y le habría dicho en armenio: “A Enver lo necesito solamente muerto”.
La artillería abrió fuego y quebró la resistencia de sus tropas. De acuerdo con el mismo relato, Enver abandonó el lugar descalzo y sin su túnica y huyó hacia las montañas. “No escaparás, sanguinario: sobre tu conciencia está la sangre de mi pueblo”, habría expresado Melkumyan al ordenar la persecución. Sus hombres avanzaron durante unos 25 kilómetros hasta Chagan. Allí, el 4 de agosto de 1922, murió quien pocos años antes había sido uno de los hombres más poderosos del Imperio otomano.
Las versiones difieren sobre lo ocurrido en los últimos minutos. Una de ellas sostiene que Enver cayó bajo fuego de ametralladora cerca de una mezquita. Otra afirma que Melkumyan lo mató personalmente con su sable.
Un artículo publicado en 2021 por el diario armenio Hayastaní Hanrapetutyun aseguró que el comandante había declarado con orgullo haber acabado él mismo con Enver. La publicación no precisó de dónde provenía esa declaración. El relato transmitido por Hayk Hayrapetyan, por su parte, le atribuye a Melkumyan la decisión de no capturarlo vivo, pero no permite reconstruir con certeza quién produjo la herida final.
Tampoco existe respaldo suficiente para afirmar que Enver imploró por su vida. Sí está documentado que murió durante la operación dirigida por Melkumyan y que el comandante armenio recibió su segunda Orden de la Bandera Roja por la derrota de sus fuerzas.
Según el relato atribuido a Melkumyan, sus hombres no habían matado al autoproclamado comandante de los ejércitos del islam, sino “simplemente al verdugo Enver”. El militar conservó su sello personal y entregó a las autoridades su Corán y una túnica bordada en oro.

continuó su carrera en el Ejército Rojo, pero años después fue alcanzado por las purgas stalinistas. En noviembre de 1937 fue detenido y acusado de participar en una supuesta organización antisoviética. En 1940 recibió una condena a muerte, luego conmutada por quince años de prisión y otros cinco de privación de derechos civiles.
Después de la muerte de Stalin, recuperó la libertad en 1954 y fue rehabilitado al año siguiente. Le restituyeron su rango de general de división y sus condecoraciones. En 1960 publicó sus memorias, Turkestantsy. Murió en Moscú el 3 de julio de 1962 y fue enterrado en el cementerio Novodévichi.

Hoy Enver Pashá aparece en insignias militares azerbaiyanas y su nombre fue impuesto a una calle de Stepanakert. Pero el hombre utilizado para amenazar a los armenios terminó sus días huyendo por las montañas de Asia Central, perseguido por una brigada al mando de un armenio nacido en Artsaj.