Papkén Siuní: un golpe al corazón del Imperio

30 de agosto de 2026
El Banco Otomano en Estambul. Imagen de fin del siglo XlX

El 14 de agosto de 1896, un grupo de militantes de la Federación Revolucionaria Armenia ocupó y tomó el Banco Otomano en Constantinopla. La operación quedó asociada desde entonces al nombre de quien la había concebido y debía dirigirla, Papkén Siuní (Բաբգէն Սիւնի), nombre revolucionario de Bedrós Parian (Պետրոս Փարեան). Tenía 23 años y murió en los primeros minutos del asalto.

Su vida fue breve, pero transcurrió en uno de los períodos más intensos del movimiento revolucionario armenio. Papkén perteneció a una generación formada mientras las reformas reclamadas para las provincias armenias permanecían (regiones/vilayetos) incumplidas y las matanzas hamidianas se extendían por el Imperio. En ese contexto, una parte del movimiento nacional comenzó a plantearse cómo responder a la violencia y, al mismo tiempo, cómo obligar a las potencias europeas a intervenir en una Cuestión Armenia que ya formaba parte de la agenda internacional.

Papken Siuní, líder de la toma del Banco Otomano en 1896

De Agën a Constantinopla

Bedrós Parian nació en 1873 en Penga, en la ciudad de Agën (vilayeto de Jarpert). Estudió en el Guetronagán Varyarán de Constantinopla y luego fue uno de los militantes formados por Hovhannés Yousoufian hasta llegar a integrar el Comité Central de la FRA-Tashnagtsutiún de Constantinopla.

El profesor y escritor Hampig Bilalian, en sus investigaciones sobre Siuní y el Banco Otomano, agrega que Papkén provenía de una familia pobre y destaca su dedicación al estudio y al trabajo. Sitúa su formación política bajo la influencia directa de Yousoufian y Arshag Vramian, representantes del Buró de la FRA, y atribuye a ese período el desarrollo de las capacidades organizativas por las que Papkén comenzó a destacarse.

Su actividad no se limitaba a las acciones armadas. Las fuentes lo muestran realizando trabajo político y organizativo, preparando militantes y participando en el aprovisionamiento y traslado clandestino de armas y explosivos. Bilalian subraya especialmente este último aspecto, que en una Constantinopla vigilada por la policía, con informantes y agentes que seguían los movimientos de los revolucionarios, Papkén logró sostener buena parte de la infraestructura necesaria para las operaciones clandestinas.

Cuando comenzó a discutirse una acción de gran escala en la capital otomana, era ya un cuadro del Comité Central y contaba con la confianza suficiente para concebir el plan y recibir su conducción.

Fila superior, tercero desde la derecha, Papkén Siuní en la fotografía de su promoción de 1893. El segundo desde la izquierda, en la misma fila, es el reconocido lingüista armenio
Hrachia Adjarian.

De las matanzas al Banco Otomano

El proyecto surgió en el contexto de las matanzas hamidianas de 1894-1896. El historiador y periodista Asbed Mandjiguián ubica la decisión después de la resistencia de Sasún de 1894, la insurrección de Zeitún de 1895 y la resistencia de Van de 1896. Según su análisis, junto con la organización de la autodefensa comenzó a plantearse dentro del movimiento revolucionario la necesidad de pasar también a acciones ofensivas.

Asimismo, el analista Aharón Shëjërdëmian insiste en que el episodio debe comprenderse desde las reivindicaciones concretas de aquel momento. El reclamo inmediato no era la independencia de Armenia, sino la aplicación efectiva de las reformas para las provincias armenias, vinculadas con el artículo 61 del Tratado de Berlín de 1878. Se exigían garantías para la vida, los bienes y los derechos de una población sometida a violencia y persecuciones.

La cuestión estaba formalmente internacionalizada desde ese año (1878), pero las reformas no se aplicaban. Las potencias europeas utilizaban la situación armenia en sus relaciones con Constantinopla, mientras sus propios intereses estratégicos dificultaban una acción conjunta contra el gobierno del sultán.

La elección tenía una lógica precisa. Mandjiguián afirma que el Banco constituía uno de los principales centros financieros del Imperio y un núcleo fundamental de los capitales y operaciones europeas en Oriente, particularmente franceses y británicos. La idea era afectar en Constantinopla un interés que involucraba simultáneamente al gobierno otomano y a las potencias que no habían conseguido imponer las reformas.

Tatul Hagopian, un historiador de nuestros tiempos, sintetiza el objetivo de la operación como el intento de atraer la atención de los países europeos sobre la Cuestión Armenia y dichas reformas. Bilalian formula la estrategia en términos todavía más concretos afirmando que Papkén pretendía golpear los intereses financieros y bancarios europeos para colocar las matanzas y las reformas incumplidas bajo una presión internacional que las declaraciones diplomáticas no habían logrado.

El plan

La idea fue discutida por el Comité Central de la FRA de Constantinopla y el Buró de la FRA. Según Bilalian, basándose en las memorias de Armen Garó, Vramian, como representante del Buró, colaboró directamente en los preparativos.

El proyecto era considerablemente más amplio que la ocupación del edificio. Manjikián explica que Papkén había previsto unos setenta y cinco participantes distribuidos en distintos grupos. El principal ocuparía el banco. Otros actuarían simultáneamente en barrios de la ciudad capital, especialmente en Samatia, donde se encontraba un importante cuartel y desde donde podían movilizarse fuerzas contra los ocupantes. Un tercer componente se encargaría de transmitir las demandas a las embajadas y mantener las comunicaciones necesarias para la negociación.

En Samatia participarían, entre otros, Jachig Knuní, Ardashés Antreasian y Ardashés Misakian. El objetivo era dificultar la concentración de fuerzas otomanas sobre el Banco mientras el núcleo principal mantenía el edificio.

La preparación se desarrolló durante meses. Bilalian, nuevamente a partir de Ապրուած օրեր (Días vividos) de Armen Garó, destaca el papel de Papkén en la obtención y el traslado de armas y explosivos bajo la vigilancia policial. Armen Garó y Hrach Tiriakian, entonces estudiantes en Ginebra, fueron convocados a Constantinopla para participar de la acción.

El número inicialmente previsto se redujo drásticamente. Mandjiguián habla de setenta y cinco personas en el proyecto y de veintiséis que finalmente se presentaron el 14 de agosto. Otras fuentes hablan de alrededor de treinta. Papkén decidió continuar con las fuerzas que estaban a disposición.

Las exigencias

Los revolucionarios no pretendían apoderarse del dinero del banco. Shëjërdëmian reproduce el documento en el que formularon sus condiciones. Entre ellas figuraban una garantía internacional para la seguridad de vidas y bienes en todo el país; la designación para Armenia Occidental de un gobernador europeo elegido por las seis potencias, con facultades para designar a los administradores locales; garantías para quienes participaban de la ocupación; y el compromiso de que no se utilizara la fuerza contra ellos.

En el documento también aclaraban que no se llevarían nada del banco; que no habían venido a eso. Que si las demandas no eran atendidas, sí destruirían los activos y documentos y morirían junto con los empleados.

La justificación que acompañaba esas exigencias es particularmente importante para comprender cómo los propios protagonistas interpretaban la operación: «Մենք ստիպուած ենք այս ծայրայեղ միջոցները գործածել: Մարդկութեան ոճրագործ անտարբերութիւնն է, որ մղած է մեզ դէպի այս ծայրայեղութիւնը» («Nos vemos obligados a recurrir a estas medidas extremas. Es la criminal indiferencia de la humanidad la que nos ha empujado a este extremo»).

Ellos sostenían que Europa conocía la situación y elegía no actuar. Lo mismo que decía Tyójk. Hrair había advertido que Europa no acudiría por sí sola en auxilio del pueblo armenio y que la emancipación debía apoyarse, ante todo, en la organización y la fuerza propias. Papkén Siuní, Armén Garó y otros enguerner ensayaron una alternativa que incluía golpear los intereses europeos para obligarlos a intervenir. Y sucedió lo mismo. Aram Manuguian repitió el razonamiento en 1918. Y nosotros lo repetimos hoy también, viendo lo que sucedió con Artsaj.

14 de agosto de 1896

Alrededor del mediodía del 14 de agosto comenzó la operación. Papkén encabezó el grupo que ingresó al banco. Los guardias de la entrada opusieron resistencia y se produjo un intercambio de disparos. Allí ocurrió el episodio que modificó inmediatamente todo el plan. Papkén fue alcanzado y una de las granadas que llevaba explotó. Murió en la entrada del edificio, prácticamente al comenzar la acción.

Armen Garó y Hrach Tiriakian asumieron entonces la conducción. Los revolucionarios consiguieron controlar el edificio y retuvieron a unos 150 trabajadores. Shëjërdëmian menciona 157 personas, 120 de ellas extranjeras. La importancia de este dato radica también en que una parte considerable de quienes estaban dentro del banco pertenecía precisamente a los países cuya intervención se buscaba provocar.

Simultáneamente comenzaron las acciones previstas en otros puntos de Constantinopla. En Samatia, los grupos encabezados por Knuní y sus compañeros quedaron cercados. Las fuentes describen varias horas de combate y la muerte de los militantes que participaron allí.

Mientras tanto, dentro del banco comenzaron las negociaciones. Maximov, intérprete principal de la embajada rusa, intervino en nombre de los representantes europeos. El director del banco, Sir Edgar Vincent, participó también en las gestiones ante el gobierno otomano.

Las fuentes difieren sobre la duración exacta de la operación y hablan de entre trece y dieciocho horas. Finalmente, Maximov aseguró que las potencias intervendrían ante el Sultán en favor de las reformas y obtuvo garantías para que los revolucionarios pudieran abandonar el Imperio.

Integrantes de la operación que, por salvoconducto,
viajaron al exilio hacia Marsella.

En la mañana siguiente, los sobrevivientes salieron del banco conservando sus armas y fueron trasladados en un buque francés hacia Marsella. Hay fuentes que indican que quince de ellos luego llegaron a Buenos Aires.

Las reformas prometidas, como bien sabemos, no se realizaron.

Constantinopla después del Banco

Durante aquellas mismas horas se produjo una nueva matanza de armenios en Constantinopla. La relación entre ambos acontecimientos fue posteriormente objeto de discusión. Una interpretación atribuyó la violencia a la reacción provocada por la ocupación. Sin embargo, las fuentes recogidas por Mandjiguián y Shëjërdëmian aportan elementos para una explicación más compleja.

El primero sostiene que antes del asalto ya habían sido concentrados grupos destinados a participar de las matanzas, que se habían establecido mecanismos para identificarlos y que incluso se habían preparado carros para retirar cadáveres. Según esta interpretación, el gobierno otomano utilizó la toma del Banco como excusa para ejecutar una operación represiva previamente organizada.

Shëjërdëmian recurre a una fuente diplomática contemporánea. Cita los informes enviados por Jean de La Boulinière, encargado de negocios de Francia en Constantinopla, al Ministerio de Asuntos Exteriores francés. El diplomático responsabilizaba a Abdul Hamid por la organización de las matanzas y señalaba que los ataques contra los armenios habían comenzado antes de la ocupación del banco.

Por eso no resulta suficiente establecer una relación automática de causa y efecto. Al Sultán le sirvió discursivamente justificar la violencia e intensificar los crímenes que ya venía cometiendo.

Los alcances y los límites de la operación

La epopeya del Banco Otomano generó el impacto inmediato que Papkén buscaba. Es decir, una acción realizada por poco más de veinte jóvenes consiguió intervenir sobre uno de los centros financieros más importantes del Imperio, movilizar a las embajadas y convertir durante varias horas la Cuestión Armenia en un problema urgente para la diplomacia europea.

Ahora, ¿se puede leer un fracaso en términos de alcanzar el objetivo principal, que era la aplicación de las reformas? Se puede. Ahora también hay que considerar la correlación de fuerzas, el contexto, las posibilidades.

Ese resultado permite tener en cuenta también los límites de la estrategia. Hampig Bilalian, en una revisión crítica del episodio, reconoce las deficiencias organizativas, el componente de romanticismo revolucionario, los problemas vinculados con la elección del objetivo y, sobre todo, la confianza depositada en una intervención europea que no llegó a producir los resultados esperados. Al mismo tiempo, plantea que la operación debe ser juzgada dentro de las condiciones políticas y de las posibilidades concretas de su tiempo, y no exclusivamente con categorías o elementos de análisis posteriores.

Las propias memorias de Armen Garó permiten, sin embargo, observar el desencanto posterior. Como recupera Bilalian, los ocupantes comprobaron que la mediación europea permitió resolver la crisis del Banco, pero no modificó sustancialmente la situación que había llevado a la operación.

En uno de sus artículos publicados en Aztag, Hagop Urhaietsí reflexiona sobre el episodio y propone precisamente una reevaluación. Para él, es necesario identificar un dato político central y es que una organización fundada apenas seis años antes había conseguido realizar en la capital otomana una acción dirigida contra uno de los centros del capital europeo, para llamar la atención sobre la situación de los armenios y el incumplimiento de las reformas. Obligaron al adversario y a las potencias a incorporar un problema a su agenda.

Un golpe al corazón del Imperio

Papkén no llegó a ver nada de aquello. Murió cuando la operación que había preparado durante meses apenas comenzaba. Antes hubo formación política, actividad clandestina, preparación de militantes, traslado de armas, construcción organizativa y, finalmente, la elaboración de un plan que respondía.

Conscientemente buscaba y buscaron producir un efecto político desproporcionado respecto de la fuerza material disponible. En una de las canciones más entonadas para transmitir la historia se decía (y seguimos cantando) simplemente:

«Պանք Օթոման գրաւած է Դաշնակցութեան կոմիտէն»
(«El Comité del Tashnagtsutiún ha ocupado el Banco Otomano»).

La noticia fue, en sí misma, parte de la operación. La muerte de Papkén no cerró su historia. Su figura quedó unida para siempre al Banco Otomano y pasó muy pronto de la crónica revolucionaria a la memoria popular. «Բաբգէն Սիւնիի Երգը» (La canción de Papkén Siuní) convirtió aquella jornada en relato transmitido de generación en generación. El centro de la canción es Papkén: «Հոն զոհուեցաւ Բաբգէն Սիւնի / Դաշնակցական վեհ հսկան» («Allí cayó Papkén Siuní, el gran gigante del Tashnagtsutiún»).

Tatul Hagopian va a decir que aquellos enguerner colocaron nuevamente la Cuestión Armenia y las reformas en agenda. El golpe consiguió que las potencias reaccionaran, más no garantizó que cumplieran con las reformas. El Banco fue evacuado, los intereses europeos quedaron a salvo y la situación de los armenios no cambió. Pero durante unas horas, un grupo reducido de jóvenes había logrado llevar la cuestión que atravesaba las provincias armenias hasta el centro financiero de Constantinopla. Ese fue el sentido político del plan concebido por Papkén Siuní. Golpeó el corazón del Imperio para hacer imposible, aunque fuera por unas horas, mirar hacia otro lado.

Agustín Analian

Բաբգէն Սիւնիի Երգը
(Պանք Օթոման)

Պանք Օթոման գրաւած է
Դաշնակցական կոմիտէն,
Նրա մէջը լեցուցած է
Պայթիչ,խորտակիչ ռումբով։

Ամէն հայ քաջ սպասում էր
Այն սիրելի րոպէին,
Թէ ե՞՚րբ պիտի նետուի ռումբը
Որ խորտակուի թշնամին։

Ահա ինկաւ պատուհանէն,
Մի կլորիկ ղումպարա,
Հոն սարսեցաւ Սուլթան Համիտ
Եւ իր վատ Իզզէթ փաշան։

Երբ այս լուրը Համիտ լսեց
Քովը կանչեց Նազըմը,
Գնա՛ ըսաւ, հանդարտեցո՛ւր,
Այդ խռովեալ հայերը։

Պանք Օթօման զետեղուած է
Բաբգէն Սիւնի հարկին տակ.
Հոն զոհուեցաւ Բաբգէն Սիւնի
Դաշնակցական վեհ հսկան։

Սորա անունը սարսեցուց
Հարիւր հազար միւսլիման,
Սոցա Սուլթան Համիտ կոչուած
Անգութ ազգին խալիֆան

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