Comunicado de la FRA de Sudamérica: “Debilitar a la diáspora no fortalece a Armenia; debilita a la nación toda”

19 de agosto de 2026

La Federación Revolucionaria Armenia “Tashnagtsutiún” de Sudamérica repudia enérgicamente las declaraciones del diputado oficialista Arman Yeghoyan, quien afirmó que “cuanto más fuerte sea la Diáspora, más débil será Armenia”.

La primera falsedad está en la propia disyuntiva. Porque Armenia y la Diáspora, más que realidades contrapuestas, son partes de una misma Nación. Su fortalecimiento no constituye un juego de suma cero, ya que una Armenia fuerte necesita de una Diáspora fuerte, y viceversa. La circulación de personas, capacidades, recursos, conocimientos y compromiso entre ambas puede y debe contribuir al engrandecimiento de la Nación Armenia en su conjunto.

La Diáspora no es producto de una decisión política ni una anomalía que deba desaparecer. En buena medida, es consecuencia del Genocidio Armenio, de las deportaciones y del desarraigo. Pero también es el resultado de más de un siglo de organización, resistencia y construcción colectiva. Allí donde los armenios fuimos dispersados, levantamos escuelas, iglesias, clubes y organizaciones culturales, sociales y políticas; preservamos nuestra identidad y mantuvimos viva la Causa Armenia.

Esa realidad no pertenece únicamente al pasado. El desplazamiento forzado de la población armenia de Artsaj, y de nuestras comunidades en Oriente Medio, incorporó a decenas de miles de compatriotas a un nuevo mapa de dispersión. La Diáspora armenia continúa creciendo, transformándose y creando nuevas formas de organización, pertenencia y compromiso con la armenidad.

Mientras Armenia atraviesa un grave retroceso territorial y demográfico, resulta absurdo presentar el debilitamiento de sus comunidades en el exterior como una solución. El fortalecimiento nacional no puede construirse reduciendo el territorio y la población, renunciando a los derechos de los armenios de Artsaj ni debilitando los espacios en los que la identidad armenia se preserva, se reproduce y se proyecta hacia las generaciones futuras.

Por eso resulta de una gravedad inusitada que desde el oficialismo, que hoy gobierna la República de Armenia, se pretenda presentar el debilitamiento de la Diáspora como una condición casi sine qua non para el fortalecimiento del Estado.

No existen antecedentes semejantes en la historia reciente de la República de Armenia. Durante décadas, quienes buscaron debilitar, dividir, silenciar o desarticular a la Diáspora fueron precisamente aquellos Estados que procuraron borrar las consecuencias del Genocidio, negar nuestros derechos y clausurar nuestros reclamos históricos: Turquía y Azerbaiyán.

Las diferencias políticas son legítimas y forman parte de cualquier sociedad democrática. Pero otra cosa muy distinta es trasladar esas diferencias al terreno de la identidad nacional, erosionar los vínculos entre Armenia y la Diáspora, relativizar los reclamos de justicia construidos durante generaciones o convertir a una parte de nuestro pueblo en adversaria de la otra.

Enfrentar a Armenia con su Diáspora, debilitar sus instituciones y apartarla de las decisiones fundamentales para el futuro nacional no responde a ningún interés armenio. Es la división que Turquía ha promovido durante décadas y que Azerbaiyán procura profundizar.

Ese camino sólo beneficia a quienes históricamente buscaron fragmentar a la Nación Armenia. Debilitar a la Diáspora no fortalece a Armenia; debilita a la nación toda.

Los gobiernos, aun los antinacionales, pasan. La Nación permanece.

Y sobre esto debemos ser inequívocos: con la unidad de la Nación Armenia no se juega.

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